El reto de los partidos “tradicionales”… De Luis Mario Rodríguez

Luis Mario Rodríguez, director del Departamento de Estudios Políticos de FUSADES

Luis Mario Rodríguez, director del Departamento de Estudios Políticos de FUSADES

Luis Mario Rodríguez, 14 abril 2016 / EDH

Los politólogos, académicos y pensadores que visitaron El Salvador en el marco del Foro Internacional de Análisis Político (FIAP 2016) provocaron una discusión acerca de varios de los temas fundamentales para recuperar la gobernabilidad democrática en América Latina.

Uno de los debates se centró en el futuro de los partidos tradicionales. Se cuestionó su lejana relación con los ciudadanos, la oscuridad con la que manejan sus cuentas, el verticalismo y la falta de democracia interna y los escándalos de corrupción que están involucrando a sus principales figuras. Se reiteró que son bastantes los años en los que se ha intentado reformar estos institutos políticos principalmente para que abran mayores espacios a las nuevas generaciones.

diario hoySin embargo, en poco o en nada han contribuido las diferentes medidas para modernizarlos. Su credibilidad sigue en declive dejando espacio a que otros actores, no necesariamente democráticos, que se desligan de los partidos, sobre todo cuando estos son vetustos y cerrados, aparenten una imagen fresca y  se posicionen frente al electorado como “líderes” carismáticos y sin un pasado que les complique sus aspiraciones.

La participación ciudadana, de acuerdo a los cientistas políticos, está demandando otras formas de representación política. Para algunos de los expertos los partidos tradicionales agotaron sus opciones de transformación y, por tanto, recuperar el entusiasmo que generaron en sus militantes cuando fueron constituidos será muy difícil.  Los movimientos anticorrupción les ganan terreno cuando exigen limpiar a las administraciones públicas de los malos manejos de las finanzas del Estado y someter a la justicia a todos aquellos que cometen actos fuera la ley.

Por otra parte se advierte que esta “primera ola” de protestas en América Latina, además de estar empujando a las instituciones para que investiguen y actúen eficientemente, genera al mismo tiempo un sentimiento de rechazo en contra de los políticos.

La respuesta institucional ha sido positiva. En el continente hay algunos ex presidentes, actuales gobernantes y muchos funcionarios procesados. Sin embargo, el nivel de desilusión social puede orientarse al deseo de sustituir a los partidos por cualquier otra figura al grito “que se vayan todos”.  Kevin Casas Zamora, ex Secretario de Asuntos Políticos de OEA, teme que este momento debilite de tal forma a las organizaciones partidarias que luego sea difícil encausarlas para que continúen cumpliendo su función representativa dentro del sistema.

Sobre este aspecto, aunque no se logró un consenso generalizado entre los participantes, se concluyó que los partidos políticos son, y deben continuar siéndolo, los vehículos por excelencia para competir y alcanzar el poder político. Ciertamente el trabajo que deben realizar para responder a las nuevas y exigentes expectativas de la sociedad del siglo XXI es gigantesco y no debería extrañarnos que algunos de los partidos de larga data se debiliten aceleradamente si continúan con el guión que implementaron hace 50 años. Los candidatos no partidarios o independientes representan una alternativa pero hasta ahora ha sido muy difícil que compitan contra “maquinarias electorales”, con restricciones en materia de financiamiento político y con muy pocas oportunidades de mantener una estructura territorial a nivel nacional como sí la tienen los institutos partidarios.

Ciertamente el cambio generacional, que a su vez establece transformaciones en actitudes, demandas y comportamientos, no le facilita a los partidos su transición y adaptación al “cambio de época” que estamos presenciando. Los jóvenes demandan más información, la crean al instante y promueven “cadenas virales” de mensajes que terminan instantáneamente con reputaciones y carreras políticas. Darle la espalda a esta realidad encamina a los políticos a las orillas de un profundo precipicio.

Las grandes movilizaciones sociales ahora tienen un fuerte impacto inclusive superior al de algunos partidos políticos. Cuando aquellas mutan en estos, como en España,  se pierden millones de votos. Según el profesor de Salamanca, Manuel Alcántara, el PP y el PSOE perdieron 3.6 y 1.4 millones de votos, respectivamente, en la última elección. Creer que las realidades de otros continentes no ocurrirán en El Salvador es engañarse. El descontento de la sociedad civil es generalizado en América Latina y los esfuerzos por constituir movimientos similares a “Podemos” o “Ciudadanos” es cierto, factible y muy probable en el corto plazo. El reto para los partidos está sobre la mesa y la posibilidad de superarlo también.

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