Aspectos básicos de las elecciones en los Estados Unidos. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 7 noviembre 2016 / EDH

Las elecciones de Estados Unidos han inundado las noticias en los últimos días. No es para menos. Los resultados de esta carrera electoral tendrán influencia en temas que nos importan a los salvadoreños y a la comunidad latina en general; las ideas del nuevo presidente tendrán influencia en asuntos como la política exterior, inmigración, cooperación económica, entre otros.

El candidato republicano, el empresario Donald Trump, ha estado rodeado de polémica durante casi toda la carrera hacia La Casa Blanca; comentarios despectivos hacia grupos históricamente marginados (latinos, mujeres y discapacitados) han movilizado a estos sectores a votar y están haciendo bajar los índices de abstención electoral en la votación adelantada en estados fronterizos como Arizona, donde la población latina ha aumentado su participación.

diario hoyPor su parte, Hillary Clinton también se ha visto envuelta en polémicas relacionadas con una investigación federal sobre el uso incorrecto de su correo electrónico personal durante el ejercicio de su cargo en el gobierno de Barack Obama. Además, su matrimonio con el expresidente Bill Clinton, su amplia carrera política como senadora y secretaria de Estado, ha dejado como legado muchos detractores.

Las elecciones en los Estados Unidos no se ganan considerando cual candidato obtiene la mayor cantidad de votos de la ciudadanía, como sí sucede en El Salvador (quien tiene más votos gana la presidencia). Lo anterior se debe al sistema adoptado por la Constitución de ese país, la cual establece al federalismo como la forma de organización y gobierno de los Estados Unidos. Hay 50 Estados que gozan de autonomía en su organización y reglas de funcionamiento, con la única limitante de la prohibición de las monarquías como gobiernos locales.

Para la votación existen distintas reglas en cada estado. Por ejemplo, en Oregón y Colorado únicamente se puede votar enviando la boleta por correo postal; en California, Arizona, Florida y Oklahoma, entre otros, es válido votar de manera adelantada al día oficial de las elecciones; y en estados como Nueva York, Alabama y Kentucky debe acudirse a las urnas el 8 de noviembre. Contrario a la mayoría de países latinoamericanos, donde las elecciones se realizan en domingo para facilitar la asistencia, en los Estados Unidos se realiza en día de semana y las actividades laborales se ejecutan de manera regular.

La elecciones en los Estados Unidos las gana el candidato que obtenga la mayor cantidad de los 538 votos electorales en disputa; cada Estado tiene un número de votos electorales igual al número de representantes que posee en el Congreso, más dos votos por sus escaños en el Senado. Quien obtiene 269 votos electorales o más gana la presidencia del país.

Según una publicación del periódico estadounidense The New York Times, los Estados “swing” que podrían definir las elecciones son Virginia, Minnesota, Nuevo Hampshire, Pennsylvania, Colorado, Michigan, Wisconsin, Carolina del Norte, Nevada, Florida, Arizona, Iowa, Georgia, Ohio y Missouri. Se les denomina “swing” en relación a la posibilidad de inclinarse tanto del lado de los demócratas como del lado de los republicanos; a dichos Estados les pertenecen 193 votos electorales.

Esta elección es importante para los estadounidenses no solo por la dirección que el Gobierno federal tomará, sino también debido a que el nuevo presidente estará habilitado para proponer al Senado al sustituto del juez Antonine Scalia en la Corte Suprema. Además, teniendo en cuenta la edad promedio de retiro de los magistrados de esta Corte, es probable que en los próximos 4 años sea necesario nominar a 3 candidatos más, por lo que podría cambiar la conformación y pensamiento de esta importante institución.

Al ser una de las grandes potencias mundiales, la elección del presidente de los Estados Unidos tendrá gran impacto no solo en ese país, sino también en sus relaciones políticas, económicas y migratorias con el resto del mundo. Hay alrededor de 57 millones de latinos viviendo ahí, que representan el 17 % del total de la población; de estos, 27.3 millones están habilitados para votar y se espera una participación de 13.1 millones.  Esta elección es importante para El Salvador teniendo en cuenta los casi dos millones de compatriotas que han emigrado a ese país, quienes se han convertido en unos de los pilares de la economía salvadoreña a base de remesas.

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