Presidenciables. De Cristian Villalta

La falta de liderazgo que sufre El Salvador no se resuelve haciendo un casting.

Cristian Villalta, 9 abril 2017 / LPG

Esa es la diferencia entre los partidos y los intereses nacionales: los institutos políticos a la usanza cuscacriolla solo sirven para pelear elecciones y recibir donaciones de círculos insospechados. Si su utilidad fuese producir pensamiento, ser cronistas de un real empoderamiento ciudadano o discutir inteligentemente los temas urgentes de la agenda nacional, tendríamos de sus cúpulas contenido y no viruta.

No es casualidad que en una de las semanas más delicadas para el oficialismo, que incluyó su declaración de en impago y la transformación de la vida política de Óscar Ortiz en el show de Tres Patines, emerjan las diferencias entre el secretario general del FMLN y el candidato a alcalde de San Salvador. Y tampoco es casualidad que ese guion apasione más a un segmento importante de la ciudadanía, periodismo incluido, que el paralelo desarrollo de temas tan delicados para ese partido como el posible concurso de dineros calientes en la campaña 2009, o la naturaleza de los tratos entre el vicepresidente y Adán Salazar.

La reverencia que nuestra sociedad le ha profesado a políticos, funcionarios y diputados, alentada desde el mainstream, es difícil de tragar. A falta de farándula local, de grandes figuras deportivas y de realeza (aunque Elías Saca creyera lo contrario), tenemos a los zares de la izquierda y de la derecha hablando sobre todo lo que se mueve, inundando los espacios de opinión y contando chistes en la radio a la hora del desayuno. Y de entre esa tropa de personalidades, nada seduce más a los salvadoreños que escuchar a “los presidenciables”.

Quizá tenga que ver con que somos una sociedad de paternidades frágiles, o con cómo se reconstruyó el tejido económico y social después del despojo de los ejidos, o con que cada vez somos menos inteligentes como nación y creemos posible que uno solo de nosotros catalizará los problemas de todos… con independencia de los motivos, tenemos una enfermiza predisposición al cacicazgo. Por eso, saber quién es el próximo presidenciable del FMLN o de ARENA despierta tanto entusiasmo, acaso más que el mismo ejercicio electoral.

Una vez descartada la opción de estar a la altura de las circunstancias, lo cual en el caso del FMLN esta semana habría consistido en emplazar públicamente al mismo Óscar Ortiz y pronunciarse sobre el impago del Gobierno, y asumido el storytelling con Medardo en plan mala madrastra, uno solo puede preguntarse si las principales energías y conducción del FMLN de las próximas semanas se enfocarán en la sobreactuada inmolación del secretario o en los primeros mates del “presidenciable” (uno de los dos Martínez, pues), pese a que la administración del Estado pase ahorita por su más amargo quo vadis.

La pregunta es válida toda vez que al otro lado de la acera la lista de presidenciables ya creció… ya hay uno. Y volvemos a lo mismo, a la foto antes que el programa, a las maneras antes que al contenido, al curso Open English para Ganarle al Frente. Si la derecha aspira a regresar al poder, descartado que tenga en sus filas al líder que la nación necesita –tolerante, con posiciones contemporáneas sobre los temas más sensibles, uno que al decir “nosotros” se refiera a millones, no a siete amiguetes–, al menos debe enfocarse en que el ungido de turno se vea auténtico al abrazar a las vendedoras y al chinear a los cipotes.

Solo luces y cámara. Porque de acción, nada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s