Se van a llevar el queso. De Humberto Sáenz Marinero

, 30 junio 2016 / EDH

Cuesta creer que un diputado se atreva a decir que los esfuerzos por volver transparente el financiamiento de los partidos políticos son una afrenta a la institucionalidad partidaria o que eso solo funciona en países con cultura política como Suiza o Escocia. Declaraciones como esas son el fiel reflejo de que en nuestro país, los partidos políticos viven anquilosados en el pasado, que sus estructuras son completamente obsoletas y que la inmensa mayoría de sus representantes no está a la altura de las nuevas exigencias ciudadanas. De verdad, ¡qué lejos se encuentran de cumplir con nuestras expectativas!

diario hoyDecir que solo los suizos o escoceses pueden gozar de los privilegios de tener acceso a la información sobre el financiamiento de los partidos políticos es como decir que solo en esas latitudes los ciudadanos pueden pretender tener derecho al sufragio o a la educación o a la libertad de expresión o a la libertad de asociación. El derecho de acceso a la información – como los otros enunciados – es un derecho fundamental. ¿De dónde es que se sacan que los salvadoreños tenemos que conformarnos con migajas en el ejercicio de estos derechos?

Es inconcebible que se diga que cuando se exige transparencia, se está buscando dañar el sistema democrático o la institucionalidad. Muy por el contrario, contar con partidos transparentes solo puede fortalecer la democracia, toda vez que con ello se contribuye a eliminar financiamientos provenientes de actividades ilícitas y se minimiza el riesgo de que los partidos tengan que responder ciegamente a sus financistas, adecuando sus actividades al interés exclusivo de quienes les sostienen económicamente.

Los partidos siguen escudándose en que para revelar en nombre de sus financiadores, tienen que contar con la autorización de estos, olvidando que ya la Sala de lo Constitucional les dijo que tal restricción violenta nuestro derecho fundamental a estar informados, por lo que ningún efecto válido puede dársele.

Insistir en esta posición no solo es ilegal, sino también absurda. Y es que si en serio consideraban que tenían que pedir permiso para revelar el nombre de sus financistas, con mucha más razón nos tendrían que haber pedido permiso para convertirnos en esos financistas; explico:
A mí nadie me preguntó pero ahora me entero que estoy financiando a los partidos políticos. A los que pagamos nuestros impuestos nadie nos consultó si queríamos que del salario que les costeamos a los servidores públicos, una buena parte se destinara al financiamiento de los partidos.

Con la información que ya se ha obtenido gracias a la acción ciudadana, hemos podido confirmar la existencia de un círculo vicioso en el que los partidos incorporan, en diferentes puestos públicos, a quienes dicen “sudar la camiseta” o a otro tipo de “ninis” que ni quieren trabajar ni quieren dejar que los demás trabajen. Esos así incorporados, reciben una remuneración que es pagada con nuestros impuestos. De esa remuneración y como señal de agradecimiento, los servidores públicos destinan un porcentaje del salario que les pagamos y se lo entregan al partido por cuyo favor han obtenido el cargo.

Es claro que estamos en presencia de una práctica que debe desaparecer porque contribuye al clientelismo político, al crecimiento desmesurado de las instituciones públicas y a la ineficiencia en la administración; elementos todos que no fortalecen sino que dañan a las instituciones y a nuestra democracia.

Poco espacio les está quedando para rectificar. Los partidos y sus dirigentes deben entender que tienen que adaptarse a las nuevas circunstancias, que tienen que modernizarse, que tienen que democratizarse internamente, que tienen que volverse transparentes y que, en fin, tienen que acercarse a la ciudadanía.

No son las organizaciones sociales ni los movimientos ciudadanos ni los medios de comunicación los que están ocasionando que los partidos se resquebrajen y se alejan cada vez más de sus potenciales electores. Son ellos mismos quienes se resisten a cambiar asumiendo – equivocadamente – que la transparencia los conduce a una desmejora.

Si no aprenden a adaptarse, si no comprenden que estos cambios los van a fortalecer, si no se afanan en recuperar el terreno perdido, si no detectan pronto las acciones a implementar y si no implementan con convencimiento esas acciones, estoy seguro que pronto les pasará lo que magistralmente ilustró Spencer Johnson: se quedarán preguntando ¿quién se ha llevado mi queso?

@hsaenzm

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