Conmoción y olvido del lector políticamente correcto. De David Jiménez

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, 3 abril 2016 / EL MUNDO

Twitter, ese espacio de debate que alguien ha descrito como una versión moderna de las pintadas que se dejan en las puertas de los baños públicos, se ha llenado estos días de lectores enfurecidos por lo que consideran un agravio comparativo entre las coberturas de los atentados de Bruselas y Pakistán. ¿Por qué tanto espacio dedicado a los europeos y tan poco a los paquistaníes? ¿Acaso a los medios les importan más unas vidas que otras?

El redactor jefe de internacional del portal estadounidense Vox ya describió en noviembre la hipocresía de lectores que le plantearon la misma pregunta en relación a los atentados de París y Beirut. Max Fisher defendía el trabajo de la prensa y sostenía que el problema estaba en una audiencia que se indignaba por la supuesta ausencia de una información que ni buscaba ni le interesaba. La polémica había empezado cuando un tuitero logró atención mundial con un mensaje en el que, utilizando el mundouna foto de un acontecimiento que había tenido lugar en Beirut una década antes, denunciaba el supuesto silencio de los medios tras la masacre en un bastión de Hizbulá. Para Fisher «era difícil no ver la ironía» en ese tuit lleno de imprecisiones que el autor podría haber evitado si hubiera leído una información que no sólo existía, sino que había sido publicada en cientos de medios.

Lo ocurrido con Pakistán estos días también es representativo. Algunos lectores me han escrito ofendidos porque no llevamos a portada la noticia del atentado de Lahore -sí en páginas interiores-, una queja en principio legítima. Lo sorprendente es que no recibiéramos ese toque de atención durante la última década, en la que Pakistán ha sido el país del mundo más golpeado por el terrorismo junto a Irak. Una media de dos atentados diarios.

Entre 1999 y 2013 viajé a menudo por el país, informando de golpes de Estado, terremotos y brutales matanzas terroristas. El interés que despertaba lo que narraba desde allí solía ser inferior a las crónicas de fútbol de segunda división. Pero éste y otros periódicos seguimos cubriendo la zona porque creíamos que era nuestra responsabilidad. Escribí entonces y sigo manteniendo que Pakistán importa: el mayor riesgo para el mundo no está en la dictadura de Corea del Norte o los ayatolás de Irán, sino en la posibilidad de que los fundamentalistas controlen un país con armas nucleares y en una rivalidad con La India que ya ha provocado tres guerras.

Que de repente todo el mundo se acuerde de Pakistán -un rato: la atención duró horas- puede llevar a los mismos medios acusados de indiferencia a pasar la pregunta a los lectores. ¿Se debe ese súbito y pasajero interés en el país a lo mucho que importan ahora sus víctimas? ¿O fue un reflejo por lo ocurrido en Bruselas y el temor a que podamos sufrir lo que los paquistaníes llevan años padeciendo?

Por supuesto hay lectores que se preocupan sinceramente por lo que pasa en países lejanos, pero sabemos que no son mayoría porque la tecnología nos permite hoy conocer cuánta gente lee cada noticia y por cuánto tiempo. The Guardian, que también fue cuestionado por sus lectores tras su pobre cobertura del atentado de Lahore, mostraba los datos el otro día y concluía que no importaba cuántas veces cambiaran de titular o enfoque, la prioridad de sus lectores no estaba en Pakistán.

Ocurre lo mismo con otros temas que supuestamente son los que más movilizan a la opinión pública, sobre todo en las redes sociales, y que los periódicos tenemos serios problemas para que sean leídos, ya sean conflictos en África, la crisis de los refugiados o la más cercana violencia de género, que hoy vuelve a nuestras páginas con un gran reportaje de Pedro Simón sobre un maltratador «arrepentido». Si cada observador ofendido por la insuficiente cobertura de uno de estos temas se convirtiera en lector real, los periódicos tendríamos presupuesto para abrir oficinas permanentes en las capitales de todos los países a los que supuestamente hemos abandonado informativamente.

Hoy sabemos mejor que nunca lo que la gente quiere leer, al menos en Internet, y la buena noticia es que podemos desmontar el mito de que sólo atrae lo banal. La política, la salud, la educación, la cultura, el deporte o la ciencia también interesan. Lo que ocurre en tu ciudad interesa más que lo que pasa en otras. Estados Unidos más que Mali. Y Pakistán sólo cuando percibimos que lo que pasa allí nos puede afectar. Por eso vamos a seguir informando del país, tratando de hacer un mejor trabajo en explicar a nuestros lectores por qué debería importarles.

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