Lo que también dijo el FMI. De Francisco Díaz

Francisco-Díaz

Francisco Díaz, superintendente de Competencia

Francisco Díaz, 29 junio 2016 / ELMUNDO.SV

Pasó la tormenta de noticias, comentarios, opiniones y artículos, críticos o elogiosos, en prensa escrita, radial, televisiva y digital, sobre las conclusiones preliminares de la reciente visita al país (25/04 – 06/05) de la Misión del Fondo Monetario Internacional (FMI). En la Superintendencia de Competencia (SC) analizamos todo lo que se dijo o escribió al respecto: 68 % sobre medidas de ajuste fiscal, 24 % reducción de gasto público y sólo 8 % sobre mejora en las condiciones de inversión. Hasta hace pocos días nadie mencionó el segundo párrafo del apartado Reformas para el crecimiento.

El apartado dice: “20. Puede mejorarse la inversión y el crecimiento inclusivo a través del consenso social en políticas que: (segundo párrafo) Mitiguen las barreras de entrada y a la competencia, frenando prácticas no-competitivas tales como la fijación de precios en sectores clave, y que mejore la provisión de personal de la el mundoSuperintendencia de Competencia así como la efectividad de las sanciones que ésta impone. La reducción de las barreras para la entrada a los sectores de transporte y electricidad ayudaría a reducir los costos de los servicios públicos y de logística.”

¿Por qué la Misión introdujo en su Informe esos temas?

En sus diez años de existencia, la Superintendencia de Competencia nunca había sido visitada por el FMI. La visita muestra la importancia creciente que se da hoy día a la competencia como factor del desarrollo económico y, también, de algún modo, el perfil alcanzado por nuestra institución. Pero esto no responde aún nuestra pregunta.

La visita duró 60 minutos, suficientes para mostrar, en cuatro proyecciones, la pronunciada concentración de la economía salvadoreña en sectores claves para el desarrollo (electricidad, telecomunicaciones, transporte aéreo, TV abierta); para la seguridad social (dos AFP y dos agentes en seguros de invalidez y sobrevivencia), y para el consumo básico (arroz y azúcar, principal, pero no únicamente), e igualmente, para mostrar cómo, en conjunto, el 3 % de las empresas del país obtienen el 77 % del total de ingresos generados.

Presentamos, en otras cuatro proyecciones, una muestra (“para muestra, un botón”) de los abusos de posición dominante que han sido comprobados y sancionados en distintos sectores (electricidad, telecomunicaciones, combustibles, azúcar), y otra de los acuerdos de fijación de precios, comisiones, o distribución geográfica del mercado (telecomunicaciones, seguros de invalidez y sobrevivencia, harinas de trigo), igualmente comprobados y sancionados.

Cuatro proyecciones más bastaron para presentar, en resumen, las principales actuaciones de la SC en sus diez años de experiencia, y a preguntas de los visitantes, explicamos el organigrama de la institución, hablamos del número de empleados y su presupuesto (aclarando que estos últimos fueron aumentados en 2015) y, a repreguntas, expusimos cómo la lentitud judicial (en los casos más graves hasta de ocho años) más la mora de la Fiscalía (FGR) en la cobranza, limitan la efectividad de la institución y de la política de competencia.

No debe entonces extrañar que, con esa información, verificable por varias fuentes, la Misión recomiende “consenso social en políticas que mitiguen las barreras de entrada a la competencia frenando las prácticas anticompetitivas” y que “mejore la previsión de personal de la Superintendencia de Competencia así como la efectividad de las sanciones que ella impone”.

En realidad, la concentración excesiva de la economía y sus secuelas de desigualdad y exclusión, son ahora temas de preocupación en el FMI. Su directora ejecutiva, Christine Lagarde, viene hablando de ello al menos desde inicios de 2015. En entrevista con Moises Naím (El Tiempo, Col. 13/04/15), a la pregunta “¿Le preocupa la elevadísima concentración de activos financieros en unas cuantas instituciones de gran tamaño?”, respondió: “Sí, por dos razones. La concentración limita las posibilidades de competir, y eso es malo.” Más recientemente, en el Foro Económico Mundial (Davos, 2016) explicó: “La excesiva desigualdad no propicia un crecimiento sostenible”, y continuó diciendo que según investigaciones de economistas del FMI “la distribución de la riqueza es importante en sí, porque aumentar los ingresos de los pobres tiene un efecto multiplicador que no se produce si se aumenta el ingreso de los que ya son ricos”.

No creo estar errado si pienso que esto puede entenderse como un llamado a la necesidad de democratizar la economía, tanto la del mundo como la de las naciones, y que la Superintendencia de Competencia, como el resto de instituciones públicas y privadas salvadoreñas, no pueden ser ajenas a ello.

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