Los nuevos acuerdos de país. De Erika Saldaña

El problema actual es que no se ha hecho nada para construir las bases de un debate público decente sobre los temas fundamentales de la nación.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 16 enero 2017 / EDH

Hoy se conmemora el XXV aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, fecha que trae mucha nostalgia a El Salvador, en la cual se puso fin al conflicto armado y se marcaba el inicio de una época de reconstrucción y esperanza para el país. La firma de la paz en Chapultepec cerró un ciclo de doce años que dejó cerca de ochenta mil muertes (en promedio, alrededor de seis mil cada año), miles de desplazados internos y comunidades sumidas en la destrucción y pobreza. Con los recuerdos de una época difícil tendemos a sentarnos a hacer el recuento de lo alcanzado a la fecha y a enumerar las deudas pendientes que tenemos como sociedad.

diario hoyEn la época de la posguerra, la sociedad salvadoreña ha sido cuna de una de las tasas de homicidios más altas a nivel mundial (cien muertes violentas por cada cien mil habitantes, superando la barrera de las seis mil por año); además, ha sido víctima de la corrupción de diversos funcionarios desde los años noventa, la cual poco a poco sale a la luz y está encontrando castigo en el sistema judicial. Estas situaciones, aunadas al déficit de representación percibido por la ciudadanía salvadoreña, la pobreza, la falta de educación y las precarias condiciones del sistema de salud, han sumido al país en una crisis social y política. Todos los problemas antes citados se ven agravados por la escasa intención de acercamiento o diálogo entre los dos partidos políticos mayoritarios, sobre casi cualquier tema que se les ponga sobre la mesa.

Sin embargo, aunque los números de fallecidos sean similares, los desacuerdos tengan la misma división ideológica como base y sintamos que estamos más divididos que nunca como sociedad, es arriesgado afirmar que volvimos al mismo punto de los ochentas y que hoy estamos igual o peor que en la época de la guerra. Después de veinticinco años las condiciones de la sociedad salvadoreña han cambiado y las dificultades a las que nos enfrentamos son distintas.

El problema principal hoy en día es la incapacidad de reconocer el valor y la opinión del otro, lo cual se refleja desde la intolerancia en las calles entre ciudadanos, hasta el permanente enfrentamiento verbal entre funcionarios. Las reiteradas y poco espaciadas elecciones de cargos populares han fijado en el diario vivir de la ciudadanía una discusión permanente y escueta entre las fuerzas políticas principales en el país, siguiendo el pensamiento arraigado en el ámbito político salvadoreño de actuar en términos electorales, con miras siempre a la siguiente elección. Es así que los políticos en El Salvador han basado sus acciones en la emoción de mantener la atención de las masas y no en la razón en la toma de sus decisiones.

Aunque existan diferentes ideologías y desacuerdos en la política salvadoreña, el problema actual es que no se ha hecho nada para construir las bases de un debate público decente sobre los temas fundamentales de la nación, tales como políticas educativas, salud, seguridad pública, pensiones, entre otras cuestiones que afectan al país. No existe una cultura política de respeto a las opiniones y propuestas del adversario, y las acciones se toman siempre en clave electoral. La realidad que vivimos hoy es muy distinta a la que sufrieron nuestros padres en el desarrollo y fin del conflicto armado.

A los Acuerdos de Paz hay que darles el valor que se merecen. Lograr el cese al fuego, una salida negociada de manera pacífica y la implementación de una nueva institucionalidad en temas de defensa, seguridad, sistema judicial y electoral, son algunos de los grandes logros posconflicto. Hay que tener en cuenta que las distintas generaciones hemos enfrentado los problemas propios de cada época; unos tuvieron que iniciar la lucha por sus ideales, otros sobrevivir a una guerra cruel, otros buscar la forma de terminar el conflicto, otros reconstruir un país después de la guerra e impulsar el desarrollo económico, otros superar los desastres naturales y muchos estamos hoy aquí intentando recuperar la institucionalidad resquebrajada.

A las distintas generaciones de ciudadanos que conformamos la sociedad salvadoreña se nos han presentado retos distintos. El único punto en común entre los verdaderos ciudadanos de las distintas épocas ha sido la intención de dejar a las nuevas generaciones un país mejor. Asumamos el reto como sociedad y construyamos nuevos acuerdos de país.

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