Marañas del mercado. De Mariana Belloso

Las fuerzas del mercado tienen todo tipo de presiones y variantes, pero los poderes de la oferta y la demanda siguen siendo primordiales. Cuando hay más demanda, el precio tiende a subir.

Mariana Belloso

Mariana Belloso

Mariana Belloso, 17 enero 2016 / LPG

¿Vieron cómo el precio del petróleo está cada vez más bajo? Esta semana leí el análisis de un periodista que decía que Oriente Medio necesita una nueva guerra para que el precio suba de nuevo… y pues, no es así. Esta vez, aunque parezca fuera de toda lógica, el precio está como está porque algunos de los productores más fuertes así lo han decidido. Bueno, específicamente Arabia Saudí.

Las fuerzas del mercado tienen todo tipo de presiones y variantes, pero los poderes de la oferta y la demanda siguen siendo primordiales. Cuando hay más demanda, el precio tiende a subir, y cuando la demanda merma, sucede lo mismo con los precios. En cuanto a la oferta, mientras menos petróleo se produce, hay precios más altos, pero si la producción es alta –de modo que no se teme que haya desabastecimiento–, tienden a bajar.

la prensa graficala prensa graficaEn el entramado de factores que actualmente han llevado al petróleo a los $30 por barril, tras máximos de $200 hace algunos años, hay uno particularmente fuerte: el deseo de los petroleros tradicionales de sacar del escenario al llamado petróleo de esquisto, o de roca.

Resulta que en los tiempos en los que el petróleo se puso carísimo comenzó el auge de explotar estos yacimientos de esquisto. A diferencia del petróleo “tradicional” que está en yacimientos bajo tierra o bajo el lecho marino, este se encuentra en rocas. Su explotación es mucho más complicada y costosa. En ese momento, en esa coyuntura, resultaba atractivo apostarle al esquisto: los precios pasaban los $200 y a pesar de lo caro del proceso para obtenerlo, dejaba ganancias.

¿Pero qué pasa con precios como los de hoy? El esquisto se vuelve totalmente inviable. Y Arabia Saudí lo sabe. En las más recientes reuniones de la asociación de los principales productores de petróleo se han enfrentado las voces de naciones más pequeñas y más dependientes de los ingresos por la venta de crudo, como Venezuela, con las de Arabia Saudí. La apuesta es simple: no reducir la producción –algo que ayudaría a que los precios comenzaran a subir–, al menos no aún, mantener el valor del barril bajo y sacar del escenario a la competencia del esquisto.

Si bien a Arabia Saudí parece no pesarle mucho sostener por un tiempo los precios bajos, para los productores más pequeños el impacto ha sido importante. Venezuela, por ejemplo, ha sumado a su propio rosario de problemas internos la reducción de ingresos por la venta de petróleo. Varios países productores habían basado sus presupuestos internos en precios no menores a los $90 por barril. Actualmente están en $30, un tercio de lo proyectado, y hay analistas que creen que bajará a $10.

¿Hasta cuándo sostendrá Arabia Saudí esta postura? Habrá que esperar para verlo. Mientras tanto, el mapa económico internacional se ha volteado y países que no producimos petróleo estamos viendo la ventaja de comprarlo barato. Como en todo fenómeno económico, hay ganadores y perdedores. Nosotros venimos de ser perdedores, y ahora, por primera vez en varios años, estamos teniendo un respiro por la vía de la factura petrolera.

Las empresas deberían aprovechar este respiro. Con el petróleo más barato se reducen los costos por el lado de la energía, tanto en combustibles como en electricidad, y los negocios deben saber usar el producto de este ahorro de modo que les permita ser más productivos y más competitivos. Ojalá no se caiga en la tentación de simplemente compensar las pérdidas del pasado y canalizarlo todo como un mero aumento de ganancias, sin reinversión.

Para el Gobierno es momento de revisar su política de subsidios. Energía, gas propano y transporte público son parte de esta cartera de subsidios que no se justifican en un escenario de precios bajos del petróleo. Tomar este dinero y usarlo en inversión social sería una movida acertada en momentos en que vemos estancadas las cifras que se destinan a salud y educación. Pero esta es una decisión política que, hasta hoy, nadie ha querido tomar, porque no se considera popular.

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