Batallas innecesarias. De Erika Saldaña

Para potenciar la paridad entre hombres y mujeres es necesario que se brinden las mismas oportunidades de participación a ambos para obtener un cargo y que se deje a un lado la cultura o estereotipos machistas.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 20 febrero 2017 / EDH

La semana pasada, varias integrantes del grupo parlamentario de mujeres promovieron una reforma al Código Electoral donde solicitan “paridad” entre hombres y mujeres que pretenden un curul en la Asamblea Legislativa; dicha petición consiste en que, cuando el diputado propietario sea hombre, su suplente sea una mujer y viceversa. Con este tipo de medidas es que los legisladores levantan falsas banderas de igualdad y equidad entre hombres y mujeres, además de agregar un matiz innecesario en el tema de legislación sobre los diputados suplentes.

En la promoción de los derechos políticos de la mujer, las soluciones que generalmente se han encontrado a la poca participación y representación del sexo femenino es el establecimiento de cuotas. Una reforma a la Ley de Partidos Políticos del año 2015 obliga a integrar el treinta por ciento de las planillas para cargos de elección popular con mujeres. Es así como sacrificamos cualquier tipo de idoneidad de una persona para optar a un cargo en la Asamblea, Concejos Municipales o Parlacen, al simple cumplimiento de una aritmética que no colabora en nada a los fines del Estado.

diario hoySi la Asamblea Legislativa es donde se discuten los temas más trascendentales para el país, donde convergen las distintas ideologías y posturas para encontrar las soluciones a los problemas de la sociedad, es lógico que las personas que deberían integrarla sean quienes representan a estos sectores y tengan la capacidad de tomar las mejores decisiones; ello con independencia de si se trata de hombres o mujeres. En El Salvador es necesario que se dejen de fomentar falsas medidas en nombre de la igualdad; para potenciar la paridad entre hombres y mujeres es necesario que se brinden las mismas oportunidades de participación a ambos para obtener un cargo y que se deje a un lado la cultura o estereotipos machistas que todavía tienen cabida en la sociedad.

En lugar de discutir si un suplente debe ser hombre o mujer, debería retomarse la discusión de los diputados suplentes de una manera más seria y productiva. La Constitución establece la existencia de este tipo de funcionarios, pero sin hacer referencia a su número, forma de elección y otras características, por lo que su regulación queda a disposición de la Asamblea Legislativa. Los diputados suplentes integrarán el trabajo legislativo en los casos de muerte, renuncia, nulidad de elección, permiso temporal o imposibilidad de concurrir (artículo 131 ordinal 4° de la Constitución); todas las señaladas son situaciones excepcionales y con un origen fortuito. Pero, dado que El Salvador es el país donde lo extraordinario se vuelve ordinario, hemos sido testigos de casos en que los diputados propietarios se ausentan por largos periodos, quedando su suplente en funciones permanentes. ¿Qué sentido tiene elegir diputados propietarios cuando son los suplentes los que ejercerán el cargo?

Si los suplentes tienen encomendado asumir el trabajo de diputados en situaciones extraordinarias, el debate debería estar orientado a regular su cantidad y su rol. ¿Necesitamos 84 diputados suplentes? ¿Cuál es su rol y bajo qué circunstancias se realizará su llamamiento? Los diputados suplentes no deben ser utilizados a conveniencia como se hizo hasta antes que fueran declarados inconstitucionales; esa figura no está en la Constitución para alterar quórums en la Asamblea Legislativa cuando un diputado se niega a dar su voto para determinada decisión, ni para hacerle el trabajo a quien simplemente no quiere ir a trabajar. Una propuesta a discutirse debería ser reducir el número de suplentes, por ejemplo, un suplente por cada tres diputados propietarios que obtenga una fracción.

La reforma presentada reúne dos temas importantes (participación femenina y diputados suplentes), abordados de forma escueta e irrelevante. La inclusión de una mujer en la toma de decisiones políticas tiene que responder a su capacidad de ejercer un rol trascendental y un buen trabajo en el órgano o institución al que se pretender incorporarla. Si se le elige por el solo hecho de ser mujer no solucionamos en nada el problema de las deficientes respuestas legislativas o municipales a los problemas del país. Y en el tema de las suplencias, lo ideal es que se realice un debate serio sobre la necesidad de estos, la cantidad y el rol que deben jugar en la Asamblea Legislativa. Ya dejen las batallas innecesarias y pónganse a trabajar.

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