Excusas de colegio en la crisis política. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 12 diciembre 2014 / EDH

Los padres de familia y los profesores de colegio gozan de amplia experiencia en el procesamiento de excusas divertidas, inocentes y hasta absurdas, cuando sus hijos o alumnos se ven involucrados en aprietos; estas causan gracia si se advierte la inocencia de los pequeños. Pero cuando usted es mayor de edad y ostenta un cargo público, algunas excusas ya no parecen divertidas, inocentes o creíbles. Si tenemos en cuenta el tiempo y contexto, son absurdas.

Veamos algunos casos recientes. El presidente de la Asamblea Legislativa, al verse cuestionado por la asignación de más de medio millón de dólares para fundación de la que su esposa era presidenta, expresó que “no sabía que ella era parte de esa asociación”, a pesar de que aparece como fundadora. Un diputado del FMLN manifestó en televisión nacional que el video donde el exfiscal general de la República aparece abrazando (curiosamente) a un exfuncionario gubernamental y, en el instante, recibiendo un fajo de dinero “podría tratarse diario hoyde un préstamo personal”; eso, a pesar de que el exfiscal confesó recibir dinero fuera de la ley por parte del Gobierno. Y, en todos los casos, hemos visto a la oposición política dándose baños de pureza, cuando en sus administraciones gubernamentales fueron creadas y avaladas muchas de las malas prácticas que persisten a la fecha. Así hemos sido testigos del cinismo con el que se mueven muchos políticos y funcionarios desde hace décadas, prácticamente subestimando el buen entender de muchos ciudadanos.

En El Salvador hemos soportado durante décadas la permanencia de dirigentes políticos y funcionarios que se han aprovechado de su estatus de poder para finalidades distintas a la tarea que constitucionalmente se les ha encomendado. Ellos han incumplido de manera flagrante el mandato de ser fiel a la República, cumplir y hacer cumplir la Constitución, generando a su vez otros problemas relacionados con la democracia, tales como la corrupción, despilfarro de fondos en gastos indebidos y fuera de la ley; deterioro de las instituciones, su distorsión o el déficit de acción en la misma, como por ejemplo la constante invisibilidad de la Corte de Cuentas.

El profesor de filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, Andrea Greppi, sostiene que el principal enemigo de la democracia ya no son las antiguas formas de tiranía, sino la progresiva erosión de las instituciones públicas debido a la mala administración y, en particular, en el declive de los principios de representación política y separación de poderes. La crisis de representación surgida entre los ciudadanos se manifiesta en la creciente desconfianza en los partidos políticos y la indiferencia al sufragio activo en épocas electorales, así como en la cada vez más amplia brecha entre ciudadanos e instituciones, y ciudadanos y partidos políticos.

Los políticos salvadoreños tienen que entender que su imagen está desgastada casi solo por el hecho de pertenecer a ese selecto grupo de personas que deberían estar trabajando por el país y no lo hacen. La crisis de la política tiene que obligar a sus miembros a reinventar el trabajo y propuestas que ofrecen a los ciudadanos. Cuando los problemas principales de mucha gente son el miedo y la inseguridad, el deplorable estado de las escuelas donde sus hijos estudian, conseguir el dinero suficiente para darles de comer, la escasez de medicinas, el desempleo, el impago de una pensión, entre otros; lo que menos quisiéramos ver es su estancamiento en temas que no son prioridad, pleitos, burlas a la inteligencia de la gente y negociaciones bajo la mesa; también estamos aburridos de los discursos plagados de retórica y escasas acciones.

Y en esta crisis de credibilidad de la política, parece que los asesores de los funcionarios no hacen su tarea sobre decirle a su jefe lo que debería hacer y no lo que quiere escuchar; o, por el contrario, los funcionarios simplemente tapan la crítica con un dedo. Al momento de cometer un error lo más sensato es aceptarlo, enfrentar la crisis y hacerse responsable de las acciones que realizó voluntariamente. Echarle la culpa a otro, hacerse el loco o inventar excusas de colegio absurdas ya no debería ser, por respeto a la ciudadanía, una opción.

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