¿Dios mío, y de dónde sale tanta gente? De Max Mojica

Max MojicaMax Mojica, 13 junio 2016 / EDH

No pretendo analizar el discurso presidencial del pasado 1 de junio, el cual pintó la situación económico-social que vive El Salvador como una graciosa escena de un cuadro renacentista sobre el paraíso. En este artículo me referiré a ese “montón” de gente que salió a la calle para apoyarlo, situación la cual, para serles honesto, me sorprendió.

Sorprenderse de la existencia de apoyo social traducido en marchas ciudadanas multitudinarias no es para menos cuando dichas marchas de apoyo ocurren en un país con la tasa de crecimiento -sostenida por varios años- más baja de Centroamérica, en donde los médicos, maestros y policías viven al borde de la huelga, y en donde la tasa de asesinatos diarios bate récords mundiales. Así las cosas, llama poderosamente la atención: ¿de dónde salen esos mares de gente apoyando de forma –supuestamente- “espontánea” a un Gobierno que recurrentemente ha sido mal calificado en todas las encuestas de opinión y que deja mucho que desear en casi todas las áreas de su gestión?

diario hoyQuizás la entrevista que el Secretario de Transparencia concedió al periódico digital Diario1, el 16 de mayo pasado, nos brinde alguna luz sobre el origen de esos importantes apoyos ciudadanos, que alegremente se vuelcan a las calles a cantar consignas pro-gobierno, cuando así lo ameritan las circunstancias. En la entrevista expresaba: “¿Por qué hay tanta gente en la Asamblea Legislativa? ¿Saben por qué?… Es una forma que tienen los partidos para financiar su funcionamiento. Mejor lo transparentamos y se asume un costo público… El FMLN es el único partido que tiene establecido una cuota correspondiente del 30 % del salario de sus militantes que posean un cargo o empleo público, fondos que efectivamente van dirigidos a financiar el funcionamiento del mismo”.

Quizás esas fueron en parte las razones por las cuales en los primeros 25 meses de gobierno del FMLN (2019-2011), el Estado incrementó 27,300 plazas adicionales (fuente ISSS); manteniendo una tasa de crecimiento sostenida, de tal forma que todos los años se incrementan las plazas estatales hasta llegar a los más de 42,732 empleados públicos que dependen de las arcas del Estados hoy en día (fuente FUNDE), las cuales pagamos todos los salvadoreños por medio de nuestros impuestos, y que, una vez transformados en salarios, los correligionarios del FMLN –esta vez convertidos en empleados públicos-, proceden a colaborar al partido de gobierno para su adecuado funcionamiento.

Entonces, cuando el ciudadano paga impuestos, un porcentaje de estos llega al empleado público vía salarios, y un porcentaje de ese porcentaje, llega al FMLN vía “contribución” que sus empleados entregan al partido…el cual, por lo tanto, acabamos financiando todos. La próxima vez que pagues el IVA cuando compres algún artículo o recibas un servicio, recuerda que una parte del 13 % que sale de tu bolsillo, llegará a manos del FMLN como “contribución” de sus empleados.

Vista desde esa perspectiva, resulta absolutamente lógico que todos esos empleados cuyos salarios y demás prestaciones que dependen del Estado pongan sus lapiceros sobre sus escritorios, apaguen sus computadoras, cierren sus oficinas y alegremente salgan a la calle a apoyar al Gobierno que les garantizó su plaza. En cualquier otra parte del mundo (menos en El Salvador) llaman a lo anteriormente expuesto como “clientelismo político”, el cual consiste en un intercambio extraoficial de favores, en el que los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones a cambio de apoyo electoral o político-social, dependiendo de lo que la coyuntura requiera.

En un sistema clientelar, el poder sobre las decisiones del aparato administrativo del Estado se utiliza para obtener beneficio privado; el patrón —sea directamente un funcionario u otra persona dotada de suficiente poder como para influir sobre los funcionarios— toma decisiones que favorecen a sus clientes (empleados públicos, asesores, funcionarios de rango inferior), que estos compensan con la perpetuación en el poder del funcionario implicado o de su entorno (votando a favor en elecciones pensando en la conservación de sus plazas). La relación puede fortalecerse mediante la amenaza de utilizar esa misma capacidad de decisión para perjudicar a quienes no colaboren con el sistema (“si gana la oposición van a recortar plazas” o tomar lista de asistencia en marchas), constituyéndose todo ello en una variante de “privatización de lo público”, esta vez, privatizando y usufructuando las plazas públicas para beneficio del partido que esté en el gobierno.

Habiéndote dado estas explicaciones, la próxima vez que veas a un Funcionario entarimado siendo vitoreado y apoyado histéricamente por personas que son empleados de ministerios, alcaldías, autónomas u oficinas públicas, o votando favorablemente en encuestas pagadas por ellos, no le des tanta importancia ni te sorprendas, no son más que un grupo de clientes apoyando por obligación o conveniencia a su patrono.

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