Política de “chelito”. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 23 mayo 2016 / EDH

Si algo ha dejado más que comprobado la coyuntura reciente es el hecho de que el estilo que las autoridades salvadoreñas aplican al gobernar es el de la política de “chelito”. No, la anterior referencia no tiene nada que ver con pigmentaciones de piel, sino con ese nada sutil invento demoníaco —el Liquid Paper— con el que, según la industria de los útiles escolares, uno supone camuflar sus errores en tinta. De la misma manera obvia y burda con la que el “chelito” tapa las metidas de pata escolares, el gobierno pretende corregir rumbo. Lo anterior quedó en evidencia con la vuelta en U de Sánchez Cerén con respecto a la situación de Brasil.

diario hoyApenas y había terminado de votar la legislatura brasileña a favor de la suspensión de Dilma Rousseff, y como era de esperarse, los paladines del tacto del FMLN ya habían emitido un furibundo mensaje lleno de creativos términos inexistentes en las relaciones internacionales (¿“golpe de Estado parlamentario”? Casi del nivel de absurdo que “carne de soya”). El apasionado cachiporrismo del Frente para salir a la defensa de cualquier manifestación de la izquierda suramericana es de esperar. Pero que el gobierno de una república seria caiga en los mismos errores es… más que imperdonable, patético. Para no ser menos, de inmediato se anunció que en protesta, la potencia mundial llamada El Salvador estaba retirando su representación diplomática del país brasilero. Como alguien bien indicó en Twitter, de semejante jaque mate en ajedrez diplomático quien más perdía era la embajadora, a la que  entonces le habría tocado perderse los juegos olímpicos que se acercan.

Pero claro, como era de esperarse, el gobierno de Brasil acusó (con el respaldo de la verdad y el sentido común) al gobierno salvadoreño de desconocer la Constitución y legislación del Brasil. Efectivamente. Todos los mecanismos que han llevado a que Dilma Rousseff se tome vacaciones obligadas mientras se le procesa en un juicio político son legales. Y políticos, pues los que la quitaron no la quitaron por santos tampoco: se reporta que de 594 miembros de la legislatura brasileña cerca de un 60 por ciento está siendo investigado por cargos de corrupción. Sin embargo, son las escrituras y no la ley brasileña la que obliga a no tirar piedras a menos que uno esté libre de pecado, así que las piedras llovieron, con plena validez jurídica a manos de quienes podrían ser apedreados también.

Tampoco puede asumir la sorpresa de reina de belleza ganadora, puesto que fue un actor importante en la intriga política que resultó en la suspensión de Rousseff: el nuevo gobierno es poco representativo del electorado brasileño y probablemente, recibirá porcentajes de aprobación tan patéticamente bajos como los que tenía Rousseff. La inflación y estancamiento económico poco hacen para ayudar. Con independencia de lo anterior, el deber del gobierno salvadoreño como autoridades de un país que quiere que lo tomen en serio debería haber sido investigar antes de meter la pata. Al canciller salvadoreño le tocó la difícil tarea de dar la cara para dar vuelta en U y suavizar la absurda postura de los mandamases, diciendo que el llamado a la embajadora era para que rindiera un informe. Claro, porque en este siglo tecnológico nadie ha oído jamás de rendir informes desde lejos. No se preocupe, Presidente Sánchez Cerén. Ya con el “chelito” nadie se va a acordar de su soberana, pujante y solidaria metida de pata con Brasil.

@crislopezg

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