El día después de las elecciones en España: Los editoriales de los periódicos españoles

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Fuente: ABC.es

El Mundo:
Una victoria insuficiente, un país difícil de gobernar

Editorial, 21 diciembre 2015 /EL MUNDO

el mundoNada será lo que era. El mapa político español cambiará totalmente tras las elecciones de ayer que suponen la liquidación del bipartidismo y la irrupción de dos fuerzas emergentes. El PP logró ser el partido más votado, pero tendrá muy difícil poder gobernar de forma estable.

El bipartidismo que ha funcionado en España desde la Transición firmó ayer su acta de defunción. PP y PSOE, que habían sumado más del 73% de los votos en las anteriores elecciones, apenas lograron sobrepasar el 50%. Entre ambos, perdieron cerca de seis millones de sufragios. Podemos y Ciudadanos, que consiguen ocho millones y medio de votos, irrumpen en el escenario con un importante protagonismo en la próxima legislatura.

La fragmentación de voto en las elecciones de ayer -con una participación algo superior a la de hace cuatro años- anticipa serias dificultades para formar un Gobierno estable, ya que el vencedor queda bastante lejos de la mayoría absoluta. Hay varias combinaciones posibles, por lo que necesariamente debemos ser cautos, pero lo lógico y lo coherente es que el PP intente gobernar, ya que es el partido que más escaños ha obtenido, muy por delante del PSOE. Así lo reconoció ayer Pedro Sánchez.

El PP ha logrado 123 diputados, en línea con lo que le atribuían las encuestas. El resultado es agridulce porque, pese a ganar las elecciones, la formación de Génova pierde 63 escaños y cerca de 16 puntos en porcentaje de voto. Ello supone un fuerte retroceso y un notable castigo en las urnas a la gestión de Rajoy.

Pero también es cierto que el líder del PP vuelve a encabezar la lista más votada tras cuatro años en los que ha tenido que asumir duros ajustes para sacar adelante el país. Gobernantes como Nicolas Sarkozy, Gordon Brown o Antonis Samaras fueron derrotados por la oposición tras haber gobernado durante la crisis. Rajoy ha ganado en condiciones adversas y tras haber tenido que llevar el lastre del caso Bárcenas durante la campaña.

Lo deseable en una democracia parlamentaria es que forme Gobierno el líder de la formación que ha tenido más votos. Máxime cuando hay otras fuerzas afines que le pueden apoyar. Por tanto, sería deseable que Ciudadanos respaldara en la investidura a Mariano Rajoy como presidente. Albert Rivera ya ha dicho una y otra vez que no está dispuesto a negociar una coalición con el PP, pero podría poner unas condiciones razonables para facilitar que volviera a ser presidente. Entre ellas, un calendario de reformas y un paquete de medidas para luchar contra la corrupción. Pero la suma de los escaños de los dos partidos no llega a la mayoría absoluta, lo que deja abiertas otras posibilidades.

El segundo partido más votado ha sido el PSOE con un 22% de los votos y 90 escaños. Ello supone, al igual que en el caso del PP, un fuerte descenso respecto a las elecciones de 2011. En concreto, y para no abrumar con más números, los socialistas pierden 20 escaños. Es el peor resultado de la historia, lo que debería llevar a meditar a Pedro Sánchez sobre su futuro. Sánchez fue muy agresivo hasta caer en el insulto contra Rajoy, pero su actitud no le ha dado buen resultado, aunque por lo menos ha conseguido mantener la segunda posición en votos a nivel nacional.

El PSOE podría intentar forjar una mayoría con Podemos y los partidos nacionalistas, pero ello sería una amalgama de formaciones heterogéneas, condenada antes que después al fracaso y difícil de justificar ante su electorado.

Es complicado que el PSOE y Podemos puedan gobernar juntos por la sencilla razón de que Pablo Iglesias ha condicionado esta alianza a que los socialistas apoyen una consulta en 2016 en la que los catalanes decidan si se quedan dentro de España. El PSOE se suicidaría en el resto del Estado si aceptara tal premisa.

Dicho esto, hay que reconocer que Pablo Iglesias ha sido el vencedor simbólico de estas elecciones porque ha logrado sobrepasar el 20% de los votos y ha sumado 69 escaños. Dado que ha sido el tercer partido con más respaldo popular y que se ha acercado al PSOE en porcentaje de voto, lo más probable es que Pablo Iglesias intente convertirse en la referencia de la oposición, con una estrategia de intentar ganar las próximas elecciones, lo que, vistos los resultados, no parece imposible. Para ello, necesita relegar al PSOE a una posición marginal, continuando su táctica de presentarle como un partido del establishment, no muy diferente del PP.

