El brexit y el revocatorio de Maduro… De Luis Mario Rodríguez

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 30 junio 2016 / EDH

La salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) utilizó como medio de consulta al referéndum. El sorpresivo triunfo de la alternativa que pedía el abandono de la UE ha demostrado que el populismo penetra toda categoría de sociedades. También nos revela que los referéndums pueden complicar el sistema político de un Estado o bien desenredar los totalitarismos que se han enquistado en los gobiernos. El referéndum revocatorio que exigen los venezolanos contra el régimen de Nicolás Maduro es un buen ejemplo de este último caso.

diario hoyEn contraste con la democracia representativa, que delega a los diputados la adopción de aspectos trascendentales para la vida de los ciudadanos, la democracia directa permite a éstos últimos su participación en la toma de resoluciones en las que los votantes deben optar entre el “si” o el “no”. Precisamente a los ingleses les preguntaron “si debería el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o abandonar la Unión Europea”. El resultado final arrojó un 48.1% para la primera opción equivalente a 16 millones 141, 241 personas, mientras que la segunda obtuvo un 51.9%, de respaldo popular que significó el voto de 17 millones 410, 742 habitantes.

La crítica a la democracia representativa se fundamenta en la pérdida de confianza de la sociedad en sus representantes porque estos abandonan los intereses de la nación. Se señala que entre el elegido y el elector no existe coincidencia de propósitos ya que los legisladores no toman en cuenta las necesidades de la población. Sobre la democracia directa, también conocida como “democracia participativa”, los argumentos de sus detractores se resumen en el abuso que los políticos hacen de los instrumentos que la integran, el referéndum o los plebiscitos, como medios para aumentar la influencia de los poderes del presidente o su reelección indefinida.

Sobre el uso de uno u otro modelo de democracia, o en relación a la combinación de los mismos, existe un debate que se recrudeció cuando varios países suramericanos utilizaron las consultas populares para aprobar nuevas constituciones. Diversos estudios demuestran que si el referéndum se destina para desconcentrar el poder político y fortalecer derechos como el de expresión, contratación, libre tránsito y otros, aumenta el grado de libertad en ese país. Por el contrario, si esas herramientas son aplicadas para consolidar el poder del presidente de turno u otorgar más prerrogativas al Ejecutivo en detrimento del Legislativo, entonces disminuye el grado de libertad de los ciudadanos.

América Latina presenta varios sucesos en los que la democracia directa ha servido para ambos propósitos. En la década de los ochenta, la dictadura de Pinochet sometió la continuidad de su gobierno a un plebiscito en el que terminó imponiéndose el “no”. La victoria de la oposición permitió el inicio de la transición democrática en Chile y para 1990 se eligió democráticamente al democristiano Patricio Aylwin. En el caso venezolano sucedió todo lo contrario. En 2004, ante la convocatoria de un referéndum revocatorio, los venezolanos acudieron a las urnas para decidir la permanencia de Hugo Chávez en la presidencia. Finalmente la determinación de los venezolanos fue la de no revocar su mandato de forma anticipada y Chávez se quedó hasta que la muerte lo separó del poder.

En la última década y media, los casos de Bolivia, Ecuador y Venezuela han “demonizado” el uso de instrumentos participativos porque sus presidentes los han empleado para acabar con los partidos tradicionales sirviéndose de la “antipolítica” para alcanzar su objetivo. Con esta maniobra han logrado entronizarse en el poder por varios períodos.

Al final de la historia, la democracia directa no es más que un complemento de la democracia representativa. Se trata de un protagonismo más directo de los ciudadanos en la toma de decisiones. El “voto cruzado”, los concejos municipales plurales, los procesos de democracia interna en los partidos y la posibilidad de las candidaturas independientes, son “herramientas” participativas que fortalecen a la forma de gobierno establecida en nuestra Constitución. Lo relevante es determinar, desde un inicio, cuáles temas se pueden someter a consulta e identificar aquellos que por ningún motivo serán objeto de esta clase de soluciones.

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