League El Salvador. De Erika Saldaña

League se ha convertido en un tubo de movilidad social para sus empleados, pues personas pobres, sin esperanza o humillados por distintas situaciones de la vida, ahora ven una luz al final del túnel y pueden crearse un plan de vida distinto.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 10 abril 2017 / EDH

“A mí trabajar en esta maquila me ha cambiado la vida y estoy agradecida por todo lo que hacen aquí por nosotros”, expresó una mujer en su testimonio; “yo creí que nunca nadie me daría una segunda oportunidad por ser expandillero y aquí me abrieron las puertas”, dijo un hombre tatuado y con la voz cortada; “siéntanse bienvenidos a esta empresa y gracias por querer conocer el proyecto”, manifestó un joven que no era el dueño sino un técnico en informática. Cuando varias personas se manifiestan de esa manera de una maquila, entidades símbolo de explotación laboral en casi todos los países del mundo, algo resulta extraño y llama mucho la atención.

Tuve la oportunidad de conocer el proyecto desarrollado por la empresa textil “League”, ubicada en el parque industrial American Park, en Ciudad Arce; los testimonios de las personas que trabajan ahí rompen completamente con el paradigma de empleados sin otro futuro más que vivir cosiendo prendas y cortando tela de manera indefinida. También deja a un lado el estereotipo de que las empresas únicamente piensan en bajar costos y multiplicar las ganancias para beneficio individual.

League es una empresa textilera que exporta prendas a universidades de Estados Unidos y Canadá. Cuenta con alrededor de cuatrocientos empleados y ha pasado de ser un pequeño proyecto a una empresa de considerable tamaño en menos de una década. Además de su crecimiento interno y externo, lo más admirable de League es el compromiso que su gerente general, el señor Roberto Bolaños, ha adquirido con los empleados de su empresa y la comunidad de Ciudad Arce.

Adentro de las instalaciones de la maquila cuentan con un área reservada para los trabajadores que, a la vez, son estudiantes universitarios de tres carreras técnicas; ahí reciben clases de lunes a jueves después de sus labores (con la cooperación de una Universidad privada) y los sábados se trasladan a San Salvador para recibir su formación en la sede de la universidad. Además, cuentan con un centro de cómputo donde diariamente todos los empleados reciben media hora de clase de inglés de forma obligatoria; han desarrollado diversos programas que benefician a todos los que trabajan ahí, tales como subsidios en la alimentación diaria, inclusión laboral de expandilleros y personas con alguna discapacidad, cooperativa de empleados, centro de desarrollo infantil para los niños, entre otros.

Todo lo anterior no sería posible sin la visión de un verdadero líder, un gerente general con calidad humana y creyente de tres cosas que me llamaron la atención: uno, la educación es la única forma que alguien tiene para salir adelante; dos, todas las personas merecen un incentivo para superarse o una segunda oportunidad en la vida; y tres, cada persona debe empezar cambiando su vida para luego cambiar a la sociedad. Con base en todos los incentivos que reciben sus empleados, que no necesariamente se trata de aumentos salariales directos o bonificaciones monetarias, han logrado hacer crecer la empresa en poco tiempo; esto es un vivo ejemplo de que las personas que se sienten parte de un proyecto son más productivas, hacen su trabajo de una mejor manera enfocadas en un fin común. Si la empresa crece, ellos también se ven beneficiados. League se ha convertido en un tubo de movilidad social para sus empleados, pues personas pobres, sin esperanza o humilladas por distintas situaciones de la vida, ahora ven una luz al final del túnel y pueden crearse un plan de vida distinto.

En League han aprendido a inculcar el deseo de que cada persona forme un proyecto de desarrollo propio y se guíe por un objetivo claro; la maquila no es el fin de desarrollo de nadie, sino que se trata de un trabajo temporal que de manera simultánea permitirá continuar con los estudios de bachillerato o universitarios. Los jóvenes dentro de la empresa tienen claro que trabajarán ahí durante dos años, mientras concluyen sus estudios; saben que pueden crecer laboralmente y tener una vida mejor.

Conocer este tipo de proyectos devuelve la esperanza en la humanidad; personalmente me llevé un mensaje valiosísimo: una persona tal vez no cambie el mundo ella sola, pero sí es capaz de impactar positivamente la vida de una o varias personas. Imitemos este esfuerzo.

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