Un Espacio para nuevas voces e ideas que quieren “romper la caja”

 

Abrió un sitio llamado “Espacio”, y todos los que escriben son jóvenes que hasta ahora no tuvieron donde expresarse. Voces bastante articuladas, y bastante irreverentes. Se perfila una generación que apuesta a la renovación de la política, y que ya rompió con los dogmas de la derecha conservadora y de la izquierda autoritaria. Presentamos algunos de los autores y sus planteamientos. Recomendamos darle seguimiento a este grupo de opinadores.

Segunda Vuelta

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Adiós tren, me voy caminando sola. De Adriana Juárez

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Adriana-Juárez-200x200Adriana Juárez, 7 julio 2016 / ESPACIO

—¿Ya se casaron sus hijas, Maribel?, le preguntaron una vez a mi mamá.  Orgullosamente respondió: —Todavía no, están solteras, sin hijos, graduadas, trabajando en lo que les gusta y disfrutando su dinero solo para ellas. —A cambio, tuvo gestos de desaprobación y miradas de incomodidad. —Pero ya están grandes, las van a dejar el tren. —Criticaron.

Como que si todas estuviéramos esperando el mismo tren. Como que si todas quisiéramos seguir por las mismas vías de ese tren…

Qué incomodidad provoca cierto grado de independencia en las mujeres. Ruego por favor no se me vaya a tomar mi opinión como feminista. Hoy no es el caso.

Recuerdo perfectamente cuando mi hermana de en medio le dijo a mi mamá que se iría a vivir sola. —El nido se ha hecho pequeño mamá, somos 4 mujeres con alas grandes. Tengo que volar. —Nadie se entristeció. La valoramos y respetamos, como cualquier independiente valora y respeta a otra de su clase.

Traigo estas memorias a colación, porque tal parece que hoy en día, en pleno Siglo XXI, ver a una mujer que vive sola, sin casarse y sin hijos, está mal visto. Y es porque tenemos siempre el estereotipo de la mal llamada “niña de casa”. Aquella mujer buena, de familia, que sale de blanco de su casa. ¿Respetable? Por supuesto, como cualquier postura individual. Erróneamente pensar, que todas las mujeres tienen que ser así.

“Ya tiene 35 y aún no tiene hijos.” Escándalo. Vergüenza. Lástima. Eso piensa cierto sector al escuchar tal frase. ¿Y qué si no quiere ser madre? ¿Y qué si no ha encontrado alguien que valga la pena? ¿Y qué si no quiere hijos todavía porque está realizando sus sueños primero? ¿Y qué si es egoísta?

El problema es que educamos y les enseñamos a las niñas que el día más feliz de sus vidas es cuando se casan y no cuando se gradúan. Hemos enfatizado que para ser una verdadera mujer tenes que estar casada antes de los 30. ¿Por qué no hemos valorado el tener una maestría antes de los 30? ¿Por qué no viajar antes de los 30? Se crea una atmósfera de apocalipsis al pasar los 30 años sino te has casado o no has tenido hijos.

Mi columna no va a cambiar esa mentalidad y lo sé. No la escribí para eso. La escribo para todas esas mujeres que deciden por y para ellas. Por esas mujeres que se quieren ir de viaje solas. Por esas mujeres que se quieren ir a vivir solas. Por todas aquellas que no están listas para ser madres y les importa poco si las dejó el maldito tren. Porque el camino se lo hicieron solas, porque no necesitan de un tren para realizarse. Porque caminan y dan pasos independientes y forjan su destino así, independientes.

La próxima vez que veas o escuches de una mujer así, felicítala de mi parte. Que orgullo no ceder a tus metas. ¡Qué orgullo!

Esta columna está dedicada a mis dos hermanas mayores. A esas mujeres que a sus 30 y pico de años están siendo tan independientes como nunca y tan felices como siempre.

No queremos regalos, queremos oportunidades. De Héctor Silva

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IMG_8516-200x200Héctor Silva, 24 junio 2016 / ESPACIO

El Salvador es un país pobre, desigual y sistemáticamente corrupto que lleva décadas atrapado en el egoísmo de sus funcionarios y la apatía de sus ciudadanos. Nuestro país tiene problemas estructurales profundos que no pueden ser solventados con pequeños parches diseñados con propósitos electoreros. Ya basta de parches. Ya basta de apatías.

El programa anunciado por el presidente de la República hace un par de días pretende darle, según el mandatario, “dinero en efectivo” a  jóvenes que ni estudian ni trabajan con el fin de que puedan capacitarse, hacer pasantías laborales o “abrir un negocito”. Esta iniciativa no es nada más que eso, un parche temporal que al largo plazo no va cambiar nada. Para entender los fallos claves de este plan del Gobierno de El Salvador es necesario aclarar varios puntos esenciales que han sido mal interpretados por sus defensores.

