El futuro del país. De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 27 mayo 2016 / EDH

Hay dos problemas que tradicionalmente han paralizado a la América Latina: la tendencia a discutir problemas abstractos en vez de concretos y a ignorar lo que está pasando en el resto del mundo. Esto se nota en las agendas propuestas para los distintos diálogos que se proponen para mapear el futuro de la nación. Los puntos allí planteados parecieran haberse trasladado directamente de 1917 o, como mínimo, de 1945. Planteados de forma abstracta, es natural que ignoren que el mundo ha cambiado drásticamente desde el siglo pasado, y que ese cambio presenta enormes riesgos y enormes oportunidades para el país. Los riesgos a nuestro estándar de vida son los más serios en nuestra historia, sólo comparables con el colapso del añil en el tercer cuarto del siglo XIX.

diario hoyIgual que en ese tiempo, los avances tecnológicos están planteando un peligro muy grande a nuestra economía, concretados en el rapidísimo desarrollo de los robots, máquinas capaces de desarrollar tareas complejas controladas por computadoras. Los robots están mejorando tan rápidamente que están poniendo en riesgo muchos puestos de trabajo, especialmente en países subdesarrollados como el nuestro, en donde las actividades repetitivas fácilmente sustituibles por robots predominan en la industria y la agricultura. Pero también están amenazando a los países desarrollados.

La magnitud de la amenaza es tal que un estudio realizado por dos profesores de Oxford (http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf) encontró que el 47 por ciento de los trabajos actuales en Estados Unidos están en peligro de ser sustituidos por robots en las próximos décadas. El McKinsey Global Institute encontró que algoritmos sofisticados pueden substituir 140 millones de trabajadores en trabajos de conocimiento medio en el mundo entero.

Esto no quiere decir que el desempleo subirá a cifras así de altas porque la introducción de los robots abaratará los bienes y servicios, generando una demanda adicional en otros sectores, y así aumentando el empleo total. Eso pasó con los empleos agrícolas y artesanales del mundo pre-industrial cuando la industria moderna aumentó enormemente la producción y bajó los costos de todos los productos. Los servicios, antes casi inexistentes, también se desarrollaron y absorbieron grandes cantidades de personas que habían quedado sin trabajo en las artesanías y la agricultura.

La gran interrogante es si las economías podrán generar estos otros trabajos lo suficientemente rápido para compensar la pérdida de puestos sustituidos por los robots. Los países que se atrasen tendrán tasas muy altas de desempleo o podrán competir sólo en base a salarios muy bajos. Este es nuestro destino si no hacemos nada al respecto, ya que la mayor parte de nuestros trabajos industriales y muchos de los agrícolas pueden sustituirse con robots.

La solución está en la educación. El Banco de Inglaterra estima que en los últimos cinco años la economía británica ha creado más de dos millones de puestos de trabajo. De estos, las dos terceras partes han sido en posiciones que requieren altas calificaciones (http://www.bankofengland.co.uk/publications/Pages/speeches/2015/864.aspx ). Esto quiere decir que si la población del Reino Unido no tuviera altos niveles de calificación el empleo habría crecido como 600 mil puestos, en vez de dos millones. El crecimiento del empleo en el nuevo mundo está ligado a la educación.

Todo esto confirma un punto que he hecho muchísimas veces: que las políticas de desarrollo económico tienen que estar basadas en el desarrollo del capital humano. Pero no todos los tipos de educación salvan puestos de trabajo. En vez de enfatizar los conflictos sociales, que es la prioridad del sistema actual de educación, hay que enfatizar el desarrollo del sentido crítico, la creatividad y la inteligencia social. Estas son las habilidades que es más difícil que los robots puedan desarrollar, y son precisamente los temas que menos se enfatizan en nuestro sistema educativo.

Cómo hacerlo, y rápido, debería de ser el tema número uno de las agendas de los diálogos. Las nuevas tecnologías también ofrecen enormes oportunidades para mejorar rápida y masivamente la educación. En vez de solo sufrir los problemas de las últimas tecnologías, debemos también aprovecharnos de ellas. Si no logramos hacerlo, veremos los salarios caer y el desempleo aumentar en el futuro cercano. Y después tardaremos décadas en entender lo que nos pasó. Ese es el costo de la ignorancia.

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