Un pacto por encima de los intereses de partido. Editorial de El Mundo

Entre las diferentes alternativas que pueden construirse respetando la relación de fuerzas surgida de las elecciones, nos parece que, con mucho, la mejor es un pacto de gobernabilidad entre PP, PSOE y Ciudadanos.

el mundoEditorial, 23 diciembre 2015 / EL MUNDO

En la política, como en la vida, las opciones son siempre limitadas y hay que adoptar las decisiones en función de las circunstancias. Maquiavelo, una de las mentes más lucidas de la historia del pensamiento, hablaba del momentum, que no es otra cosa que el manejo del tiempo en la acción política. Las elecciones del domingo han conformado un mapa parlamentario sin una mayoría clara en unos momentos en los que España afronta grandes desafíos y no se puede permitir el lujo de un Gobierno débil e inestable. No hay ninguna solución fácil ni ninguna receta mágica que vaya a arreglar nuestros problemas. Tampoco se puede mirar al pasado en busca de paralelismos porque no existen precedentes de una situación como ésta desde la muerte del general Franco.

Entre las diferentes alternativas que pueden construirse respetando la relación de fuerzas surgida de las elecciones, nos parece que, con mucho, la mejor es un pacto de gobernabilidad entre PP, PSOE y Ciudadanos.

Como decíamos ayer, ese pacto comporta dos requisitos básicos: la abstención del PSOE y Ciudadanos para permitir que Mariano Rajoy sea investido como presidente y un acuerdo entre los tres partidos para asumir una serie de reformas durante toda o parte de la legislatura.

Somos conscientes de las dificultades de este pacto de gobernabilidad, que comporta serios problemas, sobre todo, para Rajoy y para Sánchez. Probablemente a ninguno de los dos les gusta la idea. Pero lo que les pedimos es que antepongan los intereses de partido y sus ambiciones personales a la búsqueda de una solución para los problemas del país.

Susana Díaz y Antonio Hernando se reafirmaron ayer de forma categórica en que el PSOE votará en contra de la investidura de Rajoy y pasará a la oposición. Una postura comprensible cuando apenas han transcurrido unos pocos días tras la cita electoral. Pero el PSOE ya ha dado el importante paso de rechazar un pacto para gobernar con Podemos y otras fuerzas nacionalistas. Eso hoy parece descartado.

Lo que los intereses generales, la estabilidad económica y el sentido común exigen al PSOE es que asuma también la necesidad de ese pacto de gobernabilidad. No es fácil para Sánchez porque el PP siempre ha sido el adversario a batir y su relación con Rajoy es tensa, pero no hay otra alternativa si queremos evitar que España se sumerja en un escenario de desgobierno e inestabilidad. A medio y largo plazo, Sánchez podría salir beneficiado de este pacto que demostraría su talla política y reafirmaría la imagen del PSOE como un partido responsable y fiable como alternativa.

En lo referente a Rajoy, no sabemos lo que piensa sobre este pacto, aunque puede interpretarse por sus palabras que al menos es consciente de que no puede gobernar en solitario y que está dispuesto a hablar con el PSOE y con Ciudadanos. Lo que se le pide es también altura de miras y generosidad para sentarse en una mesa con Sánchez y Rivera. Y ello para pactar acuerdos y elaborar una agenda política común. Acostumbrado a gobernar con mayoría absoluta, Rajoy tendría que consensuar las grandes decisiones con ambos.

El pacto de gobernabilidad es la mejor opción porque evitaría el vacío de poder y daría una imagen de estabilidad de España ante los mercados. Además permitiría visualizar a los ciudadanos que, como sucede en otros países, los dos grandes partidos son capaces de entenderse en beneficio del país.

La necesidad de este pacto queda reforzada por la posibilidad de un inminente acuerdo entre Junts pel Sí y la CUP, cuyos militantes votaran el domingo una propuesta de la coalición. Incluye mantener a Artur Mas temporalmente como presidente de la Generalitat con un poder limitado. Y en la práctica, la asunción del programa social de la CUP, cuyo coste nadie sabe cómo se va a poder financiar.

Todo indica que los independentistas catalanes van a elevar su nivel de desafío al Estado tras la investidura de Mas -u otro dirigente de Junts pel Sí- y la designación de su nuevo Gobierno a comienzos de año. Ese momento va a coincidir con una situación de interinidad de Mariano Rajoy y de incertidumbre por la fragmentación electoral. Ello no hace más que reforzar la necesidad de que los líderes del PP, el PSOE y Ciudadanos empiecen a buscar ese entendimiento que también pasa por cerrar filas frente al pulso nacionalista y lanzar el mensaje de que la unidad de España no es negociable.

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