Carta a los periodistas con mejores salarios… y sin cojones. De Paolo Luers

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Disidentes cubanos se manifiestan el día antes de la llegada de Obama, y son arrestados.

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 23 marzo 2016 / EDH

Colegas:
Esto va a los colegas que este lunes estaban en la histórica conferencia de prensa conjunta de Barack Obama y Raúl Castro en La Habana. Y los que se callaron el pico cuando Raul Castro dijo, literalmente: “Si hay presos políticos, dame la lista para soltarlos. Dime el nombre o los nombres para soltarlos. Si hay presos políticos a la noche los suelto.

Nadie dijo nada, y ver esta escena y escuchar este silencio ha sido uno de los pocos momentos que me da pena ser periodista.

¡Que banda de cobardes y oportunistas! Todos en esta sala, sin excepción, si no tenían a la mano la lista completa de presos políticos en Cuba (que la debieron tener si son periodistas de verdad), se sabían los nombres de los más prominentes disidentes presos. Y todos se callaron, cuando era el momento histórico de hablar y poner a prueba las palabras del presidente cubano…

La lista que nadie le dio a Castro

La lista que nadie le dio a Castro

Obviamente no estoy hablando de los periodistas cubanos que estaban en esta sala. Cualquiera de ellos que abre el pico por lo menos pierde su trabajo. Esto va con los periodistas estrella que tienen el privilegio de acompañar al presidente Obama en su Air Force One; los que ahora andan con él en Cuba, aprovechando el Día Mundial de la Poesía para escribir poemas sobre el fin de la guerra fría.

Nadie de ellos habló. ¡Que silencio tan elocuente! Todos tienen la información sobre los presos políticos (y si uno de ellos no la tiene, fue un error de mandarlo a Cuba); todos hubieran podido aprovechar la situación para gritar por lo menos un nombre. ¿Hubieran corrido un riesgo? Me imagino que sí. El riesgo de no volver a conseguir visa de periodista para trabajar en Cuba. Riesgo tal vez incluso de ya no ser invitado al pool de periodistas que viaja con el presidente de Estados Unidos.

Tal vez sí, tal vez no. Pero cualquiera que se hubiera animado a desafiar a Castro y ponerlo en la situación de tener que explicar porque no cumplía su promesa, hubiera salido de esta sala, tal vez no como héroe, pero como periodista decente.

No corrían riesgo de perder su trabajo. Mucho menos de ir preso, como cualquiera de sus colegas cubanos. Ustedes son los periodistas mejor pagados del mundo, representando a los medios más poderosos del mundo – y se acobardan ante un presidente Castro, porque por más que ahora haya apertura entre estados Unidos y Cuba, este autócrata todavía puede decidir si ustedes serán parte de esta historia tan atractiva para el periodismo… Y esto, me da mucha pena decirlo, es suficiente para callar a todo el famoso press corps de la Casa Blanca.

¿O estaban ustedes esperando que Barack Obama sacara de la manga la lista de los presos políticos cubanos y se la diera a Castro?

"¿Cuáles presos políticos?"

“¿Cuáles presos políticos?”

Obama ha abierto una puerta, ¡enhorabuena!, pero de nada sirve si los periodistas no pasan por ella – y si no nosotros no nos quedamos parados en la puerta para que nadie la pueda volver a cerrar, y para que al final los cubanos pueden pasar por ella.

¿No se dan cuenta ustedes que en esta historia fascinante de la apertura entre Cuba y Estados Unidos nosotros, los periodistas y los medios, no solo somos observadores. Somos protagonistas, ocupando el espacio que se abre.

No nos hagan pasar vergüenza, colegas.

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