Dignificar la profesión del abogado. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 6 febrero 2017 / EDH

El once de noviembre de dos mil seis, mi profesor de Derecho Constitucional y decano de la Facultad de Derecho, doctor Albino Tinetti, nos entregó una hoja color amarillo que contenía “Los mandamientos del abogado”. Uno de esos mandamientos reza así: “tu deber es luchar por el Derecho; pero el día que encuentres en conflicto el Derecho con la justicia, lucha por la justicia”. Una hoja un poco desteñida que aún guardo y que para mí representa el fin de la educación que recibí.

diario hoyHan pasado los años y ya cumplí siete años de trabajo, donde me he visto rodeada de excelentes ejemplos de abogados, que han sido compañeros, amigos, jefes, maestros y mentores; sin embargo, también he visto de lejos a aquellos que han vuelto el Derecho una mercancía que está disponible al mejor postor.

La sociedad pierde un poco la fe en la profesión del abogado cuando salen a la luz casos de jueces o abogados dispuestos a torcer el derecho a conveniencia, personas que enseñan la ley y también la trampa, quienes hacen interpretaciones absurdas, que se inventan jurisdicciones internacionales cuando los juzgados nacionales les han negado sus pretensiones, quienes están orientados a defender lo indefendible y a mostrar sobrada ignorancia o mala intención. Estas personas están dispuestas a apartarse completamente de cualquier lógica jurídica para sustentar sus posturas.

Con lo anterior no quiero decir que siempre será evidente una respuesta única y absoluta por parte de la comunidad jurídica en la resolución de un caso. Las opiniones en cada oportunidad pueden variar dependiendo de la corriente de pensamiento jurídico a la que la persona se adscriba, sin embargo, es obligación de cada abogado realizar un planteamiento técnicamente honesto de la solución que se ofrezca y no apartarse convenientemente de la ley y Constitución.

Sin embargo, esa fe perdida en los mercenarios del Derecho es recuperada cuando vemos a abogados ejerciendo su profesión apegada a las leyes y la Constitución, pero sobre todo a sus principios. En El Salvador y en el resto del mundo. El New York Times reportó la movilización de muchos abogados de inmigración a los distintos aeropuertos de los Estados Unidos después de la orden del presidente Trump contra los provenientes de Irán, Iraq, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen. Estas personas se ofrecieron a prestar servicios gratuitos contra una orden que consideraron inconstitucional e inhumana, pues ordenaba la detención de personas provenientes de estos siete países musulmanes aún y cuando tuvieran sus permisos en regla. Todo bajo el argumento que podrían ser consideradas “un riesgo terrorista”. Una Jueza Federal en Nueva York consideró sus argumentos y bloqueó temporalmente la medida del presidente. En las redes sociales circularon numerosas fotos de abogados voluntarios trabajando en el suelo, cafeterías y terminales de los aeropuertos en las peticiones de hábeas corpus.

En relación a la misma orden migratoria, la Fiscal General interina Sally Yates ordenó al Departamento de Justicia no defender la orden de inmigración ante las cortes. Ella manifestó que “era la responsable de asegurar que las posiciones tomadas en la corte sean consistentes con la solemne obligación de la institución de siempre buscar la justicia y representar lo correcto”. Así dio una muestra de dignidad profesional, pues antepuso sus principios y los de su carrera a la posibilidad de ser relevada del cargo, como sucedió a las pocas horas.

En El Salvador también hay muchos profesionales del Derecho que con honradez y argumentos sólidos defienden sus posturas en busca de la correcta solución a las controversias que surjan. Muchos abogados que en sus lugares de trabajo defienden la ley y la Constitución, aunque su postura sea contraria a la de sus jefes; muchos jueces y magistrados que resuelven los casos que ante ellos se presentan de manera imparcial, ecuánime y justa.

Como dice el dicho, de todo hay en la viña del Señor. Hay excelentes abogados, honrados y profesionales, así como también hay muchos a quienes debería revocárseles la autorización para ejercer esta labor. Es deber de quienes estamos comprometidos con el Derecho y la justicia a dar la cara por el gremio, comentar, discutir y sentar postura en cuestiones jurídicas; debemos convertirnos en un buen ejemplo para las nuevas generaciones que se están formando. Hay que dignificar la profesión del abogado.

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