Iglesias ha realizado una gran campaña, la mejor de los cuatro aspirantes, y ha demostrado su dominio de la imagen. Sus recetas económicas son imposibles de llevar a la práctica porque supondrían un aumento descomunal del gasto público, pero en la oposición, sin tener que asumir el desgaste de gobernar, puede seguir prometiendo lo que no está en disposición de cumplir.

La decepción de Ciudadanos

Albert Rivera llegó a la campaña con las expectativas de ser la segunda fuerza política por delante del PSOE. Pero, al final, Ciudadanos sólo ha podido llegar a la meta en cuarto lugar. Sus 40 escaños están muy por debajo de lo esperado, ya que algunas encuestas le daban hace varios meses unos resultados mucho mejores.

Rivera se ha desfondado durante las últimas semanas, en las que parecía agotado físicamente. Los sondeos han reflejado cómo Ciudadanos ha ido bajando día a día desde que comenzó la campaña. Habrá tiempo para analizar lo que ha sucedido, pero da la sensación de que los indecisos que sopesaban votar a Rivera se han decantado finalmente por Rajoy e incluso por Sánchez.

A pesar de ello, a Rivera le han sucedido dos cosas buenas en estos comicios: la primera es que ha conseguido pasar de la nada a esos 40 escaños, algo sin precedentes, y la segunda es que tiene tiempo para consolidarse como alternativa de Gobierno. Cuenta a su favor con la juventud y la credibilidad que conserva.

Ciudadanos se merecía un mejor resultado por la encomiable labor de oposición que ha desarrollado frente al independentismo y también por su programa de medidas contra la corrupción. Precisamente por ese papel de denuncia de los abusos y las veleidades de Artur Mas, Ciudadanos deberá apoyar a Rajoy, con el que podría colaborar para frenar el desafío secesionista que va a resurgir en los próximos días tras el probable pacto entre Junts pel Sí y la CUP.

En resumen, el bipartidismo queda herido de muerte, pero el nuevo mapa electoral trae consigo serios problemas de gobernabilidad ya que el PP, ni aun contando con los votos de Ciudadanos, dispondría de mayoría absoluta para sacar adelante las leyes. Ello abre la posibilidad de otras coaliciones sin descartar la alianza entre PSOE, Podemos y otras fuerzas nacionalistas, que sería nefasta para España. También es teóricamente posible una gran coalición entre PP y PSOE, la única que sumaría una amplia mayoría absoluta. Habrá que esperar a las negociaciones que van a comenzar a partir de hoy, aunque nos ratificamos en que, con estos resultados, Rajoy debe intentar formar Gobierno.

El País:
Cambio y estabilidad

España necesita ser gobernada tras pasar la página del bipartidismo.

Editorial, 21 diciembre 2015 / EL PAIS

el paisEl PP logra —con enormes pérdidas— una corta victoria en votos y diputados, mientras el PSOE resiste como segunda fuerza parlamentaria pero cosecha los peores resultados de este partido en unas elecciones generales. La dimensión del retroceso de aquellos refuerza a los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos —sobre todo al primero—, que entran con fuerza en el nuevo Congreso de los Diputados, consumándose así un cambio de envergadura en el sistema español de partidos.

Los líderes de los cuatro partidos principales apenas han dado pistas sobre los posibles pactos que aseguren la gobernabilidad en España. Se puede comprender que, en plena campaña, no quisieran aclararlo. Pero una vez celebradas las elecciones, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera tienen que mostrar sus cartas para intentar formar un Ejecutivo de uno u otro signo.

Un dato importante para la toma de decisiones será la constitución del nuevo Gobierno catalán, prevista para próximas fechas, un factor que sin duda pesará, y quizá de forma decisiva, en las negociaciones encaminadas a formar el futuro Gobierno de España.

Rajoy proclamó anoche la victoria del PP y su voluntad de intentar la formación de Gobierno, un derecho que minutos antes le había reconocido Pedro Sánchez en su comparecencia tras el anuncio de los resultados. El PP gana, en efecto, aunque se confirma el considerable deterioro de su capital político. El PSOE ha perdido mucho menos que el PP respecto a 2011, si bien el desgaste de su tarea de oposición le afecta como uno de los pilares del sistema de partidos democráticos.

Podemos y su líder, Pablo Iglesias, han logrado un buen resultado con un discurso que pretendía mantener la cohesión de su heterogéneo electorado —en realidad producto de heterogéneas coaliciones— al tiempo que trataba de evitar la movilización de los votantes socialistas. Y Ciudadanos no alcanza el listón de resultados que le auguraban las encuestas previas, si bien su fuerte entrada en el Congreso de los Diputados es más que estimable y sin duda es una fuerza llamada a jugar papeles de importancia.

