Avances, retrocesos y desafíos. De Sandra de Barraza

Con todo esto, en 23 años (1992-2015) la escolaridad ha subido 2.48 grados. Hemos llegado a 6.8 grados promedio por persona. ¿Es suficiente? No. No es suficiente.

Sandra de Barraza, 24 marzo 2017 / LPG

Flacso El Salvador, Fundaungo, la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas y la Universidad Don Bosco se han unido para convocar a la reflexión sobre la educación en El Salvador a 25 años de los Acuerdos de Paz. El tema provoca.

¿Qué ha pasado en 25 años? En El Salvador se han hecho esfuerzos por incrementar la cobertura del sistema educativo. Estudios demuestran que entre el año 2000 y 2011 la tendencia ha sido creciente, no se ha logrado el 100 % en ningún nivel, aunque en los primeros dos ciclos de educación básica falta poco para lograrlo.

Los resultados son desafiantes para el nivel de tercer ciclo y el bachillerato. Entre 7º y 9º grado, 40 de cada 100 quedan fuera del sistema educativo. En bachillerato, 65 de cada 100 quedan fuera del sistema educativo. También queda pendiente atender a los menores de 7 años. Se ha logrado cubrir casi a la mitad de población en edad preescolar, pero, la educación inicial, la de población menor de 4 años, queda pendiente.

La información oficial del Ministerio de Educación (MINED) demuestra el esfuerzo pendiente. En el año 2016, se matricularon 1.5 millones de alumnos en el sistema educativo. 7 de cada 10 son de Educación Básica. Un poco más de 8 de cada 10 fueron atendidos por el sector público.

Ese mismo año, entre el primer ciclo y el segundo ciclo de educación básica hay una diferencia de 9,667 alumnos. Entre el segundo ciclo y el tercer ciclo la diferencia es de 8,038 alumnos. Pero la diferencia entre la matrícula de tercer ciclo de educación básica y educación media es de 135,000 alumnos.

Esto significa que el año recién pasado, 135,000 personas que tendrían que estar en la escuela estuvieron fuera, con las implicaciones sociales y económicas que esto representa. Difícil no reconocer que se ha puesto poca atención a los jóvenes entre 12 y 15 años. Se van de la escuela y a nadie le importa.

Con esta deserción, la matrícula de educación media (bachillerato) representa no más que el 14 % (205,351). Esto es extraordinariamente bajo. La cobertura y los resultados del proceso de aprendizaje son otra vez del sector público. Casi 8 de cada 10 estudiantes de bachillerato son atendidos por el sector público.

La cobertura pública tiene más relevancia y en consecuencia, los resultados obligan a concentrar la atención especialmente en el maestro y la escuela públicas, porque la educación, como muchos reconocen, llega hasta donde llega el maestro. El número contratado ha crecido de 26,200 en 1992 a 57,100. Casi 8 de cada 10 trabajan en lo público y 7 de cada 10 son mujeres. Hay más del doble, pero ¿enseñan mejor?

Para esta atención, el presupuesto se ha incrementado. Entre el año 2001 y 2017, el presupuesto ha incrementado de $472.3 a $944.4 millones. Casi un 100 % de incremento. El MINED absorbe alrededor del 20 % del presupuesto general de la república. Como porcentaje del PIB, a educación se le asigna alrededor del 3 %. ¿Es suficiente? No, no es suficiente.

Hay otras fuentes de financiamiento a la educación. Hay millonarios recursos destinados a educación dispersos en otras instituciones de gobierno, en organizaciones no gubernamentales, en la empresa privada y en las alcaldías. Los hogares también aportan aunque según la Encuesta de Ingresos y Gastos de la Dirección de Estadística y Censos, se gasta más en telefonía móvil y fija que en educación.

El destino del incremento por niveles educativos llama la atención. La mayor tasa de crecimiento se registra en el nivel de educación superior. Presupuestariamente se ha hecho mayor esfuerzo para financiar la educación superior que ofrece la Universidad de El Salvador (UES) que en educación media.

El país continúa invirtiendo poco en educación. En educación preescolar se gastan $271 por alumno, en básica $342 y en media $470. Esto contrasta con el gasto por persona en los privados de libertad. Según el Banco Mundial, en el año 2006 el gasto promedio fue de $2,000 al año. En octubre de 2013 (LPG), el responsable de la Dirección de Centros Penales declaró que en alimentación gastan $1,754 por persona al año.

Con todo esto, en 23 años (1992-2015) la escolaridad ha subido 2.48 grados. Hemos llegado a 6.8 grados promedio por persona. ¿Es suficiente? No. No es suficiente.

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