Verdades y mentiras virales en las redes, la web y la prensa escrita. De Ricardo Chacón

Con la llegada de la realidad virtual, las redes sociales y la web, surgen viejos desafíos, como son utilizar los medios para engañar, despotricar contra el adversario y destruir al oponente; vicios viejos con ropa nueva.

Ricardo Chacón es editor jefe de El Diario de Hoy

Ricardo Chacón es editor jefe de El Diario de Hoy

Ricardo Chacón, 27 noviembre 2016 / EDH

El Salvador ya ha padecido esta lacra nacida en la web y las redes sociales, la de los robots programados para responder masivamente, divulgar información falsa que incluye de troles pagados, redes de sitios web y cuentas en redes sociales no solo para fomentar tal o cual idea, doctrina o partido, sino para atacar y despotricar contra el enemigo político; la red en El Salvador está copada por el momento y los responsables, vinculados con algún “político joven”, alcalde que aspira a la presidencia, están procesados judicialmente.

diario hoyEsta lacra que utiliza el ciberespacio como campo de batalla para terminar con el oponente, pareciera que tuvo su presencia, y de manera sustancial, en las elecciones presidenciales en Estados Unidos que dieron como resultado una victoria del republicano Donald Trump sobre la demócrata Hillary Clinton.

Las noticias falsas y artículos engañosos, reproducidas por millones, en miles de sitios web y millones de cuentas, en la web y las redes, pareciera que han tenido una incidencia importante en los comicios de Estados Unidos, es más, se cree que estuvo ayudado por una sofisticada campaña de propaganda rusa que pretendía “castigar a Clinton, ayudar a Trump y socavar la fe en la democracia estadounidense” revela una publicación del Washington Post, en base a dos institutos de investigación independientes.

El tema, retomado por el periódico catalán La Vanguardia, consigna los trabajos de investigación del Foreign Policy Research Institute y de PropOrNot, quienes “han descubierto que los rusos utilizaron plataformas tecnológicas estadounidenses para atacar a la democracia de ese país”.

En las investigaciones se usaron herramientas de análisis de Internet para rastrear el origen de tuit específicos y mapearon las conexiones entre las cuentas de redes sociales que continuamente lanzaban mensajes a una misma voz, sincronizados. En muchas ocasiones, dice la información de La Vanguardia y el Washington Post, los códigos de sitios web revelaban que el propietario era el mismo, en otros casos, detectaron que frases exactas se repetían en webs y cuentas de redes sociales rápidamente, señalando la pertenencia a redes conectadas y controladas por una sola entidad (cualquier cosa con lo ocurrido en El Salvador es pura casualidad…).

La cuestión es más seria, en un estudio de Buzzfeed, publicado por Infobae que retoma al periódico inglés The Guardian, sostiene que “a las noticias falsas les fue mucho mejor que a las verdaderas en los tres meses finales de la pelea por la Casa Blanca… las cifras son reveladoras, en esos momentos críticos de la campaña, las 20 noticias de mejor desempeño de sitios falsos y blogs hiperpartidarios generaron 8 millones 771 mil acciones de compartir, calificar y comentar en Facebook. En el mismo período, las 20 noticias de mejor desempeño de 19 sitios de noticias de importancia generaron 7 millones 367 mil acciones de compartir, calificar y comentar en Facebook… en esos meses finales, además, el volumen de contenidos falsos superó el de las noticias verdaderas”.

“El papa Francisco sorprende al mundo y apoya a Donald Trump para la presidencia, Wikileaks confirma que Hillary vendió armas a ISIS, Aparecen muertos en su apartamento el agente del FBI sospechoso de la filtración de los correos electrónicos de Hillary”… son algunas de las noticias falsas que nos llevan a tres ideas, que mencionaré a vuelo de pájaro: uno, pareciera que estas noticias forman parte de una estrategia mucho más amplia en la guerra de propaganda que afecta no solo a la política actual sino los mismos fundamentos de la democracia; dos, el papel de los medios y su relación con la web y las redes tiene un nuevo filón que dirimir, la veracidad de la información que se hace pública, cuestión que pasa, entre otras cosas, con filtros muchos más drásticos en las redes sociales y en los mismos medios de información; y tres, la labor de la prensa y de los periodistas requiere afinar sus armas para asegurar que tal o cual hecho tiene de base la realidad y que las noticias o la información sobre esos hechos son veraces, tienen una fuente precisa y por supuesto está contrastada con diversas voces que intervienen.

En este contexto me parece sumamente importante que tanto Facebook como Google han puesto a sus técnicos a desarrollar las medidas operativas para la identificación y eliminación de las noticias falsas; no solo se trata de medidas técnicas, que son importantes, sino también de políticas claras y definidas para acabar con esta práctica que pone en peligro la libre difusión del pensamiento en la web y las redes sociales.

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