La legislatura estará centrada en un Parlamento de minorías, en el que ningún partido tendrá fuerza suficiente para actuar por sí solo al haber quedado todos lejos de la mayoría absoluta. El nuevo sistema determinado por las urnas no supone una revolución, pero sí un cambio importante. De entrada refleja los deseos de los españoles, que piden negociación y consenso, en buena parte hartos de los enfrentamientos sin salida a los que condujeron en el pasado las situaciones muy polarizadas.

Hay que aprender a convivir en un escenario de minorías parlamentarias, que deben dar lo mejor de sí mismas para dotar de estabilidad al sistema. No hay duda de que habrá negociaciones complejas para formar Gobierno, pero es de esperar que los principales actores constitucionales aborden esta tarea con ánimo constructivo. Muchas de las esperanzas depositadas por los electores en las urnas se verían frustradas si el proceso desembocara en exigencias maximalistas o bloqueos que impidan sacar partido al cambio de sistema. Los ciudadanos quieren que se consensúen las políticas principales, y no que cada nuevo equipo en el poder utilice las cuentas pendientes del pasado para bloquear las soluciones de futuro.

En definitiva, después de cuatro años en los que el diálogo político ha brillado por su ausencia, los partidos tienen que retomar la vía de la negociación para acometer los problemas que tiene nuestro país. Esta es la mejor manera.

 

El Español:
El envenenado legado de Rajoy

El Rujido de León, 21 diciembre 2015 / El Español

el españolEn las elecciones de 2004, PP y PSOE acapararon el 83,8% de los votos. Cuatro años más tarde los dos partidos mayoritarios concentraron el 73,3% de los sufragios. Este domingo, sin embargo, el porcentaje recabado por populares y socialistas ha quedado reducido al 50,8% de las papeletas. Ya no queda duda de que, tal como pronosticaban las encuestas, el 20-D pasará a la historia como la jornada electoral que puso fin al modelo bipartidista sobre el que se ha sustentado nuestra democracia desde 1977.

El Congreso de los Diputados que alumbran estos comicios está fragmentado en cuatro grandes partidos, que se reparten 322 de los 350 escaños, más otros 28 diputados de seis formaciones minoritarias. Por la relación de fuerzas, el nuevo Parlamento se parecerá más al francés cuando los votos del centroderecha se los repartían Giscard d’Estaing y Chirac, y los de izquierdas Mitterrand y el comunista Marchais, que al conocido en España durante los últimos 38 años. Y en lo que al juego político se refiere, el nuevo escenario obligará a una dinámica de alianzas más parecida a la que vemos en la serie danesa Borgen que al típico parlamentarismo de rodillo.

El problema es que las únicas mayorías absolutas serían las de una gran coalición entre PP y PSOE imposible en términos políticos, o una suma de los partidos de izquierdas con los separatistas. Este es el envenenado legado de Rajoy.

El PP gana con los peores resultados

La nueva composición parlamentaria obliga a dejar de lado los análisis simplistas a los que se aferra el PP. Ya dijimos que nunca como en estas elecciones sería tan relativo ganar o perder, ya que nunca como hasta ahora dependerán de los legítimos acuerdos poselectorales las consecuencias del resultado de las urnas.

Es verdad que el PP ha ganado, como vaticinaban los sondeos, pero también es cierto que Mariano Rajoy no podrá gobernar siquiera apoyándose en los 40 diputados obtenidos por Ciudadanos. En cuatro años, con Rajoy al frente, más de 3,5 millones de votantes han dejado de confiar en el PP, que pasa de 186 a 122 diputados. Es un descalabro sin paliativos. Rajoy ha ganado las elecciones con un resultado muy inferior al que obtuvo en 2004 y en 2008, cuando perdió ante Zapatero. La aparición de Ciudadanos y Podemos jugaba en su contra, pero la sangría de votos supera las peores expectativas.

Pedro Sánchez en la encrucijada

El ocaso del bipartidismo ha tenido su correlato en que sus dos máximos representantes han sido los dos grandes perdedores en estas elecciones. Si la victoria de Rajoy sólo puede calificarse de pírrica, la derrota del PSOE no va a ser menos dolorosa para el actual secretario general. El PSOE obtuvo en 2011 6,9 millones de votos, un 28% de los sufragios y 110 escaños. En estos comicios se ha dejando seis puntos, 1,5 millones de papeletas y 19 diputados. Sin embargo, encabeza la fuerza con más escaños de la izquierda y podría terminar en la Moncloa si pacta con Podemos o incluso con Ciudadanos.

