Paridad de género en la Asamblea. De Cristina López

El problema real es que la composición de nuestras instituciones —en que la mayoría de nuestros funcionarios electos son hombres— no es un reflejo de barreras legales sino estructurales y culturales.

Cristina LópezCristina López, 20 febrero 2017 / EDH

Sería ideal, ¿no? A la idea de tener una Asamblea Legislativa (organismo que se debe a la representación de los constituyentes) realmente representativa de la demografía salvadoreña hay poco que criticarle. De hecho, sería un triunfo para la pluralidad en general el contar con más puntos de vista y diferentes experiencias de vida en la mayoría de organismos del servicio público, y eso, no haría más que enriquecer los debates que derivan después en política pública. En los cómos, o los caminos a tomar para llegar ahí, sin embargo, hay mucho para debatir.

diario hoyLa pregunta de cómo resolver la inequidad de género en la administración pública le ha quitado el sueño a mucha gente desde la academia. Me incluyo, porque le dediqué dos años de posgrado a una tesis al respecto y la mala noticia, en pocas palabras y para los faltos de tiempo, es que no hay atajos ni cortos plazos.

Es decir, lo que detiene a más mujeres de entrar a la palestra política no son impedimentos legales, y es por eso que iniciativas como la bien intencionada pieza de correspondencia que las pioneras del grupo parlamentario de mujeres presentaron la semana pasada, no son la solución. Las dos piezas de correspondencia presentadas buscan establecer cuotas para los concejos municipales, para que un mínimo de 30 por ciento sean mujeres. La otra, busca que en las candidaturas a diputaciones haya también paridad, estableciendo que si la candidata es mujer, su suplente deberá ser hombre.

El problema real es que la composición de nuestras instituciones  —en que la mayoría de nuestros funcionarios electos son hombres— no es un reflejo de barreras legales sino estructurales y culturales. Es por eso que las cuotas son útiles en cuanto a mejorar la paridad cuantitativa, pero dejan intactas las barreras estructurales. Se debate que pueden afectar las culturales en el sentido que ver más mujeres en posiciones de poder anima a otras a meterse a la palestra y consigue quebrar prejuicios masculinos sobre el rol de la mujer en la sociedad, pero no existen estudios que corroboren esto de manera estadísticamente significativa y contundente, y hasta que no lo hagan, lo anterior no es más que optimismo y buenos deseos. Ningún estudio indica tampoco que un organismo legislativo con más mujeres necesariamente tenga más iniciativas de ley a favor de la mujer.

En otras palabras, la disparidad de género en el poder público lo que refleja es una débil cultura de igualdad en los partidos y de promoción de nuevos liderazgos (idealmente, esto puede cambiarse), y de manera más preocupante, la disparidad en muchos otros índices, como el mercado laboral, la educación, y el acceso a la salud, por mencionar algunos. No es necesariamente autoselección: si estadísticamente en el país las mujeres desproporcionalmente tienen menos acceso a la educación, a la salud y a puestos laborales, no es por falta de ambición que no optan por posicionarse como candidatas al servicio público. De nada sirve entonces que de manera artificial (como lo hace una cuota) se aumente la paridad numérica, si las estructuras que realmente frenan el progreso de toda la ciudadanía se mantienen incambiables.

En otros lugares, las cuotas han tenido más bien el efecto opuesto al deseado. Reducen la competencia de mujeres a ese 30 por ciento, creando en realidad techos más que pisos. En Ruanda, el país que mucha gente usa como referencia en la academia al respecto de este tema, una ley de cuotas llevó a que en un punto determinado hubiera un 60 por ciento de mujeres en el Órgano Legislativo. Sin embargo, en Ruanda, las mujeres no cuentan aún con igualdad de acceso a ninguna de las otras estructuras. Esa ley de cuotas entonces benefició al número limitado de mujeres que llegaron a la Asamblea. Las demás, continúan luchando. No hagamos lo mismo. Cambiar la cultura y pelear por la igualdad en las demás estructuras, garantiza el progreso para todos y no solo para unos pocos. Déjenle las cuotas a los reglamentos internos de los partidos.

@crislopezg

 

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