La evaluación desfavorable del gobierno y el escepticismo hacia el futuro. De Alberto Arene

Alberto Arene, expresidente de CEPA

Alberto Arene, expresidente de CEPA

Alberto Arene, 14 enero 2016 / LPG

“Al concluir el año 2015, prevalece entre la opinión pública salvadoreña una evaluación desfavorable en torno a la situación general del país y una actitud de escepticismo hacia el futuro”, reveló la más reciente encuesta de opinión del Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA (IUDOP). En su primer año y medio de gestión, esta es la peor evaluación de los últimos 6 gobiernos en los últimos 26 años. Ante semejantes resultados que coinciden con los de otras encuestas, ¿qué hará ahora el presidente? ¿Los cambios de visión, estrategia y equipo a partir de febrero serán tan relevantes para enfrentar la crítica situación que la seguridad, la economía y las finanzas públicas requieren?

A tres años y medio de concluir su gestión, a solo un par de años de las elecciones legislativas y municipales, y a tres de las presidenciales, la pregunta es si a partir del 1.º de febrero, el presidente hará un viraje lo suficiente importante para comenzar a mejorar la seguridad, la economía y las finanzas públicas, antes del inicio de la coyuntura electoral que iniciará un año y medio después. Solo así mejoraría la evaluación del país y la confianza en el futuro, y tal vez, las perspectivas de su partido de ganar por tercera vez las elecciones presidenciales y gobernar por segunda vez a partir de junio de 2019.

En la encuesta del IUDOP, 82.5 % opinó que la delincuencia aumentó y el 24.5 % admitió haber sido directamente su víctima, el 66.7 % que los planes de seguridad están dando poco o ningún resultado, el 62.3 % que la Fiscalía ha cumplido poco o nada con su deber de investigar a los responsables de los hechos delictivos y el 69.3 % que en esa institución existe mucha o alguna corrupción. Y respecto a la economía y la pobreza, solo el 5 % piensa que la economía mejoró frente al 48.9 % que piensa que siguió igual y al 46.1 % que empeoró, 49.9 % que la pobreza aumentó, 43.2 % que se mantuvo igual y el 6.9 % que disminuyó. 60 % anticipa un deterioro de la economía nacional, 25.4 % que se mantendrá igual y solo el 11.7 % pronostica una mejoría. El pesimismo sobre el futuro económico del país es mayor en las mujeres, en las personas entre 26 y 40 años, y en quienes tienen mayores niveles educativos.

El 55.5 % considera que el gobierno del presidente Sánchez Cerén representa un cambio negativo para el país y el 32.6 % un cambio positivo, disminuyendo su calificación a 5.18 (de 5.59 en noviembre de 2014 y 5.68 en febrero de 2015), la más baja de su gestión. El 46.7 % cree que con el actual gobierno la situación seguirá igual, el 27.7 % que empeorará y el 23.7 % que mejorará, girando “las expectativas futuras del país con la actual administración alrededor de la continuidad y el deterioro”.

Si muchos de los “modelos”, gestiones e instituciones de la posguerra están considerablemente agotados, el desafío del ejercicio de este y del próximo gobierno –del presidente, del gabinete y de los presidentes de las llamadas instituciones “autónomas”– es no solo enfrentar de la mejor manera posible las diversas y crecientes demandas, sino también, impulsar una profunda transformación institucional de mediano y largo plazo, para crearle viabilidad, relevancia y futuro a dicha institución, al Estado y al país. Esto supone la estructuración de visiones ilustradas y estructuradas de mediano y largo plazo determinada por las tendencias y escenarios futuros, consensuada con las principales contrapartes del país y con actores internacionales relevantes, viabilizándolas con planificación estratégica y preparación de la cartera de proyectos de preinversión, con la obtención de modalidades de financiamiento que no aumenten la deuda soberana, con la ejecución eficiente y transparente de la inversión pública, y tanto o más, con la creación de las condiciones para desatar la inversión privada y la creación acelerada y sostenida de riqueza, cerrándole todos los portillos a la elusión, a la evasión fiscal y al contrabando. Y conlleva muchas soluciones público-privadas a enormes problemas públicos históricamente acumulados, maximizando los ingresos públicos tan escasos, priorizando la política social y la protección de los más vulnerables.

Enfrentar la crisis de seguridad requiere varios miles de millones de dólares adicionales para financiar los programas de inteligencia y represión; de fortalecimiento de la Fiscalía y del sistema judicial y penitenciario; de rehabilitación, prevención y masiva intervención e inclusión social integral en la comunidades, y creación de mucho empleo juvenil decente para cientos de miles de jóvenes, en la próxima década.

Todo esto supone visión compartida, consensos mínimos y confianza creciente, y un ejercicio de gobierno libre de corrupción y de intentos y percepciones de la misma, evitando iniciativas de ley que sean declaradas inconstitucionales, retrasen el ejercicio del gobierno, deterioren la institucionalidad, la creación permanente de confianza, el logro de consensos nacionales y del enorme apoyo internacional que sostenidamente requiere el país en los próximos años.

ARENA y la oposición no dan señales todavía de prepararse a gobernar con la visión y actitud que requiere esta nueva y compleja época del país y del mundo. ¿Tendrá ahora el presidente la visión y la resolución de ponerse a la altura de la historia?

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