El lado positivo del mundo. De Erika Saldaña

La mejor marca que El Salvador podría reflejar sería una institucionalidad sólida, que brinde seguridad pública y certeza jurídica a la inversión privada nacional y extranjera en el desarrollo de sus proyectos.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 3 abril 2017 / EDH

Colores llamativos, figuras que evocan joyas naturales o arquitectura simbólica, mar y flores, ahora son elementos que forman parte de la nueva apuesta hecha por el gobierno para potenciar la imagen del país a nivel internacional. Una estampa simpática, pero que ha sido criticada por su costo y por la exclusión de cerebros salvadoreños en su elaboración, a pesar que la intención es transmitir la esencia propia del salvadoreño. Dejando estas críticas a un lado, hay que señalar que la estrategia publicitaria se encuentra incompleta, pues hace referencia a lo que el país quisiera brindar y no a lo que objetivamente puede ofrecer.

El proyecto ha iniciado con una estrategia comercial cuando no se ha trabajado en los cimientos sobre los cuales se sostendría un plan integral que cambie la imagen del país. La mejor marca que El Salvador podría reflejar sería una institucionalidad sólida, que brinde seguridad pública y certeza jurídica a la inversión privada nacional y extranjera en el desarrollo de sus proyectos; además, que esta se encuentre abierta a la autocrítica y a mejorar los procesos que cada empresa debe cumplir para formalizarse. La excesiva e innecesaria tramitología es un desincentivo para el emprendimiento de nuevos proyectos, por lo que el país y las instituciones correspondientes deben encontrarse prestas a mejorar las leyes y trámites registrales, aduanales, mercantiles, tributarios, municipales, entre otros, que faciliten el desarrollo económico y social de la población.

La marca de El Salvador no es solo un logo o una frase bonita que invite a venir un par de días. Y las campañas publicitarias quedan en nada cuando no consideran o buscan corregir las realidades que envuelven. Ignorar los problemas no hará que estos desaparezcan mágicamente; el país tiene muchísimo que ofrecer, pero hay que ser realistas antes de vender al país como una maravilla para la inversión o el turismo, pues los problemas de seguridad tienen años de estar ahí. Es necesario hacer un mea culpa de las cosas que no funcionan y ver la forma de mejorarlas para que la sorpresa no sea mayúscula cuando cualquier persona que desconoce la realidad del país se tope con ella. De poco sirve gastar miles de dólares en una imagen que no es congruente con el día a día que el empresario, los trabajadores y cada persona tiene que superar para salir adelante.

Uno de los mejores sellos que El Salvador puede ofrecer es su gente amable, trabajadora y dispuesta a superarse con sacrificio y entusiasmo. El país cuenta con profesionales preparados y mano de obra calificada capaces de realizar cualquier tipo de trabajo, incluso la elaboración de una campaña como la impulsada por el Gobierno y que ya existía desde hace un par de años, “el lado positivo del mundo”. Resulta increíble que el Gobierno prefiera buscar afuera lo que perfectamente se puede hacer en El Salvador y serviría de incentivo al talento nacional.

En una sociedad en la que reina la exclusión, pobreza y falta de oportunidades, es urgente trabajar en incluir a todas las personas dentro del grupo productivo que echa adelante la economía. El sentido de pertenencia a El Salvador (y que queremos exportar al mundo) no solo se refleja en un par de imágenes de lugares turísticos del país, sino que lo transmite cada una de las personas que está dispuesta a seguir adelante y enfrentar las adversidades, esas personas que no se plantean como opción emigrar por la difícil situación económica que atraviesa o porque la violencia le obliga a hacerlo. El trabajo por la inclusión tiene que empezar en brindar las oportunidades a nuestros compatriotas antes de asumir que alguien lo hará mejor por ser extranjero.

A pesar de las adversidades y las crisis que enfrentamos de manera personal o como sociedad, los salvadoreños siempre estamos dispuestos a levantarnos de una caída y a superar cualquier obstáculo que se presente. Aunque a veces lo ponemos en duda, el optimismo de que las cosas pueden ser mejores siempre estará presente en nuestro trabajo y vidas. Sin duda, El Salvador es el lado positivo del mundo y hay que seguir trabajando por mejorarlo.

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