Socialismo de cartón y algo sobre la Ley de Probidad. De Roberto Rubio

Es un “socialismo” que oscila con el precio del barril del petróleo: a menos de $75 el barril, comienza a dejar de ser viable. (LPG, 9/2011).

rubio2Roberto Rubio, 22 diciembre 2015 / LPG

Lo que ha ocurrido y puede ocurrir en Venezuela se veía venir. No desde hace poco tiempo sino desde años atrás. Incluso desde antes de la muerte de Chávez. Esta lo que hace es acelerar la caída del mal llamado socialismo del siglo XXI, que como hemos repetido, ni es socialista ni es del siglo XXI.

En efecto, como lo apuntamos hace varios años, se trata de un “socialismo” de pocas ideas y de muchos petrodólares, utiliza los mismos métodos que critica de la derecha y el imperialismo, comete sus peores vicios, carece de vocación democrática, y su perspectiva de futuro es un intento de reciclar el pasado. En fin, un régimen sin ideas sólidas, autoritario y basado en el dinero no tiene futuro… Es un “socialismo” que oscila con el precio del barril del petróleo: a menos de $75 el barril, comienza a dejar de ser viable. (LPG, 9/2011).

la prensa graficaEse supuesto socialismo va contra todas las tendencias y dinámicas de la compleja realidad actual, una de ellas siendo la tendencia de las sociedades a abrirse, democratizarse, interrelacionarse, contrabalancearse, comunicarse, etcétera. La época de las sociedades cerradas, del secretismo de Estado y del Filósofo-Rey basado en los planteamientos políticos de Platón y Aristóteles, ya pasó. Fue derribado por los planteamientos de una sociedad abierta, basada en los filósofos liberales ingleses del siglo XVII y desarrollados recientemente por filósofos políticos como Jürgen Habermas, John Raws y Norberto Bobbio. En el marco de una sociedad abierta, el socialismo debe fundamentarse en la democracia, la decencia, la descentralización, la solidaridad, la tolerancia, la transparencia, en relaciones más horizontales entre el Estado y la sociedad.

Sin embargo, todavía existen personas, grupos, regímenes, como el gobierno chavista de Venezuela y aquellos que comulgan con ese mal llamado socialismo del siglo XXI, a los cuales les gusta revolcarse en el pasado. Son regímenes que se asientan en el secretismo, el elitismo y autoritarismo de Estado, en el control institucional, en el pensamiento único, en la razón de Estado.

En referencia a ese cuasi cadavérico socialismo, en aquella misma ocasión traía a cuenta unas interrogantes: ¿Es socialista hacer uso patrimonial del Estado, apropiarse de las instituciones estatales, penetrar y manipular el sistema de justicia y las instancias electorales? ¿Acaso no es eso lo que criticamos que ha venido haciendo la mala derecha? ¿No es justamente eso lo que hace Chávez y Daniel Ortega cuando se apropian del poder judicial y lo dirigen injustamente contra todos aquellos que lo critican?… ¿Lo que hace ese socialismo es realmente del siglo XXI?… Amenazar con intervención militar, la bravuconería de la guerra fría, la diplomacia del dólar, los maletines llenos de dinero comprando voluntades políticas, responden más a los métodos del imperialismo y de la CIA del siglo pasado que al socialismo del siglo XXI. En fin, repito, el mal llamado socialismo del siglo XXI, no es alternativa a nada, ni nada tiene de socialismo, ni para nada es para el siglo XXI. (LPG, 9/2011).

En fin, los que se sostienen a base del reciclaje del pasado, la realidad tarde o temprano les da cristiana sepultura; máxime cuando se trata de un “socialismo” de cartón que cae al menor soplo de la historia. La reciente derrota electoral del chavismo, aunque no conduce a su fin inmediato, pues aún dispone de alto poder de resistencia, sí traza el camino hacia el cementerio.

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PD: Es lamentable que ahora que el gobierno necesita dar señales claras de lucha contra la corrupción y la impunidad (sobre todo de cara a una población que crecientemente lo percibe con fuerte actitud defensiva al respecto, así como frente a apoyos sustantivos como el Plan de la Alianza por la Prosperidad del Triángulo Norte), las señales que manda el partido oficial en la Asamblea van en sentido totalmente contrario. Es el caso de la aprobación de la Ley de Probidad, de claros contenidos regresivos e inconstitucionales, con meridiano propósito de proteger a poderosos políticos sospechosos de enriquecimiento ilícito. Sin duda ningún favor le hace a su gobierno. Esperemos no suceda lo mismo con la elección del fiscal.
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