En el país lo ordinario es lo extraordinario y viceversa, así estamos. De Ricardo Chacón

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Ricardo Chacón, editor jefe de El Diario de Hoy

Ricardo Chacón, 3 abril 2016 / EDH

El diccionario lo dice claramente, lo ordinario tiene que ver con “lo común y corriente, sucede habitualmente”, también se puede decir lo mismo de otra manera, que “no destaca por nada especial y se encuentra en lo que se considera normal”; mientras que lo extraordinario se relaciona con “lo poco común, sale fuera del orden o regla general o sucede rara vez”, también se puede decir de lo que “es mejor o mayor que lo ordinario”; la diferencia es clara y contundente, no obstante, en nuestro país y nuestra clase política pareciera ha perdido la diferencia entre uno y otro, y por momentos se confunden y hasta se identifican. ¡Qué pena!

diario hoyEs más, hechos que en otras latitudes, en países con más tradición democrática e institucional, serían cuestiones ordinarias, acá son extraordinarias; y viceversa, cuestiones que en otras naciones son hechos extraordinarios, acá son ordinarias.

Me explico con el tema de las noticias, ya que sospecho que será un tema que pronto será abordado por el poder, con la intención de tratar de callar a los medios de comunicación y que estos se “pongan a tono” para crear un ambiente de tranquilidad en la población, se pongan en línea con las medidas extraordinarias ahora puestas en marcha por el actual gobierno, con la bendición de todos los partidos políticos y avalado por la opinión pública.

En países mucho más desarrollados y civilizados, el asesinato de una persona, no se diga 20 diarios, es noticia y noticia de primera magnitud; no solo porque se ha terminado con una vida, sino porque lo ha hecho otra persona ya sea por robarle, por envidia, o por cualquier otra causa. Lo menos que podemos hacer es convertir un asesinato o un crimen en un hecho ordinario… Las noticias son eso, hechos extraordinarios.

En este sentido, que se consigne, se registre, se publique cada asesinato en la prensa o la televisión no es simplemente “para vender más” o formar parte del “espectáculo de la violencia” sino dar cuenta que una vida se ha terminado a causa de la vorágine de violencia que padece el país; se trata de mostrar una y otra vez que no podemos permitir que la inseguridad toque a nuestra puerta y violente a nuestra familia.

Otra cosa, y este es el desafío para los periodistas profesionales, cómo contar la violencia, no solamente registrando los hechos sino tratando de explicar el porqué de los hechos, las causas de la inseguridad y la violencia, así como los esfuerzos serios, y los no muy serios, para enfrentarla y hacer de El Salvador un país seguro.

Lo ordinario, en otro punto, es que el control de los Centros Penales lo tenga el Estado, de esto no hay vuelta de hoja, como también que los reos no posean celulares, mucho menos que desde las cárceles sigan delinquiendo y extorsionando a los ciudadanos; lo normal es que los mareros en las cárceles no tengan celulares, no tengan cargadores ni tomas para cargar los teléfonos, mucho menos que los custodios introduzcan celulares o que sean víctimas de los reos y “presten” los teléfonos o que “suban” la señal; lo ordinario, y no me parece que sea extraordinario, que las telefónicas quiten la señal en los penales, si no, las van a multar.

Todavía más, lo ordinario es que el Estado y sus instituciones controlen el territorio nacional, esto debería ser lo normal y cotidiano, pero no, en nuestro país pareciera que es ordinario que las pandillas autoricen o no el ingreso de personal de empresas comerciales a ciertos lugares, todavía más, se ha convertido en costumbre y en normalidad el cobro de la extorsión, de la renta, incluso hay empresas que incorporan este gasto en el “presupuesto”, se coloca un incremento por el período de vacación y se toma en cuenta el aguinaldo… ¡el colmo!

Hace unos años, entrevisté a uno de los artífices del cambio en Colombia, que contribuyó decididamente a convertir esta nación, una nación vinculada a la delincuencia y la violencia, en un país próspero, seguro y pacífico como lo es la actual Colombia, que la coordinación de los tres poderes del estado, la coordinación institucional, la coordinación entre las diferentes instancias de la sociedad civil y la sociedad política, permitió transformar a la sociedad colombiana. Dicho en pocas palabras, lo ordinario es la coordinación interinstitucional… acá, en nuestro El Salvador, lo extraordinario es que haya coordinación, como al parecer ha ocurrido en estos días donde de manera exprés, el Ejecutivo puso en marcha un plan de medidas extraordinarias, logró el consenso entre los partidos políticos y fue aprobado en la Asamblea Legislativa… no sin antes negociar o dialogar entre los tres Órganos del Estado, tomando en cuenta a la sociedad civil e incluso informando a la comunidad internacional… esto debería ser lo ORDINARIO.

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