Buscando entendimientos para salir del hoyo y comenzar a caminar. De Roberto Rubio

roberto rubioRoberto Rubio, 1 agosto 2016 / LPG

Desde hace más de 10 años, en los medios de comunicación habrán aparecido miles de artículos, análisis, declaraciones, entrevistas, llamando la atención sobre la peligrosa ruta en la que se encaminaban las finanzas públicas. Se ha venido afirmando que estas no eran ni estables ni sostenibles, que la manera de enfrentar esta situación no era con la política cortoplacista de impulsar medidas tributarias aisladas y recurrir alegremente al endeudamiento, que de seguir así íbamos derechito al camino del impago, que era necesaria una reforma fiscal integral acompañada de medidas de reactivación económica, etcétera. Ahora los hechos recientes les dan la razón. Sin embargo no es momento de decir “te lo dije”. Es momento de buscarle solución a los peligrosos retos que tenemos enfrente.

la prensa graficaPara comenzar, hay que abandonar la visión dualista, donde el oficialismo insiste en el aumento de impuestos y la oposición en la disminución de gastos. Lo uno no se puede ver sin lo otro. Asimismo, para ambos hay espacio, incluso en período de bajo crecimiento. Por el lado de los ingresos, hay impuestos que no son recesivos ni inequitativos: el impuesto a la plusvalía, el predial, el “check-off”, los tributos a bienes de lujo y nocivos, la ampliación selectiva de la base tributaria, etcétera. Por el lado del gasto hay reducciones/focalizaciones con menor impacto social: eliminación de “plazas fantasmas”, mejor focalización de subsidios y de incentivos fiscales, eliminación de “plazas improductivas” o “grasa estatal”, acciones efectivas de combate a la evasión y la corrupción, etcétera. Todo ello a la par de medidas de estímulo a la inversión y de reactivación económica.

Para ello hay que salir del debate de las culpas: de si fueron los 20 años de ARENA o los 7 del FMLN, de quién es el más ladrón del fondo de pensiones. Ojalá se entienda de una vez por todas que la culpas son compartidas, unos por haber generado problemas, y los otros por haberlos profundizado o haber generado nuevos.

De igual manera, hay que abandonar las posiciones prepotentes, incoherentes y electoreras del partido/gobierno, así como las posiciones “kamikaze” de sectores de oposición, que quisieran hacer explotar la gestión gubernamental con la creencia equivocada que los muertos votarán por ellos.

Valga señalar también que el entendimiento tiene que ser integral. No solo en el sentido fiscal, sino en el sentido amplio de lo económico. Es decir que la búsqueda de acuerdos no solo debe ser para salir del apuro y del hoyo actual en que nos encontramos, sino para darle sostenibilidad tanto a las finanzas públicas como al crecimiento, de cara a impulsar un sólido proceso de desarrollo. Sin crecimiento económico las finanzas públicas no son sanas ni sostenibles, y sin finanzas públicas sanas y sostenibles estas no pueden contribuir al crecimiento y menos al desarrollo. De ahí que la búsqueda de acuerdos debe hacerse paralelamente en materia fiscal como de reactivación económica, dando tratamiento específico pero integral a cada componente.

Uno de los principales escollos para el entendimiento es la crisis de confianza que existe entre las principales fuerzas políticas, y entre el gobierno y sectores claves de la empresa privada. El gobierno anterior incumplió acuerdos en materia fiscal con el FMI, así como con la Asamblea Legislativa, y por tanto no existen razones de peso para pensar que los compromisos gubernamentales adoptados se cumplirán; especialmente en período preelectoral donde los costos políticos de las medidas de ajuste cobran relevancia. De ahí que para desactivar la desconfianza sea necesario, por un lado, dar señales previas, como el establecimiento de un acuerdo precautorio con el FMI, y por otro lado, el establecer una buena metodología e ingeniería política para la construcción e implementación de acuerdos. Entre otros, partir de lo simple a lo complejo, contar con buena facilitación externa y testigos creíbles, considerar los acuerdos con base en su viabilidad técnica, financiera y política, y sobre todo, alejarse de la cosmética, la foto, los aplausos de payaso y los fuegos artificiales. De esto último ya estamos cansados.

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