Sobre la fábrica de asesinos que construimos en El Salvador. De Alberto Arene

“La mayoría de estos asesinos son niños traumatizados que nunca fueron tratados, que habitan y controlan las mentes, los corazones y los cuerpos de hombres adultos”.

Alberto Arene, 16 marzo 2017 / LPG

Esta semana me refiero a las causas de la fábrica de asesinos que históricamente hemos construido en El Salvador, para explorar caminos diferentes que lleven a mejores soluciones y resultados. Lo hago a partir de la experiencia y el conocimiento del Dr. James Garbarino, a quien conocí y entrevisté esta semana. PhD, profesor e investigador en varias universidades, y desde 2005 en la Universidad de Loyola en Chicago. Es experto en negligencia y abuso infantil, dedicando su vida a escuchar a asesinos y estudiar soluciones. Pueden verlo en Youtube, y en la entrevista que le hice esta semana en FOCOS que se transmitirá este próximo domingo en el canal 33 de TV (7 en cable) a las 8:30 p. m. Su experiencia, enfoque, hallazgos y conclusiones son particularmente relevantes, desafiándonos a pensar cómo enfrentar con mayores posibilidades de éxito la fábrica de asesinos que históricamente hemos construido en El Salvador.

Garbarino revisa los antecedentes del acusado, entrevista a miembros de la familia y pasa horas escuchando a los asesinos que, muchas veces bajo pena de muerte, explican cómo fue su transformación de niños inocentes a adultos asesinos. Y explica los factores sicológicos y sociales que contribuyen a que alguien se convierta en asesino: abuso infantil y el ambiente creado por vecindarios que parecen zonas de guerra.

Para él, una primera aproximación es constatar que la mayoría de estos asesinos son niños traumatizados que nunca fueron tratados, que habitan y controlan las mentes, los corazones y los cuerpos de hombres adultos.

En su libro “Escuchando a asesinos” publicado en 2015 afirmó: “Yo escucho la historia humana que hay detrás de ese acto monstruoso… El público general tiende a ver a los asesinos como personas completamente perversas o como personas tan dañadas que les es imposible convivir entre nosotros. La mayoría de asesinos son niños traumatizados convertidos en adultos asustados, controlados por traumas sin resolver. El trauma es fundamental, pero muchas veces el público general no ve esta parte. Lo que ven es el resultado de un trauma en lugar de ver en el trauma el origen de un asesinato”.

Cuando el Dr. Garbarino empezó a estudiar estos problemas, lo que más le llamó la atención era ir a zonas de guerra (Medio Oriente, Centroamérica y África) y ver que los niños que crecían en estas áreas habían adaptado de forma natural una manera de ver el mundo congruente con una zona de guerra. Cuando regresó a Estados Unidos le sorprendió el paralelismo con niños creciendo en lugares con altos índices de violencia en la familia, en la comunidad, pandillas, amenazas crónicas y estrés.

Comenzó a escuchar sobre cómo estos asesinos habían desarrollado una hipersensibilidad hacia las amenazas. Esto es el resultado de un trauma, tener que estar siempre alerta. Otra dimensión es la legitimación de la agresión –la creencia de sentirse moralmente obligado y psicológicamente responsable de defenderse ante una amenaza. En un caso extremo se justifica el asalto anticipado (agredir para prevenir) –ve por ellos antes que ellos vengan por ti–. Cuando se combina la hipervigilancia y la justificación de un asalto anticipado el resultado es una mentalidad de una zona de guerra…: “Si se vive en una zona de guerra urbana el desarrollo de una mentalidad de zona de guerra no debería sorprender; no como un desarrollo patológico sino como un desarrollo psicológico normal dentro de una situación anormal”.

Por eso afirma que un buen punto de partida es comenzar un tratamiento para niños que han experimentado trauma. Los niños diagnosticados con Trastorno de Oposición Desafiante y trastornos de conflictos identifican a individuos con tendencias agresivas y antisociales. Al examinar estos diagnósticos, deberían ser entendidos como síntomas o consecuencias de desórdenes traumáticos que han sido ignorados.

Una segunda implicación, afirma, es la necesidad de cambiar la actual cultura de armas hacia una cultura desmilitarizada. Si escuchan hablar a un asesino, se van a dar cuenta de cómo la posesión de un arma por parte de ellos y sus enemigos implica que casi cualquier conflicto, que en otro contexto se resolvería con daños leves, puede terminar siendo letal.

Lo último es la sentencia, afirmando que necesitamos alejarnos de las políticas de sentencias extremas, ser más razonables y guiarnos por la capacidad de una posible rehabilitación y transformación, subrayando que pueden recuperarse más de lo que la mayoría sospecha.

Al oír su explicación sobre los diversos factores que explican cómo una sociedad produce asesinos, constaté y sentí, con dolor, que a lo largo de nuestra historia hemos creado buena parte de las condiciones y factores que producen masivamente asesinos. Hoy que lideramos el homicidio en el mundo, ha llegado la hora de arreglar cuentas históricas pendientes con el legado de tanta sangre y dolor que ha enlutado la historia patria.

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