La tragedia salvadoreña y los desafíos del nuevo fiscal. De Alberto Arene

La responsabilidad histórica del nuevo fiscal es enorme. Deberá liderar un equipo con los más capaces, decentes y valientes para transformar la Fiscalía, y poder, solo entonces, sin tregua ni pausa, investigar y perseguir efectivamente el delito.

alberto areneAlberto Arene, 7 enero 2016 / LPG

Después de una cruenta guerra que causó 80 mil víctimas, decenas de miles de lisiados, 500 mil desplazados internos y el éxodo de millones de compatriotas al exterior, El Salvador lidera, un cuarto de siglo después, los homicidios en el mundo, quedando casi todos impunes. Esta realidad que nos disminuye y avergüenza como nación solo puede calificarse de tragedia. Víctimas y victimarios, los jóvenes vuelven ahora a ser el centro de esta terrible guerra de nuevo tipo. La exclusión social juvenil y la falta de oportunidades para los jóvenes, por un lado, y la influencia determinante de poderosos intereses, la debilidad institucional y la corrupción en la Policía, en el sistema penitenciario, en el sistema judicial y en la Fiscalía explicaría la impunidad en la investigación y persecución del delito. El Salvador tiene hoy un nuevo fiscal, y en medio de tanta corrupción y de tantos la prensa graficacrímenes impunes, ojalá renazca una moderada y controlada esperanza que tal vez, esta vez, podamos iniciar un camino diferente. Hace un año, el secretario general de la ONU afirmó: “Los países de la región, especialmente del Triángulo Norte formado por El Salvador, Guatemala y Honduras, están sometidos a la amenaza de la violencia armada impuesta por la delincuencia organizada transnacional, las pandillas y el tráfico de drogas… Hoy en día, la región registra los índices de homicidios más altos del mundo. Desde el final de la guerra civil han muerto casi tantos salvadoreños como los que perdieron la vida durante el conflicto”. (El Nuevo Herald, 29 de enero, 2015).

Honduras lideró por muchos años dichos índices, reduciéndolos de 91.4 al 52.5 por cien mil de 2011 a 2015. Mientras El Salvador concluyó 2015 con 6,670 homicidios, 104.2 por cien mil habitantes, superando 10 veces el índice considerado de epidemia en la Organización Mundial de la Salud, y 16 veces el promedio mundial. Estas cifras igualan o superan los promedios de la época de mayor violencia y número de víctimas del conflicto, con una tasa muy elevada de impunidad y subregistro, del 95 %. Y lo mismo ocurre con los grandes casos de corrupción de algunos altos funcionarios del Estado y/o de algunos grandes empresarios que logran negocios al amparo del poder y del tráfico de influencias.

En su comparecencia con la subcomisión de diputados de la Asamblea Legislativa que entrevistó a los candidatos a fiscal, uno de los más calificados para ejercer la Fiscalía, el actual superintendente de Competencia, Francisco Díaz Rodríguez, afirmó: “La Fiscalía… tiene un rol esencial principal: acabar con la impunidad, con la incapacidad del Estado para perseguir el delito y juzgar al delincuente. Y para lograr eso hay que transformar sustancialmente el modo de operar que tiene actualmente la Fiscalía: 1. Hay que superar la investigación individual del delito y pasar a investigar las estructuras delictivas. 2. Hay que superar la investigación reactiva por una proactiva, antes de que se produzca el delito, para lo cual se requerirá inteligencia fiscal. 3. Hay que desarrollar la especialización fiscal, especializando al fiscal investigador y al fiscal procesador, el que lleva el caso en los tribunales. 4. Hay que utilizar todos los recursos técnicos de la ciencia forense desarrollados y todas las bases de datos que existen en el país, huellas, armas, ADN, finanzas, registros de propiedad, acciones, probidad. Todo debe estar al servicio de la Fiscalía para poder cruzar la información e identificar donde hay una sospecha y en donde se está produciendo una estructura criminal. La combinación de estos cuatro elementos y otros es lo que se llama persecución fiscal estratégica… (además de impulsar) la coordinación y el liderazgo de las instancias de prevención del delito y de las instancias de disuasión del delincuente y de su reinserción social… Si no se reduce el flujo delictivo, es decir el ingreso de más delincuentes o el reingreso de los que salen de la cárcel, no hay institución fiscal que soporte la carga actual”.

La única abstención en la plenaria donde se eligió al nuevo fiscal provino del diputado John Wright Sol que afirmó que “el proceso fue poco transparente e irregular en sus procedimientos”, preguntándose: “¿Cómo es posible que hubiera dictamen antes de conocer un informe de la subcomisión?”, proceso que le impidió “llegar a la conclusión que esta es la persona más competente” (“para servirle al interés público”). Respeto y admiro la posición de este joven diputado honesto, independiente y valiente.

Conozco al nuevo fiscal, Douglas Meléndez, uno de los abogados más destacados de la Gerencia Legal de CEPA, institución que presidí durante 27 meses. Sin lugar a dudas, Douglas tiene muchas calificaciones para ejercer ese cargo. Pero no lo conozco como fiscal ejerciendo el poder, sometido a enormes presiones y tentaciones de poderes superiores. Su responsabilidad histórica es enorme. Deberá liderar un equipo con los más capaces, decentes y valientes para transformar la Fiscalía, y poder, solo entonces, sin tregua ni pausa, investigar y perseguir efectivamente el delito. Le deseo mucha independencia de criterio, mucho valor, y mucha suerte.

Lea también sobre el tema:
Carta al fiscal que no fue. De Paolo Luers

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