Este programa no está dirigido hacia jóvenes que “se están muriendo de hambre”. Según la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia, este programa será implementado, por lo menos en un futuro cercano, en tres municipios: Soyapango, Santa Ana y San Miguel. En el último estudio de pobreza realizado por el Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL) ninguno de esos municipios se encuentra en la categoría de pobreza extrema severa, alta o moderada. Estos no son los municipios más pobres de El Salvador. Estos no son los municipios donde los niños se mueren de hambre; estos son los municipios donde los niños se convierten en jóvenes “ninis” porque no existe un sistema educativo eficaz que les permita completar sus estudios. Estos son municipios donde los jóvenes que terminan su bachillerato, y los que no, carecen de oportunidades por igual, porque viven en un país donde no hay inversión privada y se genera una cantidad mínima de empleos.

La iniciativa, dirigida hacia los jóvenes que ni estudian ni trabajan, ignora los obstáculos más grandes a los cuales este grupo de la población se enfrenta. Los jóvenes no estudian porque un gobierno de renta media, que no es capaz de invertir ni siquiera el 3% de su PIB en su sistema educativo –aunque así lo prometió en campaña-, tampoco les puede proporcionar las condiciones para que lo hagan. Un sistema político que es incapaz de darle a su país la reforma fiscal que necesita –que no es solo subir impuestos porque no hay dinero en caja chica- tampoco puede ofrecerle a estos jóvenes oportunidades de empleo.

Estos dos obstáculos no se resuelven con doce meses de capacitaciones, eso es solo una solución rápida, alimentada por la falta de visión y las prioridades electoreras que han caracterizado a este gobierno. El bono que el presidente pretende darle a este grupo de jóvenes no es una inversión; es un gasto. Si no se invierte en el sistema educativo y se celebra un crecimiento económico del 2.5% como un logro, los ninis seguirán viniendo, cada año, en cantidades más significativas. ¿Entonces? No resolvimos nada.

El problema de los jóvenes que no estudian es uno estructural y sistemático, que por lo tanto requiere soluciones con las mismas características. Es fácil decir que estos programas nos acercan más a la igualdad social y a la creación de oportunidades que existe en países como Suecia, pero es igual de fácil omitir que Suecia invierte el 7.3% de su PIB en su sistema educativo, más de 4 puntos porcentuales por encima de El Salvador. La solución está ahí, en la inversión, no en el gasto.

P.D. No puedo dejar de mencionar que la comparación del Programa de Apoyo Temporal al Ingreso (PATI) con este programa, hecha por un columnista de esta revista, es errada. A diferencia de este programa, el PATI trabajaba de la mano con las municipalidades para capacitar a sus benefactores, pero técnicamente: las municipalidades pagaban por servicios que estos jóvenes les brindaban utilizando fondos del Estado. El PATI les pagaba $100 mensuales a jóvenes que realizaban labores para las comunas, capacitándolos en el proceso. Este programa brindaba una solución de la cual se beneficiaba directamente la comuna y por ende sus ciudadanos, por el trabajo realizado por los jóvenes. El PATI no era un bono, ni un subsidio, era un pago por servicios con un componente social y didáctico.

El odio que se transformó en violencia y luego en muerte. De Erick Iván Ortiz

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erick-200x200Erick Iván Ortiz, 24 junio 2016 / ESPACIO

La globalización y la hiperconectividad actual nos han acercado unos a otros como nunca antes. Este contexto presenta grandes oportunidades económicas; sin embargo, también plantea grandes retos sociales. Nuestra cercanía actual nos obliga a relacionarnos diariamente con realidades tan diversas como cada uno de nosotros. La capacidad de convivir es vital, pero también el principal desafío.

El fracaso de nuestras sociedades para incluir a grandes segmentos poblacionales es evidente desde las perspectivas: económica (la pobreza sigue siendo un reto acuciante), política (la crisis de representatividad es cada vez mayor) y social. Y quisiera profundizar en esta última, puesto que tiene una manifestación prácticamente global: la inseguridad. La receta habitual para esta pandemia son más policías, más cámaras, leyes más severas, es decir, más seguridad. Esto es el equivalente a tapar el sol con un dedo. No porque el factor coercitivo no sea necesario, sino porque es insuficiente.

Omar Mateen, un estadounidense de nacimiento que creció, se educó y trabajó en Estados Unidos, protagonizó el último ataque terrorista que por hoy llama la atención mundial en Orlando, Florida. El saldo, 49 muertos y 53 heridos, es la mayor matanza en Estados Unidos desde el 9-11. Este tiene un factor diferenciador de otros ataques como los de París, Estambul o Nairobi, puesto que su objetivo era la comunidad LGBT. Fue un ataque de odio, de intolerancia, justo en el inicio de las celebraciones del mes de la diversidad sexual. ¿El detonante? Su padre argumenta que Mateen era homofóbico y que pocos meses atrás vio a dos hombres gay besándose en la calle y estalló en cólera.

