Dime con quién andas y te diré quién eres. De Roberto Rubio

El gobierno de Venezuela retiró el escaso maquillaje que le quedaba en su horrendo rostro.

Roberto Rubio, 10 abril 2017 / LPG

Finalmente, el gobierno de Venezuela retiró el escaso maquillaje que le quedaba en su horrendo rostro. Ahora ya se quitó del todo la máscara y terminó su mascarada democrática. No solo ha fracasado en esconder la realidad sino también las apariencias.

No se pueden esconder las realidades donde el Rey Midas actúa al revés: la riqueza la transforma en pobreza. Esta habilidad de convertir la inmensa fortuna en postración del aparato productivo, en agudos desabastecimientos de alimentos, artículos domésticos, medicinas, e incluso paradójicamente de gasolina, no la tiene cualquier mortal. No cualquier humano es capaz de inmortalizar la incapacidad y hacer de la estupidez un monumento, como lo han hecho los gobiernos chavistas.

Cuando esa habilidad es manifiesta, y la realidad se revela contundente, las culpas al otro de los problemas existentes, la conspiración imperialista y/o de la derecha oligárquica, la intervención malévola del Deux ex Machina, pierden credibilidad y fuerza explicativa. La incapacidad y el retardo político mental se vuelven cristalinos.

Cuando el deterioro de la realidad es imparable, ni el juego de las apariencias funciona. Las apariencias democráticas son poco a poco abandonadas hasta quedar al desnudo la verdadera naturaleza tiránica. Los disfraces políticos ya no engañan, el descontento popular y el creciente aislamiento ya no se pueden contener, y en consecuencia, hay que maximizar las medidas autoritarias.

Dentro de Venezuela, la naturaleza dictatorial del gobierno era ya evidente para una gran parte de pensadores, analistas, centros de pensamiento, ciudadanos comunes, etcétera, de distinto signo político. Ahora, fuera de Venezuela, esa naturaleza tiránica es evidente para la mayoría de gobiernos del continente americano, los de más peso político y económico. Casi todos ellos coinciden que se ha roto el régimen constitucional, y calificado las últimas medidas del gobierno como dictatoriales… menos un puñado de islas sin mayor peso político, y unos pocos países incondicionales del gobierno chavista, entre ellos, desgraciadamente El Salvador.

Pero más allá de las torpes declaraciones que más de un par de dirigentes del partido oficial han dicho en torno al tema (uno de ellos viendo la paja en el ojo del perro faldero ante Estados Unidos, sin ver la viga en el suyo ante el gobierno de Venezuela), y más allá de las serias consecuencias que pueden traer el deterioro de nuestras relaciones con el Gobierno y Congreso norteamericano en el contexto actual, es importante hacer algunos cuestionamientos.

Los que durante la guerra pedían injerencia del Congreso norteamericano para frenar la ayuda del Norte por las violaciones de los derechos humanos, ahora se rasgan las vestiduras por la supuesta injerencia extranjera en Venezuela… como lo hacen frente a la CICIES.

Los que protestaban contra la violencia estudiantil y la represión militar, ahora callan ante la represión de la guardia bolivariana hacia las manifestaciones estudiantiles. Los que con voz fuerte denunciaban la existencia de presos políticos, ahora ni pujan ante los existentes en Venezuela.

Los que criticaban la falta de libertad de expresión, ahora justifican el monopolio gubernamental de los medios de comunicación, así como el encarcelamiento de los que piensan distinto, como sucede con muchos venezolanos.

Los que antes criticaban la corrupción de los gobiernos militares y/o oligárquicos, como cierto alto funcionario de la transparencia, ahora toleran y encubren la de los propios, sea la existente en el país o la de gobiernos extranjeros untados de corrupción y narcotráfico.

Los que antes combatían la dictadura, ahora la defienden, sea por unos dólares más, o sea porque tienen unas neuronas de menos. Lo que antes era malo, ahora las mieles del poder lo endulzan de bondad.

En fin, si apoyas un gobierno como el venezolano, que representa todo aquello contra lo que se luchó antes de la guerra, si lo defiendes vergonzosamente en foros internacionales, si te casas por su dinero y/o sus ideas paleolíticas, si estás dispuesto a moverle la cola sin importar las consecuencias sobre nuestra economía y nuestros compatriotas en Estados Unidos, entonces podremos atrevernos a citar aquel conocido refrán: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

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