Cuando la mentira se convierte en verdad. De José Miguel Fortín Magaña

A Joseph Goebbels, el oscuro jefe de propaganda del Partido Nazi en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, se le atribuye una frase que reza: “La mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, y aunque quizás él no dijo esa frase exacta, definitivamente que su filosofía la reflejaba perfectamente. Así como los Nazis en su época, los gobiernos totalitarios e incapaces de hoy en día utilizan la repetición de mentiras para esconder sus fallas, justificarse ante sus ciudadanos y mantenerse en el poder.

José Miguel Fortín Magaña, 24 marzo 2017 / LPG

Este caso es patentemente claro en la Venezuela de hoy: antes Chávez y hoy Maduro han convertido un país inmensamente rico en una nación quebrada, tanto económica como socialmente. Para cualquier observador imparcial la causa del fracaso venezolano radica en la incompetencia de sus líderes, quienes se han enfocado más en derrochar los fondos del Estado que en construir un país vibrante, pujante y justo, con bienestar para todos. Sin embargo, para ocultar lo que debería de ser evidente para todos, los chavistas recurren a fantasmas como el boicot económico de las clases pudientes y el imperialismo de los Estados Unidos, entre muchas otras falsedades. Donde sí se lucen es en su capacidad de mentir: lo hacen con tanta convicción y lo repiten tanto, que en el pasado un alto porcentaje de la población ha preferido creer las mentiras de ellos en vez de creerle a sus propios ojos.

Es claro que la situación económica y política de El Salvador no está en los mismos niveles de los de Venezuela. Nuestro país ha tenido la bendición de contar con instituciones independientes –como la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y más recientemente la Fiscalía General– que han servido como contrapeso a los abusos más descarados de los últimos gobiernos, pero esto no ha sido suficiente. En El Salvador de hoy en día cada vez existe menos trabajo y confianza y mucha más inseguridad en que el futuro va a ser mejor que el ahora. Esto debería de ser evidente para cualquier salvadoreño; sin embargo, el actual gobierno ha trabajado arduamente en quitarse la culpa de sus fracasos y encontrar otros culpables.

Cuando la población le reclama que no hay oportunidades de trabajo o que la inseguridad es insoportable, el gobierno culpa a las administraciones pasadas; asimismo, cuando el gobierno incumple con sus compromisos financieros porque derrochó todo el dinero que había recolectado en más de 20 nuevos impuestos, se excusa con el cuento que la oposición no les quiere aprobar más créditos. Es tan ridícula esta situación que se ha llegado al colmo que cuando se les muere Gustavito, el hipopótamo del zoológico, en vez de aceptar su propia negligencia culpan de su deceso a delincuentes, es decir, a la misma inseguridad galopante que dicen que no es culpa de ellos.

Los salvadoreños nos merecemos un país mucho mejor que el que ahora tenemos, con amplias oportunidades, seguridad, armonía y bienestar para todos. De la misma manera, nos merecemos un gobierno capaz, transparente y honesto, que trabaje para todos responsablemente y no nos quiera ver la cara de tontos.

En conclusión, depende de nosotros si ignoramos los hechos y seguimos creyendo en palabras vacías, porque una vez que como ciudadanos nos decidamos a encarar las falsedades de nuestros malos gobernantes, entonces estaremos a cargo de nuestro propio destino.

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