Machismo vestido de mujer. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 9 enero 2017 / EDH

Las recientes capturas de empresarios y un famoso presentador de televisión han sacudido las ya turbulentas aguas en El Salvador, poniendo sobre la mesa un secreto a voces en nuestra sociedad: la trata de personas y la prostitución infantil. En lo personal, lo que más me ha sorprendido, indignado y preocupado son los comentarios sobre el tema; desde “ellas lo buscaron”, “ellas los provocaron”, “si eso les gusta a ellas”, “la culpa es de ellas”, hasta una desviación total del problema atendiendo a los memes y la mofa; dichos pronunciamientos se convierten en una muestra de lo insensible, desinformado y deshumanizado de nuestro entorno. Y lo más triste es cuando este tipo de señalamientos provienen de otra mujer.

diario hoyEl primer pensamiento –casi por inercia– al ver a una mujer ofreciendo sexo en las calles es que son niñas promiscuas o mujeres a las que les gusta la vida y el dinero fácil. Así, rápidamente dejamos del lado cualquier intento de entender de manera completa la realidad de esa mujer y por qué está esperando recibir dinero a cambio de una relación sexual. Antes de señalar a una niña o mujer de haber provocado a un hombre, de ofrecerse sexualmente de forma voluntaria a alguno o encontrarse involucrada en una red de prostitución por diversión, es obligatorio que como sociedad investiguemos sobre el delito de trata de personas y, sobre todo, que intentemos analizar los motivos que las llevaron a iniciar y mantenerse en la prostitución.

La trata de personas, según el Código Penal, se define como la actividad de explotación sexual, trabajos o servicios forzados y prácticas análogas a la esclavitud realizadas por una persona u organización con el propósito de obtener un beneficio económico; es decir, comete trata quien utiliza a otra persona para ofrecerla a la venta. Por otra parte, sea trata de personas o no, en la tipificación de los delitos contra la libertad sexual la ley salvadoreña casi presume la incapacidad de un menor de edad de contar con los suficientes elementos de razón, considerando como delito cualquier relación sexual entre una persona adulta y un menor de edad, exista consentimiento o no por parte de este último.

Antes de juzgar y criticar con un mínimo de datos, pensemos en las circunstancias propias de cada quien que sirvieron de empuje para aceptar una vida de prostitución y explotación. Algunas mujeres pueden considerar que esa es una forma fácil de ganar dinero y lo hagan sin ningún tipo de remordimiento; sin embargo, no podemos obviar que una infancia llena de abusos, una amenaza a muerte propia o para familiares, una inmadurez e incapacidad de tomar decisiones correctas a temprana edad, una desolación ante la falta de recursos y oportunidades para mantener una vida digna, hasta un trastorno psicológico, pueden constituirse como factores que sumerjan a una persona en una red de trata de manera involuntaria. Generalizar este tipo de casos es injusto y conlleva a una doble victimización, pues la niña o mujer que sufre las consecuencias del delito cometido tiene que aguantar, además, el reproche social de quienes piensan que lo hace por voluntad o placer.

Muchas mujeres hoy en día no solo tienen que luchar contra falta de educación, pobreza, maltrato, abandono, falta de oportunidades o el machismo arraigado a nuestra cultura. Además, tristemente, las mujeres tenemos que lidiar con el machismo vestido de mujer, el de aquellas que –en lugar de mostrar un poco de empatía por la difícil situación que vive una mujer abusada– culpan a estas de los hechos en las que se ven involucradas.

Cualesquiera que sean los motivos por los que una niña o mujer se encuentre en la prostitución, como sociedad debemos estar claros en que esa no es una vida digna para ninguna mujer y, de alguna forma, la situación que vive es producto de la indiferencia que mostramos a quienes tienen pocas opciones de salir adelante y construir un mejor futuro. Mujeres, practiquemos un poco la sensibilización hacia nuestras congéneres en estos casos y evitemos criticar sin conocer realmente la vida y penas por las que ellas deben pasar a diario. No perpetuemos el sufrimiento de las vidas de niñas y mujeres doblegadas por la injusticia.

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