Pachito estaba el río. De Cristina López

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, Lic. en Derecho de la ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Cristina López, 7 marzo 2016 / EDH

La semana pasada el presidente Sánchez Cerén fue el destinatario del escrutinio público por reaccionar de manera completamente desproporcionada ante la pregunta que Paola Alemán, periodista de canal 6, le hiciera a uno de los miembros de su gabinete durante una conferencia de prensa. La acusó de irrespeto a sus funcionarios. La acusó de ser parte de una conspiración para desestabilizar al gobierno (si esto fuera una serie de comedia de pésima calidad, aquí sería donde se insertarían las risas pregrabadas). Acto seguido, para sorpresa de todos, procedió el mandatario a sugerir que a la periodista le faltaba ética.

Como si no fuera suficientemente grave la demostración de limitada inteligencia emocional presidencial (¡pachito estaba el río!) el mandatario tuvo la audacia de proceder de la misma manera condescendiente con la que un profesor trataría a un alumno de primaria, y pretendió explicarle a una profesional con experiencia cómo tenía que hacer su trabajo. El tema ya dejó de ser si en los penales se hacen pornofiestas con aval gubernamental no, o si pasaban con conocimiento del responsable (en aquel momento era Munguía Payés) o no. El breve intercambio reveló verdades mucho más profundas sobre nuestro gobierno, verdades de las que las pornofiestas o la incapacidad gubernamental (sea a propósito o accidental) solo son síntomas.

diario hoyLa primera verdad es que en lo que al tema de seguridad respecta, el gobierno está contra las cuerdas. El impacto causado por una pregunta, tan simple como directa, demuestra que o no tienen idea de cómo llegamos a la crisis de inseguridad en la que nos encontramos (en cuyo caso, ¡Dios nos socorra!). Es mejor pensar que no tienen idea, porque la alternativa de asumir que dieron su aval en nombre de la famosa tregua para cualquier tipo de ilegalidades en materia carcelaria y que en la sangre que corre en la actualidad ha habido quienes actúan con dolo desde el poder, es irreconciliable con un Estado viable.

Otra cosa que aprendimos con la pregunta de la periodista Paola Alemán y la falta de respuestas, fue que el alegato de que hay una conspiración para “desestabilizar” al gobierno (inserte las risas grabadas otra vez: sigue siendo chistoso) es como un comodín de juego de cartas: puede usarse cuando sea. Cuando faltan las respuestas, para acusar a otros de las metidas de pata propias, para dispararle al mensajero cuando no guste el mensaje, etc. Y es brillante, porque es ambiguo, no hace falta especificar quiénes específicamente están detrás de la desestabilización – es como una camisa de talla universal – a conveniencia le queda a los medios, a la “derecha” (así, usada en abstracto, como si existiera especificidad filosófico-política o unidad ideológica en la clase partidaria), o a la oligarquía (¿?). La rapidez con la que el presidente recurrió al comodín demuestra lo acostumbrado que está a usarlo. No lo culpe: cuando se construye un plan gubernamental sobre un cúmulo de mentiras, cualquier intento por la búsqueda de la verdad suena a desestabilización.

Y usando el comodín, se desestima cualquier cosa que incomode, sea producto de la oposición válida en un debate de ideas, o de un simple escrutinio en búsqueda de la transparencia. Esto último reveló la verdad más grave: tildar el vital rol de los medios en una democracia como “irrespeto” es un rasgo propio de autoritarismo, simple y llanamente. Y autoritarismos los hay de todo tipo, estrambóticos, chocarreros y racistas, como el de Donald Trump, rurales e imaginarios como los de Macondo, sangrientos y militares como los que escribieron las páginas más oscuras de nuestra historia, o solapados y disfrazados de mediocridad como los que hemos tenido últimamente en El Salvador. Que en nuestro país estos pininos autoritarios provengan en la actualidad de quienes supuestamente hicieron de la liberación nacional su causa de vida, es especialmente chocante.

@crislopezg

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