Emprendedores. De Ricardo Avelar

ricardo avelar.jpgRicardo Avelar, 8 diciembre 2016 /EDH

Yo admiro y respeto mucho a los emprendedores. Siempre me ha parecido fantástica su habilidad de transformar ideas e ingenio en riqueza, empleos y dinamización de la economía.

Además, veo con constante asombro su capacidad de innovación y disrupción, logrando superar de las viejas formas de producción y distribución para simplificar nuestras vidas y facilitarle el trabajo a quienes lleguen después de ellos. En palabras de Joseph Schumpeter, valoro su “destrucción creativa”.

Finalmente, me parece que junto a lo económico, los emprendedores tienen un valor trascendental para la vida de las sociedades, pues con su autonomía rompen aquellos viejos esquemas de colusión entre los que detentan el poder y los que poseen gran parte de los recursos en una sociedad. Los emprendedores son adalides de la libertad y los principios más honestos del mercado: no buscan privilegios, prebendas o beneficios, sino un espacio donde implementar sus ideas.

Habiendo dicho esto, debo ser muy honesto: creí haber leído y escuchado lo suficiente sobre los emprendedores. Sí, son dignos de aplauso y admiración, pero a mí, que no soy fanático de los discursos inspiracionales y de liderazgo, me bastaba con lo que había visto. En resumen, ¡ya no más foros, conversatorios, paneles o frases de superación!

Eso creía hasta hace muy poco, cuando en un aeropuerto me encontré un librito curioso que me brindó una perspectiva poco explorada de los emprendedores.

En su satírica obra titulada “Assholes: A Theory of Donald Trump”, el doctor en filosofía y estudioso del comportamiento humano, Aaron James, nos explica parte de las razones por las que el magnate se podía encaminar al triunfo y meses después de su publicación esto se confirmó.
Además de su ánimo resuelto, su simple retórica y su apelación constante a la rivalidad y el miedo, el éxito de Trump reside en ser un emprendedor político, concepto que James explica entre las páginas de su segunda entrega de la serie “Assholes”.

Al igual que en la economía, arguye el autor, un emprendedor político rompe con los viejos métodos de producción y administración de recursos. En este caso, el recurso de la toma decisiones y la gestión de lo público. Su distanciamiento con las tradicionales formas del pasado le vuelve atractivo y de manejar bien este capital político, rápidamente se tomará espacios institucionalizados con una retórica fresca (aunque no necesariamente constructiva).

Trump es la esencia de la antipolítica. Se ha distanciado del discurso del “establishment” de Washington y esto jugó a su favor. No le debía favores a financistas, superando un resentimiento típico con la administración usual. No es políticamente correcto y se notaba despreocupado. Todo esto refuerza su imagen de emprendedor político.

Lastimosamente, hay un factor que diferencia al emprendimiento económico del político y es que en el económico, la disrupción conlleva indiscutiblemente a que futuros innovadores tengan el camino abierto y usen de plataforma los logros del pasado. De los avances de unos pioneros se alimenta el éxito de los que vendrán.

En la política, por otra parte, esto no siempre es cierto. Si bien ha habido líderes que pavimentaron el camino de innovación en el discurso para que sus sucesores no tuvieran que volver a andarlo, otros rompen con el ‘establishment’ solo para generar uno nuevo, igual de cerrado que el anterior, siempre basado en la intolerancia, el miedo y la intimidación.

Los líderes antipolíticos no aceleran la innovación en la institucionalidad. Por el contrario, la sustituyen por sus caprichos. El gran riesgo del emprendimiento político de Trump es el discurso personalista que está construyendo y que ese camino que ofrece solo refuerza los caudillismos que tanto daño han hecho en el pasado.

El Salvador no es ajeno a este proceso. Si no, revise las acciones de políticos jóvenes como el alcalde capitalino o algunos diputados junior del partido ARENA. Sí, algo nuevo ofrecen, un estilo de emprendimiento y un “rebranding” de los vehículos que los llevaron al poder. Pero este cambio no refuerza ni acelera los cambios institucionales que precisamos, solo configura un nuevo personalismo basado en el miedo, las políticas públicas no basadas en evidencia sino en mitos y las medias verdades, el oportunismo y el dañino discurso de “buenos contra malos”.

Estos son los emprendedores políticos que no innovan, solo le ponen un disfraz joven a las viejas y peligrosas prácticas del caudillismo.

@docAvelar

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