Sistema educativo en crisis permanente. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 28 noviembre 2016 / EDH

Los promedios de la Prueba de Aptitudes y Aprendizaje para Egresados de Educación Media (Paes) del último quinquenio, y periodos más atrás, son preocupantes. En los años 2011, 2012, 2013, 2014, 2015 y 2016 los promedios han sido 4.85, 5.0, 5.3, 5.2, 5.3 y 5.26, respectivamente. El resultado se ha mantenido sin cambios significativos en los últimos años, lo cual nos debería hacer pensar a todos (Gobierno, estudiantes, padres de familia y ciudadanía en general) cómo pretendemos avanzar como sociedad si el sistema educativo encargado de formar a la mayoría de niños y jóvenes adolece de serias deficiencias en todos los niveles.

Además de lo penoso que puede ser el resultado para los estudiantes que han reprobado dicha prueba, es aún más lamentable que las autoridades del ramo de educación, instituciones y diario hoyfundaciones que deberían fomentar el desarrollo de la educación se dediquen en los últimos días a explicar y justificar (sin brindar propuestas o soluciones) la triste nota promedio de la prueba, en vez de hacer un diagnóstico a conciencia del estado actual del sistema educativo, aceptar los errores y buscar la forma de corregirlos.

En una total oda a la mediocridad, muchos han justificado la nota promedio de la Paes en que un alumno de una escuela que no tiene agua, con mala infraestructura, profesores con preparación deficitaria, que probablemente sufren de desnutrición, no tienen que ser evaluados de igual forma que los jóvenes de instituciones que gozan de infraestructura de calidad, profesores capacitados y que su familia les puede proveer de una buena calidad de vida. Con ello, dan a entender que las diferencias de condiciones existentes entre escuelas rurales y urbanas, así como la diferencia de calidad entre instituciones públicas y privadas, deben ser consideraciones a tener en cuenta en el rigor de la evaluación.

El problema no es la Paes en sí misma, su elaboración o nivel de dificultad; el problema que tenemos frente a nosotros y deliberadamente estamos ignorando es el nivel de calidad educativa que se les está brindando a los estudiantes, así como las condiciones en las que profesores y alumnos se encuentran desarrollando sus actividades diarias. Si los alumnos no tienen buenos profesores y las condiciones adecuadas para desarrollar el proceso de aprendizaje es poco probable que las cosas cambien.

En vez de justificar la deficiente nota promedio de la Paes y pedir que se cambie la vara con la que se mide a unos y otros, deberíamos buscar la forma de equiparar las condiciones deficitarias de las escuelas a aquellas instituciones que han demostrado encontrarse en un buen nivel, logrando así establecer una igualdad de condiciones para todos los niños y jóvenes del país. El Gobierno y el Ministerio de Educación deben enfocar los esfuerzos en depurar su planilla de profesores y mantener a aquellos que cuenten con la suficiente calificación para brindar educación de calidad; además, preocuparse por mejorar el estado de la infraestructura de las escuelas, ya que la calidad de la educación parte del ambiente en que se desarrollan las actividades educativas.

La jurisprudencia constitucional ha reconocido que la educación representa una de las herramientas fundamentales con la que cuenta el Estado salvadoreño, para lograr construir una sociedad sedimentada en los valores de justicia (concretada en libertad e igualdad), seguridad jurídica y bien común, así como en el respeto de la dignidad humana. Y, además, el Protocolo de San Salvador ha señalado que la educación “debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad democrática y pluralista, lograr una subsistencia digna, favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos raciales, étnicos o religiosos y promover las actividades en favor del mantenimiento de la paz”.

Una sociedad educada se constituye como un prerrequisito para un verdadero Estado de Derecho.  Los problemas que actualmente sufrimos como sociedad tienen una de sus raíces en la deficiente calidad de educación que se ha vuelto permanente en El Salvador. Una sociedad educada se preocupa por ser una sociedad informada y exigente sobre el trabajo de sus funcionarios, capaz de reconocer sus derechos y deberes frente al Estado y el resto de la sociedad. Preocupémonos más por la calidad del sistema educativo en el país.

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