La samba y El Carbonero. De Eduardo Torres

Eduardo Torres, director editorial de El Diario de Hoy

Eduardo Torres, director editorial de El Diario de Hoy

Eduardo Torres, 17 mayo 2016 / EDH

Que “reconsidere su postura” de desconocer al Ejecutivo interino de Michel Temer, le pidió ayer en un comunicado el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil a El Salvador, acusando a nuestro gobierno de “desconocer la Constitución y la legislación brasileña” al suspender los contactos oficiales y llamar a consulta a la embajadora. La cancillería carioca agregó que le extrañan los “equívocos, una vez que El Salvador mantiene intensas relaciones económicas con Brasil y es el mayor beneficiario de cooperación técnica brasileña en toda América Central”.

El pasado sábado, estupefacto al enterarme de la posición de El Salvador de “desconocer” al Gobierno interino de Brasil y “llamar” a su embajadora, concluí lo atrapado que se encuentra el Gobierno salvadoreño por el partido oficial. Porque, ¿en qué otra forma se explica que nos hayamos puesto en similar posición a los Ejecutivos de Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y Nicaragua ante la suspensión de Dilma Rousseff por parte del Congreso del gigante suramericano? Y si se ha dejado atrás la política de “no intervención”, ¿habrá algo que decir sobre Venezuela (más allá de las acusaciones que a diario salen del oficialismo de ese país)?

diario hoyTras el boom de los commodities de la última década y media y la caída de las economías latinoamericanas, soplan vientos de cambio en el Hemisferio, ya que la gente se hastió de los regímenes populistas y tal como sucedió durante la oleada democratizadora de fines del siglo anterior —de donde quedó opinión pública y medios de comunicación en nuestra América Latina—, nuevas figuras y temáticas —sociedad civil y lucha contra la corrupción— llegan para quedarse, para hacer del servicio público lo que siempre debió haber sido: una vocación de servicio hacia los demás, no el servirse de los demás.

La debacle del “Socialismo del Siglo XXI” está siendo obvia, en primer lugar porque como en 1948 dijo Sir Winston Churchill, el “Socialismo es la filosofía del fallar, el credo de la ignorancia y el evangelio de la envidia”. El socialismo que pregonó la “revolución bolivariana”, financiada por los petrodólares hasta que escasearon, no pasó de ser caricatura del “Socialismo Real”, que fue al que —en el inicio de la Guerra Fría— se refirió el ex primer ministro británico.

En segundo lugar porque atenta contra la libre iniciativa del ser humano, contra la filosofía —si Dios así lo quiere— de que cada quien a través de su trabajo sea arquitecto de su propio destino.

En suma, porque atenta contra la libertad en general.

Tres años le quedan al actual gobierno antes de entregar el poder al ganador de las presidenciales de 2019, con elecciones legislativas y municipales en 2018. Todavía es tiempo de tener un manejo pragmático de las relaciones internacionales como había venido siendo, visitando e inter actuando en Washington y La Habana, Madrid, Bogotá o Caracas. Pero para ello se vuelve imprescindible fungir con lógica de gobierno y no de partido. El partido en el poder tiene todo el derecho a ser leal a sus amigos del PT de Brasil, o del PSUV de Venezuela. Pero una cosa es lo que exprese un partido político y otra lo que exprese el gobierno de una nación.

“Errare Humanum est”, errar es humano, rectificar de caballeros, le agrega la sabiduría popular. La samba y El Carbonero.

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