Inversión y crecimiento para la sostenibilidad de las pensiones y finanzas públicas. De Alberto Arene

El acuerdo fiscal debe incluir una estrategia sostenida de inversión y crecimiento, o lo acordado será más endeudamiento para pagar deudas de ayer y hoy, programando postración económico-social hoy y mañana, y el estallido de una mayor bomba previsional y fiscal pasado mañana.

alberto-arene2Alberto Arene, 27 octubre 2016 / LPG

Ni el gobierno ni la oposición parecieran –todavía– preparados para la negociación de un buen acuerdo fiscal porque no han priorizado el aspecto más importante para hacer sostenible la deuda y las finanzas públicas: la inversión y el crecimiento. Con dos tercios de la población económicamente activa en el sector informal, y una buena parte del sector formal también con muy bajos niveles de productividad, ingresos y crecimiento, no es posible la sostenibilidad ni del sistema de pensiones ni de la deuda pública. El acuerdo fiscal debe incluir una estrategia sostenida de inversión y crecimiento, o lo acordado será más endeudamiento para pagar deudas de ayer y hoy, programando postración económico-social hoy y mañana, y el estallido de una mayor bomba previsional y fiscal pasado mañana.

la prensa graficaHasta ahora el mensaje y narrativa del Gobierno/FMLN han estado centrados en que ARENA apruebe los $1,200 millones para pagar deudas y obligaciones acumuladas hasta el final de año (Letes y Eurobonos, pensiones, acreedores, subsidios y aguinaldos), mientras que el de ARENA ha priorizado la contención y reducción del gasto y del endeudamiento. De esta visión y confrontación saldrán –ojalá– acuerdos sobre: 1. Un monto entre $500 y $ 1,200 millones para pagar esas deudas y obligaciones acumuladas (con montos distribuidos en uno o dos tramos). 2. Ajuste fiscal de 3 % del PIB (ejecutado entre 3 y 5 años). 3. Presupuestos transparentes y más equilibrados (con sus respectivos déficits y financiamientos). 4. Niveles máximos de deuda flotante para la emisión de Letes (entre 10 y 25 % de los ingresos corrientes). 5. Una ley de responsabilidad fiscal que norme y obligue a la ejecución de 2, 3 y 4. Estos acuerdos inyectarán liquidez y evitarán impagos al menos hasta la conclusión de este gobierno. La tensión y negociación se dará en torno a los parámetros en paréntesis determinada por el respectivo costo político de cara a los intereses y cálculos político-electorales en la coyuntura electoral 2017-2019.

Estos acuerdos son importantes porque evitarán los impagos en los próximos 3-5 años, y posibilitarán niveles de endeudamientos anuales menores (de 4 a 3 o 2 % del PIB), a partir de un menor nivel de gastos e inversiones del Estado y los particulares, y de un menor nivel de consumo con efectos negativos sobre el crecimiento. Pero si los acuerdos concluyen aquí, solo se logrará posponer algunos años los impagos, no la sostenibilidad de la deuda y de las finanzas públicas, desperdiciando la última oportunidad de lograrlo. Tres años después las deudas y sus impagos regresarán con mucho mayor fuerza, con niveles de endeudamiento mucho mayor frente a un PIB estancado durante una década consecutiva.

Para enfrentar la crisis fiscal se deberá impulsar una visión y una estrategia de sostenibilidad de las finanzas públicas que además de estabilizar la caja fiscal temporalmente (3 años) logre sacar al país del estancamiento a la prosperidad a partir de la inversión y el crecimiento, eje principal de mediano y largo plazo para enfrentar y resolver la crisis fiscal. En efecto, a mayor crecimiento menor déficit fiscal y menor endeudamiento para financiarlo, mejores ingresos respecto a egresos fiscales, y menor deuda pública respecto a mayor PIB. Mejores empleos decentes y menor tamaño del sector informal, incorporando a muchos más trabajadores al sistema de pensiones, fortaleciendo su base y sostenibilidad. Asimismo, las impostergables reformas paramétricas aumentarán el monto de contribución y la edad de retiro posibilitando una mayor sostenibilidad del sistema de pensiones. Mientras la reforma fiscal integral pro-inversión y crecimiento aumentaría los ingresos fiscales y la progresividad del sistema.

El comportamiento del liderazgo político salvadoreño es típico de sociedades atrasadas más centradas en las manifestaciones de los problemas y no en sus causas, en administrar los problemas, la pobreza y la escasez, no en superarlas, en resolver el corto plazo, no en darle viabilidad y sostenibilidad al país en el largo plazo, en la administración del pasado agotado, no en la creación de viabilidad y futuro.

Con la palanca negociadora de los $1,200 millones para pagar deudas diversas, una ley de responsabilidad fiscal y un ajuste realistas, y la aprobación de otros financiamientos para proyectos prioritarios de desarrollo, la oposición debe ser firme en la condicionalidad de la sostenibilidad de las finanzas públicas, priorizando la inversión y el crecimiento. El problema que ahora confrontamos es que cada vez será más difícil resolver el presente si al mismo tiempo no se le apuesta a resolver el futuro.

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