Contradicciones destructivas. De Roberto Rubio

roberto rubioRoberto Rubio, 28 marzo 2016 / LPG

Si hablamos de “contradicciones destructivas”, es porque existen aquellas que no lo son. En efecto, en la dialéctica, la contradicción da paso a la síntesis. Las teorías opuestas en las ciencias han dado pie a nuevas teorías. De fuertes contradicciones han nacido grandes invenciones. Por otro lado, dentro de los campos electromagnéticos, los opuestos se atraen.

Las contradicciones destructivas, como su nombre lo indica, no construyen sino que anulan, descomponen, no aportan, no permiten avanzar. Esta es la clase de contradicción sociopolítica que vive el país, y dentro de ella, el tipo de polarización partidaria que existe, especialmente entre ARENA y el FMLN. Las ideas o las la prensa graficapropuestas de uno son anuladas casi automáticamente por el otro. La desconfianza es total, y las aproximaciones (que algunas hay) no son sustantivas sino secundarias y frágiles; mientras que los discursos concertadores se mueven más en la esfera de la cosmética que en la real. Son contradicciones donde no hay síntesis, no hay aporte. De la confrontación entre A y B no surge una C.

En la dinámica de las contradicciones positivas/constructivas, de la crisis sale la oportunidad. De ahí que, por ejemplo, en muchas naciones, de las cruentas guerras han surgido regiones de paz, como sucedió en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, o de los desastres naturales, emanaron países más reunificados, como pasó con los terremotos de 2001 en la diversa y multicultural India. Mientras tanto, en El Salvador, atrapado en dinámicas contradictorias destructivas, la cruenta guerra más bien ha evolucionado hacia otras formas de guerra, criminales unas, políticas otras. Y los terremotos de 2001, contrario a lo sucedido en la India, dividieron y polarizaron aún más el país.

Bajo esas dinámicas negativas, no hay manera de entenderse en cosas sustantivas, en los problemas que más afectan al país, en aquello que nos está paulatina y alarmantemente descomponiendo como sociedad, ya sea se trate del insoportable problema de la inseguridad, del permanente estancamiento económico, de la crítica situación fiscal, de la temática de las pensiones, de la amplia e intensa corrupción e impunidad, de la sequía, de la inseguridad alimentaria, del cambio climático, etcétera.

Una posible explicación de por qué no logramos salir de ese tipo de nefasta contradicción podría estar en el hecho de que no se trata tanto de una contradicción entre opuestos, sino más bien de un conflicto entre semejantes. ARENA y el FMLN se parecen más de lo que se diferencian, lo cual es particularmente más visible en la esfera del comportamiento y práctica política. Como lo definió hace unos años nuestro estimado amigo Escobar Galindo en una de sus columnas de opinión: se trata de “Espejos Paralelos”.

El no haber todavía exorcizado sus demonios del pasado, los asemeja en el presente: autoritarismo y verticalismo, aunque en uno más que en otro; partidos electoreros distanciados de la ciudadanía; supremacía del voto sobre la gente que vota; corrupción, apropiación y control de instituciones del Estado mientras están en el poder; prácticas legislativas clientelistas y oportunistas (aunque a riesgo de que los del estribillo de siempre me acusen de arenero, tengo que decir que sí existe un grupo de nuevos legisladores en ARENA que buscan prácticas diferentes), etcétera.

Tal confrontación política no abona en nada a la lucha y/o aportes que la ciudadanía pueda dar en favor de resolver los grandes problemas del país. Dicha contradicción destructiva contamina el resto de la sociedad, intoxica el ambiente del debate de las soluciones. Así para el caso, si desde la ciudadanía se propone una reforma o medida económica, o una denuncia de corrupción, que se parezca a la de la oposición, rápidamente se la descalifica como algo que “le hace el juego” a la misma y es ciegamente rechazado el aporte ciudadano, y a la inversa. Se crea así un obstáculo a la lucha ciudadana por el cambio y a sus aportes constructivos. Felizmente, la organización ciudadana está floreciendo y desarrollando su propia primavera, y sin duda superará tales obstáculos, y con ello, también contribuirá a desmontar esa perversa polarización política.

 

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