Pero ¿de dónde nace un odio tan grande como para matar a sangre fría a tantas personas? ¿Qué lleva a ciudadanos del primer o tercer mundo a matar a otros como ellos? Ciertamente no hay justificantes para los atroces crímenes que estas personas han cometido, ninguna idea debería jamás defenderse con balas. Sin embargo, en vista de que esta espiral de violencia lejos de parar solo aumenta, bien haríamos en considerar factores estructurales que provocan hechos de semejante barbarie. En la médula de la pandemia de inseguridad actual subyace la marginación, la discriminación y la falta de oportunidades. Un caldo de cultivo perfecto para la violencia.

No hay que irse tan lejos para visualizar la gravedad del problema, El Salvador es un caso paradigmático en este asunto. El nuestro es un país donde confluye de forma visceral la visión de ellos contra nosotros, lo vemos a diario en múltiples facetas: izquierda contra derecha, hombres contra mujeres, católicos contra evangélicos, heterosexuales contra homosexuales, ricos contra pobres. Vivimos en burbujas, separados por muros, por odios y rencores. Hemos llegado al punto en el que como sociedad estamos dispuestos a que el Estado utilice su poder para eliminar, literalmente, a parte de la ciudadanía con tal de mantener a raya todo lo que no compartimos, lo que no entendemos. Preferimos balas a palabras.

Las nuestras son sociedades que se han cimentado sobre la base de la división por raza, sexo, religión, orientación sexual, ideologías políticas y un sinfín de etcéteras. A pesar de que nada es más normal que la diversidad en los seres humanos, nos han enseñado a huir de nuestras diferencias, a ocultarlas. Nos han acostumbrado a luchar entre nosotros por etiquetas, inclusive a matarnos por ellas. No es casualidad, por tanto, que en el reto de la convivencia estemos fracasando estrepitosamente.

La construcción de sociedades justas, incluyentes, tolerantes, respetuosas y empáticas por los demás son el antídoto para la crisis social de nuestros tiempos. Ya lo decía el ilustre reverendo Martin Luther King: «Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos». Nunca es tarde para aprender y hoy, más que nunca, necesitamos aprender a convivir con nuestras diferencias, debemos apostar por reivindicar una sola etiqueta que compartimos sin distinción: todas y todos somos humanos.

Rompamos la caja. De Sara González

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saraSara González, 8 julio 2016 / ESPACIO

¿Te has puesto a pensar por qué la mayoría de los líderes políticos del mundo son hombres? Es una realidad que ha venido desde el inicio de la humanidad, él es el que manda y ella debe ser sumisa.  La historia ha depositado en una caja a muchas mujeres, muchas con gran potencial. A lo largo de los años esas mujeres que no aceptaban ser sometidas y decidían salir de la caja eran castigadas o denigradas, pero eso ya no es así. Estamos en el siglo XXI en donde la libertad de expresión es el poder más grande que se nos ha otorgado.

Es incoherente y sobre todo triste que la estructura política este segmentada por sexo, cuando las mujeres somos más de la mitad de la población electoral. Es necesario que las mujeres nos involucremos más en la política y en la toma de decisiones, ya que el perfil del sexo femenino tiene características que son exitosamente complementarias con la política.

Nosotras somos seres con una cosmovisión diferente, respetuosas a los diversos puntos de vista, lo cual nos permite crear una visión real y compartida de la realidad. Además, nosotras somos capaces de proponer soluciones que anhela la población, siempre con la transparencia como aliado número uno.

Sobre todo nosotras poseemos la capacidad de superar los métodos retrogradas de solucionar enfrentamientos; no buscamos soluciones al conflicto con más conflicto, guerras con más guerras, injusticias con más injusticias sino que con diálogo.

Nosotras, las mujeres tenemos la capacidad de ser equilibradas, de equilibrar la emoción con la razón. Esto es fundamental, somos empáticas y emocionales pero al mismo tiempo racionales ante una situación, de esta forma podemos ver la situación desde diversos puntos de vista y encontrar la solución más óptima.

Con todas estas cualidades podemos dejar de solo escuchar a nuestros gobernantes que solo nos muestran los problemas y no hacen nada, ¡involucrémonos y demos soluciones!

Si seguimos inconformes con los líderes políticos pero con miedo de involucrarnos no solucionamos nada, solo agravamos la situación. La gente quiere nuevos líderes y nuevas formas de hacer política, seamos nosotras esas nuevas líderes, con métodos innovadores, humanos, legales y sobre todo siempre velando por el bien común y no por el interés propio.

