¿Era Fidel Castro un revolucionario? De Manuel Hinds

manuel hindsManuel Hinds, 2 diciembre 2016 / EDH

Fidel Castro no era un revolucionario. Era el ejemplar más representativo del arcaico caudillismo latinoamericano, la perversión política que ha detenido el progreso de la región por dos siglos. Tiranos que se llaman a sí mismos revolucionarios y que usan ese mote para esclavizar a sus pueblos, hemos tenido por montones. Establecer una tiranía vitalicia no es nada revolucionario en América Latina. Realmente revolucionario sería establecer una democracia funcional y el imperio de la ley, así como respetar las libertades y derechos individuales. Pero Castro hizo lo contrario.

diario hoyLa arcaica tradición caudillista de la que formó parte Castro fue establecida por el siniestro Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, Supremo y Perpetuo Dictador del Paraguay, que reinó por 26 años, desde 1814 hasta 1840. Él la creó en cuatro pasos. Primero, estableció el mensaje básico del aspirante a caudillo. En su versión, él dijo que la revolución latinoamericana había sido traicionada porque había sustituido una élite española con una élite criolla que manejaba el Estado paraguayo. Segundo, él sustituyó a la élite criolla con un solo tirano, él mismo, y purgó a todos los que le ayudaron en su revolución. Tercero, arrasó con toda posible oposición con una sangrienta política de terror, concentró toda el poder económico y político en su propia persona, nacionalizó la mitad de las tierras y empobreció al pueblo para convertirse en Dictador Perpetuo. Cuarto, ejerciendo el poder arbitrariamente, destruyó todas las instituciones del país. Emergió como el dueño de vidas y haciendas de Paraguay.

Las lecciones del Dr. Francia fueron muy bien aprendidas por la larga cadena de tiranos que han destrozado a la América Latina desde la Independencia. Ha pasado tanto tiempo que la gente no realiza que, con todo su lenguaje revolucionario, el último de ellos, Fidel Castro, era sólo una reproducción del nefasto Dr. Francia y de todos los otros caudillos latinoamericanos. Igual de sangriento, igual de arbitrario, igual de arcaico.

Igual que el Dr. Francia, Castro denunció a una tiranía, la de Fulgencio Batista, y se alzó en revolución contra ella. Ya en el poder estableció en nombre de la revolución una tiranía peor y más sangrienta que la de Batista y de cualquier otro tirano latinoamericano. En la primera ronda de esta sangrienta represión, Castro eliminó a la élite cubana con el paredón o forzándola a irse del país. Esto lo hizo no sólo con la élite preexistente sino con los revolucionarios que lo acompañaban —como el Che Guevara, Húber Matos y Camilo Cienfuegos—de quienes de deshizo para convertirse en el Supremo.

Luego nacionalizó toda la tierra y la industria y los servicios del país para quitarle la base económica a cualquier opositor existente o potencial. Igual que el Dr. Francia, Castro concentró en sí mismo todo el poder del país, empobreció al pueblo y destruyó todas las instituciones cubanas con sus comandos arbitrarios.

Compare a Fidel Castro con los verdaderos revolucionarios que derrotaron el absolutismo y formaron a los países ahora desarrollados —tales como George Washington, Thomas Jefferson, James Madison y los cientos de próceres que crearon la democracia liberal que caracteriza a las sociedades desarrolladas— y no encontrará ningún parecido. Castro no estaba en la categoría de esos individuos, ni de lejos. Estaba del lado del absolutismo. Castro fue idéntico, y por tanto, pertenece a la categoría del Dr. Francia, Anastasio Somoza padre, Anastasio Somoza hijo, Rafael Trujillo, los dictadores militares argentinos y muchos otros tiranos de los siglos XIX y XX. Por supuesto, Fulgencio Batista no llegaba a esa categoría. Mató muy pocos y los daños que hizo a la sociedad cubana fueron muy pequeños, comparados con los que hizo Fidel Castro.

América Latina no progresa porque sigue estando dispuesta a entregar su libertad, sus derechos y su potencial de crecimiento a caudillos que le prometen el oro y el moro con tal de que los dejen adquirir el poder absoluto, enriquecerse y sacarse una ambición y una destructividad desaforadas. Fidel Castro fue, como el Dr. Francia, los Somoza y Trujillo, uno de tantos Supremos y Perpetuos Dictadores que le sacaron todo al pueblo y le dieron destrucción y sufrimiento como pago.

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