Tiempo de definiciones. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 2 enero 2016 / EDH

El año 2016 será recordado por las múltiples controversias que han acechado al país. El fantasma permanente de nuevos impuestos, la polémica reforma de pensiones que sigue en indecisión, la elección de un nuevo Fiscal General que ha revolucionado la administración de justicia, una Sección de Probidad activa, el retraso en el nombramiento de los nuevos miembros del Consejo Nacional de la Judicatura y la Corte de Cuentas, los operativos contra las finanzas de las pandillas, la crisis fiscal y la falta de liquidez en los últimos meses; estas han sido solo algunas situaciones de las que hemos sido testigos como sociedad en los últimos meses.

diario hoyLos años 2015 y 2016 han estado marcados por un hecho histórico: la reactivación de la olvidada Sección de Probidad, la cual fue despojada de toda facultad de investigación y control del patrimonio de los funcionarios cuando en el año 2005 daba muestras de encontrarse indagando las cuentas del expresidente Flores y su gabinete. Dicha dependencia de la Corte Suprema de Justicia ha puesto entre la espada y la pared a tres expresidentes, un diputado, un exdirector del ISSS, un alcalde, y mantiene en vilo a muchos funcionarios que están siendo investigados.

Ese trabajo de la Sección de Probidad, sumada a las investigaciones de la Fiscalía General de la República, los reportajes periodísticos y las denuncias ciudadanas, nos han evidenciado que durante décadas los fondos de la ciudadanía para mantener el aparato estatal han sido mal administrados y robados. Esta situación es la raíz de muchos males que aquejan a la sociedad, pues si este dinero hubiera llegado al objetivo que pertenecían probablemente no tendríamos servicios sociales tan precarios. Y, quizá, el problema de la violencia y las pandillas no se habría fortalecido tanto en los últimos años por culpa de la pobreza, desempleo y desigualdad económica.

En este año preelectoral debemos estar conscientes sobre las luchas con las que tendremos que lidiar como sociedad. En primer lugar, seguir vigilantes para que se investiguen los casos de corrupción que están pendientes y, sobre todo, que estas investigaciones culminen en condenas a los responsables y el dinero sea devuelto al Estado. Además, es necesario contrarrestar el juego de la memoria cortoplacista por el que  apostarán muchos políticos en este nuevo año; esa estrategia de omitir con cinismo las controvertidas acciones y decisiones que realizaron como funcionarios municipales o legislativos, buscando la reelección sin ninguna pena para un nuevo periodo que inicia en 2018.

Las próximas elecciones de concejos municipales y diputados son trascendentales para la política en El Salvador, no solo por el hecho que elegiremos los gobernantes para un nuevo periodo, sino también porque ellos serán los que hagan posible que los cambios iniciados recientemente continúen. Los avances se encuentran amenazados con desaparecer si en 2018 no se elige a cinco personas idóneas e independientes para ocupar cuatro puestos en la Sala de lo Constitucional y uno en otra Sala de la Corte Suprema de Justicia; si en ese año no se elige un Fiscal General con el suficiente carácter para enfrentar al delito y corrupción; si no se eligen personas conscientes de la precariedad de las finanzas públicas, con la voluntad de exigir cambios y ordenar el estado presupuestario del país.

El nuevo año urge de ciudadanos comprometidos con el control hacia los funcionarios, personas con ganas de tomar el bastón que guíe y continúe la lucha para mejorar los pequeños cambios y avances que se han logrado. La sociedad civil debe estar consciente que los cambios no provienen de la buena voluntad de la clase política, sino de la presión creada alrededor de las situaciones controversiales. El temor al elector indudablemente jugará un rol trascendental en el actuar de los políticos en los próximos meses, por lo que debe orientarse  en favor de las buenas decisiones.

El 2017 debe ser un tiempo de definiciones para la sociedad salvadoreña. Un año en que el impulso adquirido en los años anteriores no sea detenido por aquellas personas a quienes les interesa que la lucha contra la corrupción, el despilfarro, la delincuencia se mantenga en beneficio propio. Que el año nuevo nos traiga nuevos ánimos para seguir persiguiendo los cambios que tanto hemos anhelado para El Salvador. ¡Feliz 2017!

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