¿Faltan líderes? De Manuel Hinds

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 6 junio 2016 / EDH-Observadores

Ante las percepciones paralelas de que el país está cayendo en una especie de caos incipiente y de que este caos podría perpetuarse porque el FMLN podría ganar las próximas elecciones, es muy común escuchar un claro diagnostico. Que el problema más serio que tenemos, al menos para la inmensa mayoría que no queremos que el FMLN gane, es que carecemos de líderes que nos puedan guiar hacia la formación de un gobierno democrático, con valores ajustados al estado de derecho y con competencia técnica para resolver los problemas del país.

observadorEs cierto que esa mayoría, que representa entre el 70 y el 80 por ciento de la población, se ha ido fragmentando en los últimos años, no solo entre distintos partidos de oposición sino también en el grupo político más grande que ahora existe: los que no votan, que han ido aumentando y que ya representan el 50 por ciento del electorado. Y es cierto también que todavía no se vislumbra un líder carismático que pueda aglutinar todos esos grupos fragmentados.

¿Por qué es que no sale este líder carismático?

Hay dos maneras de ver el carisma. Una es pensar que es algo que viene con la naturaleza de las personas. Esta es la manera más popular de verla. La otra es pensar que es algo que el electorado le da a un líder. Un profesor emérito de Oxford, Archie Brown, arguye que la realidad está más cerca de la segunda que de la primera y lo demuestra reflexionando sobre el hecho de que la misma persona puede tener carisma en una etapa de la vida, perderla en otra, y recuperarla después, y así varias veces. El ejemplo más claro de este errático comportamiento del carisma es una persona que casi cualquiera podría clasificar entre los políticos más carismáticos del siglo XX: Winston Churchill.

Churchill tenía todas las características para ser carismático en el sentido más popular de la palabra. Descendiente de una de las familias más distinguidas de Inglaterra, participó en la última carga de la caballería británica en África, fue corresponsal de guerra en otra guerra también en África, fue capturado y se escapó atravesando un desierto, y todavía muy joven fue ministro en varios gobiernos antes y después de la Primera Guerra Mundial. Pero para los años treinta estaba fuera del gobierno y toda la galantería, el carácter, el atrevimiento que le había dado el éxito en las décadas anteriores de pronto parecían ya no ser fuentes de carisma político. Mucha gente lo consideraba un fracasado. Decían que era un extremista, que lo que se necesitaba era el diálogo con Hitler, ya en el tiempo en el que Hitler se volvía cada vez más abusivo.

En esa época, el pueblo aclamaba al entonces Primer Ministro, Neville Chamberlain, que era indeciso, igual de indeciso que el pueblo británico de esos años. Cuando Chamberlain fue a Munich a entregarle a Hitler todo lo que quería la gente lo ovacionó a su regreso a pesar de que lo que entregó puso en gran peligro a Gran Bretaña. Líder y pueblo querían contemporizar con Hitler.

Pero, de pronto, cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, y la gente vio como ellos habían dejado que el peligro creciera hasta volverse casi inmanejable, Churchill ascendió al puesto de Primer Ministro, y, con las mismas características que la gente le criticaba en los años treintas, se convirtió en el símbolo de la resistencia del pueblo británico contra el Nazismo.

¿Qué pasó? Churchill no cambió. Los que cambiaron fueron los electores. Churchill pudo convertirse en el eje de su país durante la guerra porque en ese momento el pueblo se decidió a pelear por sus libertades. Es decir, para que un líder carismático surja y unifique a la gente, ésta tiene que saber lo que quiere.

La situación del país es tan grave que cada quien debe decidir si desea que una minoría nos lleve a convertirnos en una Cuba o una Venezuela, o desea que seamos una democracia liberal como todos los países desarrollados. Los líderes no surgirán mientras la gente piense que las cosas no está muy mal, que lo mejor es contemporizar, o que lo que se necesita no es ganar elecciones sino diálogo, al mismo tiempo que el FMLN manda a sus turbas a quemarle llantas a los que supuestamente está invitando a dialogar y les dice que ahora sólo les queda “ladrar”.

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