La persistencia de esta desigualdad es un obstáculo para el desarrollo y la gobernabilidad democrática en el país. Es tiempo de perder el miedo y salir de esa caja en la que cual la sociedad nos ha metido, esa caja donde hay sin fin de mujeres preparadas y capaces de ser mejores líderes.

Yo decidí salir de la caja, empecé a involucrarme y dar soluciones, pero ya no solo basta con salir de la caja, entre todas, debemos romper la caja.

Para el equipo JWS: mi primer columna de opinión. De Gabriella Trigueros

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Screen Shot 2016-07-12 at 12.15.49 PMGabriella Trigueros, 9 julio 2016 / ESPACIO

Jamás he escrito una columna de opinión, si bien nunca me había animado a escribir, hoy quiero hacerlo, y quiero dedicarle esta columna a nuestro equipo de trabajo y agradecerles por todo. Esta columna esta personalizada, pero quiero que aquellos lectores ajenos conozcan a estas personas, que también son el equipo de trabajo de Johnny Wright Sol.

Primero quiero comenzar agradeciéndole a ese ser humano, muchos sabrán quien es Johnny Wright, no hace falta contextualizar… Johnny no solo es mi jefe, también es mi amigo, mi confidente, y mi mentor. Para mi, sin querer tirarle tantas flores, es la más sencilla definición de un líder, es una persona humilde, que dedica su día a día y todas sus energías en servirle a nuestro país. Gracias por inspirarme a ser mejor, y por confiarme a tu equipo de trabajo.

A Juan Pablo, Asesor y Diputado Suplente de JW, la voz de la razón, el que sueña al lado nuestro y que al mismo tiempo nos ayuda a aterrizar de vez en cuando, quien sabemos que siempre va caminar a nuestro lado, y que nunca faltará su más sincero consejo, eres una pieza esencial en el equipo.

Andy, Social Media Manager y también multitasking, el más crack, mi mano derecha, la sombra que me quieren robar todos los días, la verdad todos los días aprendo más de vos que vos de mí, sos uno de los pilares más importantes que sostiene a este equipo, a esta familia… no tengo palabras suficientes para agradecer todo lo que haces por todos, gracias por creer en nuestra causa y ser parte de ella. Adri, nuestra diseñadora, no puedo dejar de mencionarte, fuiste y siempre serás parte del equipo. Sin vos no hubiésemos logrado ser lo que somos ahora, gracias por tanta alegría y por siempre, siempre llegar tarde a todo (LOL), ¡sos lo máximo!

A la Gaby, Directora Ejecutiva de LPEV, a aquella que sabe que a “calzón quitado”, como dice ella, me puede decir cuando no está de acuerdo con algo, gracias por creer tanto en nuestro país, y por querer romper estereotipos y estigmas que dañan a la juventud de nuestro país. Tere, Pasante, es increíble el entusiasmo que aportas a la niñez, y tu interés de servir es invaluable, gracias.

A Herbert, Consultor Legal, al que costó que se metiera a lo que él llama “el lado oscuro” (la política) y que ahora se ha dado cuenta que ahí existe una pequeña luz, y a quien espero ver en un futuro representándome en un curul. Y Julio, Director de Contenido de Espacio, ¡ay Julito! al que más le gusta pelear en Twitter, y así como pelea en Twitter es igual de grande su entusiasmo para todo en su vida, y puede llegar a donde se lo proponga. Sarita, Pasante, la más joven de todos, todavía está en el colegio, la más curiosa y la que le inyectará tanto positivismo y esperanza a nuestro equipo, gracias por querer aprender en nuestro equipo.

Ximena y Kika, el dúo dinámico, ambas son un gran equipo. Ximena, Directora de PR de Espacio, es una mujer empoderada en su máxima potencia, la Kika, Coordinadora de Recaudaciones de Espacio, no le aturra la cara a nada, no hay poder humano o catástrofe que las pare. Héctor, Pasante y Analista de Datos, alguien que ha heredado un legado tan grande, y que a su poca edad supera todas las expectativas de ese legado; tu dedicación y tu entrega es otro nivel. Marjorie, Colaboradora Jurídica, una joven súper inteligente a quien le admiro sus ganas constantes de aprender y de empoderarse como mujer, quien estoy segura será una destacada abogada en nuestro país.

Todos ustedes son lo máximo, cada uno  hace lo que más les gusta, les apasiona su trabajo y sobre todo aman su país, y lo que nos permite tener una visión de país tan amplia, es que ninguno de ustedes vela por un interés partidario. La bandera que nos inspira a poder dar lo mejor de nosotros, solo es azul y blanco. Recordarles que nosotros simplemente les hemos compartido las herramientas de trabajo, y con ellas cada uno construye su propio camino.

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