Un crisol de Serendipity para San Salvador. De Manuel Hinds

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 16 mayo 2016 / EDH

Hace algunos meses escribí un artículo (SolucionES y la Sociedad Sitiada, diciembre de 2015) sobre el proyecto que varias instituciones (USAID, FEPADE, FUSADES, FUNDE, FUSAL y GLASSWING) están presentando para convertir el Parque Cuscatlán en el centro de un plan maestro para convertir San Salvador en una ciudad unida física, emocional y socialmente. En los últimos meses el diseño de este proyecto ha avanzado a grandes pasos. En mi artículo anterior argüí que este proyecto debe tener una prioridad muy alta para la sociedad entera, enfatizando la necesidad de abrir espacios comunes para la sociedad entera para combatir la fragmentación social que ha hecho posible el debilitamiento de la cohesión social y el subsecuente auge del crimen. En este artículo me enfoco en otro aspecto muy importante en nuestro desarrollo: la construcción de un crisol para generar relaciones creativas en nuestra sociedad.

observadorHay en nuestra sociedad una idea bastante arcaica sobre la naturaleza de la riqueza de las naciones. Mucha gente piensa que las naciones desarrolladas se vuelven ricas porque producen cosas concretas, como carros, o aviones, o bates de beisbol. La verdad es que las naciones se vuelven ricas porque producen ideas, algunas de las cuales guían los diseños de las cosas concretas. Son esas ideas, no el acto mismo de tornear una pieza o colocar una llanta en una línea de producción lo que hace que los países se vuelvan ricos.

Muchas de estas ideas, las más valiosas, ni siquiera se convierten en cosas concretas sino en software, o en principios científicos, o en conceptos organizacionales, o en música, o en obras de teatro, o en fantasías. En la mayoría de los casos la creatividad que las produce no está motivada por el dinero aunque pueda producirlo en grandes cantidades. Es una manifestación de un potencial humano, y es su propia recompensa.

Pero los resultados pueden ser impresionantes. Las industrias creativas, definidas como las que producen publicidad, arquitectura, juegos de computadora, diseño, modas, películas y videos, fotografía, música, artes escénicas y visuales, publicación de libros y revistas y periódicos, museos y galerías, bibliotecas, software, y producciones de televisión y radio (71.4 mil millones de dólares) representan el 6 por ciento del Producto Interno Bruto de Gran Bretaña, exportan 16 mil millones de dólares al año y dan empleo a dos millones de personas.

La enorme riqueza que esta creatividad le ha dado al Reino Unido puede medirse a través de la manera en la que han invadido el mundo con sus símbolos (como su bandera) y de los personajes ficticios de sus obras, que se han convertido en parte del folklore mundial (Peter Pan, Harry Potter, Frankestein, James Bond, el Capitán Garfio, Campanitas, Alicia en el País de las Maravillas, Jane Eyre, el Rey Arturo, el Mago Merlín, Austin Powers, Mary Poppins, Sherlock Holmes y el Dr. Watson, Romeo y Julieta, el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, Dorian Gray, Lord Lancelot, Winnie the Pooh, Robin Hood, Tarzán, Hamlet, Macbeth) y de los músicos populares que todo el mundo conoce (los Beatles, los Rolling Stones, Elton John, Phil Collins, Rod Stewart, Iron Maiden). Todos estos son los generadores del poder económico británico en esta área. Ninguno nació para hacer dinero, sino para llenar las ambiciones artísticas de sus creadores o protagonistas. El dinero vino, por añadidura.

Esta es un área en la que podemos incursionar. Guatemala ya lo ha hecho y está desarrollando una industria de producción artística para películas y televisión.

La creatividad no se puede planear pero sí se puede cultivar. Está asociada con un concepto muy inglés que se describe con la palabra “serendipity”, que es el descubrimiento inesperado de cosas felices por accidente, mientras uno anda buscando otras cosas. Fue acuñada por Horace Walpole después de leer un cuento persa en el que tres príncipes de Serendip (ahora Sri Lanka) hacen descubrimientos, por accidente y sagacidad, de cosas que no andaban buscando. Julius Comroe, un famoso investigador médico escribió que “Serendipity es saltar en un pajar en busca de una aguja y salir de él con la hija del granjero”.

En las artes creativas serendipity está normalmente asociada con lugares en los que se reúnen los creativos para intercambiar ideas, bromear, discutir y relajarse—lugares que por muchos años han sido llamados peñas pero que podrían llamarse crisoles: lugares en los que las ideas se funden, se disuelven, se analizan y se destilan en largas conversaciones. Así, la pintura moderna, desde el impresionismo hasta la pintura abstracta, pasando por el cubismo, fue desarrollada en gran medida en un pequeño barrio de París, Montmartre, en donde los artistas vivían y convivían en cafés, parques y calles. La Ribera Izquierda en París, Soho en Londres y Soho y Greenwich Village en Nueva York son otros ejemplos de lugares que se convierten en crisoles de creatividad.

Todos son lugares agradables. Todos tienen lugares públicos en donde la fuente más potente de creatividad, el roce con otras personas, sucede cotidianamente y en total libertad. Tiene que haber espacios públicos para que la serendipity actúe, llevando a que John Lennon conozca a Paul McCartney, para que los jóvenes se entusiasmen y formen conjuntos, refinen ideas, consigan contactos, conozcan la vida. También necesitan lugares en donde puedan desarrollar un sentido de la calidad y de lo que el público quiere. Y lugares bonitos para reflexionar sobre sus creaciones.

Todo esto no lo tenemos en El Salvador, ni siquiera en San Salvador. El proyecto del Parque Cuscatlán tiene todos estos elementos accesorios a la creatividad. Aunque su nombre está asociado al parque porque éste es el centro del desarrollo, se extiende largas distancias en los cuatro puntos cardinales, creando corredores de verdor en los cuales la gente puede transitar y reunirse en ambientes agradables. Cuenta también con un nuevo museo Tin Marín orientado a desarrollar la libertad de asociación y la creatividad de los niños y con un centro de artes escénicas, además de lugares de exposición para artes plásticas. El centro de gravedad, por supuesto, es el parque mismo, un lugar cívico para gozar de la vida y de la compañía de otros salvadoreños.

Todos estos elementos llaman a la serendipity que es la madre de la creatividad. La razón para hacer este proyecto no es que generará dinero sino porque ayudará a rescatar a San Salvador de la violencia y dará lugares de esparcimiento a las familias.

Pero generará dinero y mucho en el largo plazo.

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