Todo con el mismo peso. De Sandra de Barraza

Los tomadores de decisiones parece son ciegos a la realidad, son indiferentes a la incapacidad que tiene el país de financiar todo. ¿Con qué?

Sandra de BarrazaSandra de Barraza, 3 enero 2017 / LPG

A menos de 30 meses para que finalice la administración del Órgano Ejecutivo, seguimos atrapados en la falta de prioridades. El cambio climático es prioridad. La producción agrícola es prioridad. La mujer es prioridad. El desarrollo municipal es prioridad. El transporte público es prioridad. La primera infancia es prioridad. La salud es prioridad. El saneamiento es prioridad. El escalafón es prioridad. La participación ciudadana es prioridad. La publicidad gubernamental es prioridad. La transparencia es prioridad. La seguridad es prioridad. El empleo público es prioridad. El sindicalismo es prioridad. La Policía es prioridad. ¡Y así, hasta el infinito!

la prensa graficaCon todos y con todo, se quiere quedar bien. Todo se quiere hacer. Todo se quiere con el mismo presupuesto. Y lo peor es que el presupuesto no alcanza. Y más crítico aún es que la confianza para hacer todo y quedar bien con todos se pone en las instituciones de financiamiento internacional y en los cooperantes. Y con la crisis fiscal que se enfrenta y se prevé para el futuro, difícilmente podremos financiar lo que a todos les conviene.

Los tomadores de decisiones parece son ciegos a la realidad, son indiferentes a la incapacidad que tiene el país de financiar todo. ¿Con qué? Hay que preguntarlo porque los 262 gobiernos municipales están enfrentando la realidad a la que el gobierno central nos ha llevado. Y esto es crítico, especialmente por el servicio de recolección de desechos y las implicaciones de hacerlo en su momento. Pronto, el país será como el municipio de Mejicanos en la administración pasada, las calificadoras de riesgo nos ubican en la categoría de “bonos basura”.

Pronto, muy pronto, los subsidiados en el servicio de energía enfrentarán la realidad. Tendrán que pagar el servicio. Pocos hablan de este tema porque políticamente no es popular. Pero tarde o temprano, los tomadores de decisiones tendrán que reconocer que los subsidios son impagables. Mientras, los trabajadores sindicalizados en el Ministerio de Salud siguen creyendo que es mala voluntad de las autoridades el no cumplimiento de la ley del escalafón. En esta crisis, los tomadores de decisiones incumplen cualquier ley. Y allí está el FODES como ejemplo.

En un momento de crisis fiscal, y en un entorno de violencia e inseguridad con falta generalizada de empleo decente, conformarse con el monto recaudado en “la contribución especial a la telefonía” y confiar en las “medidas extraordinarias” para resolver el problema que hace evidente la incapacidad gubernamental es poco responsable. Y es poco responsable porque se quiere hacer creer a la gente que “lo extraordinario” de hacer las cosas “de manera extraordinaria” permitirá recuperar el ambiente de sana convivencia y seguridad.

Las “medidas extraordinarias” están distorsionando la institucionalidad. Otra vez, insisto. La prevención se da y se debe dar en las escuelas. Y ¿dónde esta el Ministerio de Educación rindiendo cuentas de lo que hace y deja de hacer en las escuelas? No es tarea de la PNC, ni de las Fuerzas Armadas, ni tampoco de ciudades especiales o institutos especializados, la responsabilidad de atender a la población en edad escolar.

Los funcionarios desfilan en la Asamblea para solicitar 10, 20, 50 o 100 millones o más en préstamos. Préstamos que les sirven para continuar reproduciendo su burocracia. Y ¿quién llama la atención sobre lo que es prioritario? ¿Quiénes demandan la atención a los jóvenes y adolescentes, esos que tienen que estar en la escuela y no están? De la oposición no se escucha absolutamente nada.

Los maestros se están quejando sobre el cierre de secciones en las escuelas. Los maestros se están quejando por la solicitud de transferir plazas y sobresueldos para reubicarlos. Estas quejas, que se han leído en los medios de comunicación, son el reflejo de la falta de prioridad que se le da a la atención de la población en edad escolar.

Las escuelas están en malas condiciones. Los bachilleratos están hacinados. La deserción entre tercer ciclo y primero de bachillerato se explica por la concentración y la falta de oferta. Y la educación a tiempo pleno, de 8 horas diarias desarrollando competencias con la asistencia de profesionales en distintas disciplinas, se quedó en el discurso de las agencias de cooperación. La estrategia conceptual es válida y tenemos 90 meses escuchando el discurso. No hay pisto. Y entonces ¿dónde está la prioridad?

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