Conduciendo con mirada corta. De Roberto Rubio

roberto rubioRoberto Rubio, 25 abril 2016 / LPG

Hay conductores que manejan con mirada corta, pendientes solamente del vehículo que va adelante. Estos son los que más se quedan trabados, pues no percibieron que más adelante iba un bus parando o había un vehículo detenido, y por tanto no tuvieron tiempo de pasarse a otra fila. Hay que aprender a conducir con visión de largo alcance para saber avanzar mejor.

Algo parecido sucede con los debates actuales sobre la reforma de pensiones o la aguda situación fiscal. Nos hemos enfrascado tanto en mirar el punto blanco en la pizarra, que no logramos ver el conjunto de la pizarra. Debatimos sobre pensiones o problemática fiscal olvidando el telón de fondo: el tipo de funcionamiento estructural de nuestra economía. A esto se añade la pobreza y superficialidad del debate, producto de una polarización e ideologización de la temática, que fácilmente cae en el debate de la culpa.

la prensa graficaValga señalar que no estamos para nada diciendo que no se tenga que discutir en torno a la reforma previsional o a la crítica situación fiscal. Sin duda son temas urgentes y claves de debatir. Lo que cuestionamos es que el debate económico se concentre excesivamente en esos temas, y a causa de ello, se margine la discusión sobre el esquema de funcionamiento de nuestra estructura económica, que es el telón de fondo de la actual situación fiscal y previsional.

En primer lugar, debatir sobre tal telón de fondo implica saber relacionar pensiones y fisco al desempeño de nuestra economía. Por ejemplo, cualquiera sea la forma de gestión de las pensiones (mixta, privada o pública), mientras no se fortalezca y amplíe nuestro estrecho y enclenque mercado laboral, se seguirá con serios problemas de sostenibilidad. Pero en segundo lugar, lo más importante es debatir paralelamente los problemas estructurales de nuestra economía. Esos problemas que no nos han dejado crecer mucho, ni tampoco sostenidamente, y que cuando se ha crecido, se ha tratado más bien de un crecimiento estéril, tal como lo caracterizamos en un libro hace 20 años (Crecimiento estéril o desarrollo). Problemas que los gobiernos de ARENA y del FMLN no han podido o querido enfrentar.

Tenemos una economía que cuando crece, lo hace sin estar bien acompañada de procesos de acumulación y desarrollo. Es decir, por un lado, un crecimiento que no se traduce adecuadamente en un fortalecimiento de capacidades productivas, y por otro lado, donde los beneficios y dinámicas del crecimiento, cuando lo ha habido, no se traducen en serios procesos de reducción de pobreza y desigualdad, ordenamiento territorial, respeto a los ecosistemas, mejora de calidad de vida, mayor seguridad ciudadana, etcétera. No hay que olvidar que el inicio de nuestra guerra civil de los ochenta tuvo como antesala el boom de crecimiento de fines de los setenta. Una bonanza cafetalera que no ensanchó sólidamente las oportunidades de empleo, no redujo las enormes desigualdades sociales, no amplió los espacios democráticos, en fin, que no desembocó en robustos procesos de acumulación y desarrollo. Algo parecido sucedió con el boom económico de posguerra de principios de los noventa.

Lo urgente (pensiones y finanzas públicas) no puede dejar de lado lo importante. Y sin duda es importante debatir también las taras que dificultan contar con un sólido proceso de acumulación o ampliación de capacidades productivas: una economía que funciona con pesados costos de producción, especialmente para los bienes y servicios transables; con gran desarticulación productiva sectorial, empresarial y territorial; sin motores estratégicos de crecimiento; una economía movida excesivamente por el consumo y no por la inversión, una dinámica interna y externa que promueve el consumismo; predominancia de inversiones de corto plazo, baja productividad y bajo valor agregado, etcétera.

Importante es también debatir los problemas estructurales de nuestro mal desarrollo: concentración de riqueza, desigualdad social, vasto empleo precario e informal y falta de empleo formal, inseguridad social, comercialización y deterioro del sistema educativo y de salud, desorden urbano y territorial, expansión de zonas marginales, desintegración familiar, degradación ambiental, corrupción institucionalizada, etcétera.

Es tiempo de conducir con mirada panorámica para no seguir a cada rato quedándonos trabados.

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