Pablo Iglesias, líder de la oposición

Podemos ha cosechado un resultado espectacular, tras una gran campaña en la que Pablo Iglesias ha hecho de su anuncio de “remontada” una profecía autocumplida. Podemos, que no existía hace cuatro años, ha obtenido casi cinco millones de votos con el 20,6% de los sufragios y 69 diputados apoyado en las mareas, Compromís y el partido de Ada Colau.

Su falta de implantación en zonas rurales y pequeños muncipios, donde conseguir escaños es más barato por la Ley d’Hont, ha mermado su representatividad frente a los viejos partidos. No obstante, su espectacular avance lo convierte en el vencedor moral entre los partidos de izquierdas. De su capacidad para hacer valer una posición unívoca en un grupo parlamentario heterogéneo dependerá el aprovechamiento o no de esta oportunidad.

Ciudadanos, un modesto buen resultado

Con el 13,9% de los votos y 3,4 millones de papeletas, Ciudadanos se convierte en la cuarta fuerza política, muy por detrás de Podemos. Es un buen resultado, aunque inferior a las expectativas que les daban las encuestas, que llegaron a situar al partido de Albert Rivera frisando el segundo puesto. Si reparamos en el número de votos y lo comparamos con el exiguo resultado de la Unidad Popular de Alberto Garzón (2 escaños) queda claro que no hay una opción a la izquierda del PSOE alternativa a Podemos. Del resto de minoritarios, el resultado de los partidos independentistas y nacionalistas (ERC 9, Democràcia i Llibertat 8, PNV 6 y Bildu 2) en un Parlamento tan atomizado abre un escenario preocupante, porque sus diputados pueden condicionar los pactos.

El escenario parlamentario está aún muy abierto como para adelantar hipótesis de Gobierno sin aguardar las rondas de negociaciones entre los líderes. Un Congreso de los Diputados tan dividido, en el que los mayoritarios parecen ser irreconciliables, con un líder del PSOE en horas bajas frente al pujante Pablo Iglesias, en el que Ciudadanos no puede abrazarse a Mariano Rajoy y su pasado, y con partidos independentistas decididos a romper la baraja, no es el mejor de los horizontes en términos de estabilidad política.

 

ABC:
Siete preguntas incómodas que deja el 20-D

Salvador Sostres, 21 diciembre 2015 / ABC

ABCEs la primera noche electoral en España que deja más preguntas que respuestas, más incertidumbre que sensación de saber lo que va a pasar en los próximos años. Por ello la repetición de las elecciones no es en absoluto descartable, hasta el punto de que al filo de la medianoche parece la opción más probable, saludable y estable. Ni el centro derecha ni la izquierda y extrema izquierda han sacado lo suficiente para intentar gobernar. Ni el PP ha ganado como necesitaba ni el PSOE ha perdido del todo. Podemos ha irrumpido con fuerza, pero sin tomar el cielo, y a pesar de que 40 diputados, viniendo de la nada, es una cifra muy respetable, queda muy lejos de lo que Albert Rivera esperaba, y de lo que Ciudadanos tenía que lograr para poder tener una mayoría estable con el PP.

1. ¿Quién es el ganador?

El verdadero ganador de las elecciones fue el caos, el bloqueo, la ingobernabilidad, la España invertebrada políticamente. El pueblo, que tanta lecciones suele dar; la gente de a pie ha dejado una España deshilachada, en el fango del colapso. Nuestra clase política es sin duda mejorable, no cabe duda, pero la nota que ha dado el pueblo español, usando de un modo tan caprichoso, tan pueril y tan absurdo el derecho democrático que tanto nos costó recuperar, ha sido de una mediocridad desmoralizante. Las elecciones las ha ganado la parálisis en un país que necesita avanzar y profundizar en las reformas, la demora en un país que tiene prisa, y la desazón cuando más falta nos hacía la moderación y la calma.

2. ¿Quién es el perdedor?

Ciudadanos fue ayer la gran decepción. Un Albert Rivera atiborrado de espejos vio, como la madrastra de Blancanieves, que había en el reino una chica más bella. Siendo un mal resultado el que obtuvo Ciudadanos, la suma con el PP da al bloque del centro derecha una ligera ventaja sobre el bloque de la izquierda y extrema izquierda. Aunque se hace muy difícil pensar en alguna alianza que los dos partidos pudieran tejer para alcanzar algún tipo de mayoría suficiente, es cierto que arrebatan a la izquierda la bandera de haber ganado las elecciones. A C’s se le ha hecho muy larga la campaña, con el casi único argumento de la juventud y la buena presencia de Albert, y su falta de compromiso y de transparencia, queriéndose mantener en una ambigüedad imposible, ha recibido un severo castigo por parte de los españoles, otorgándoles muchos menos diputados de los que esperaban. Las ganas de cambio no se concretaron en C’s, sino en Podemos, y la parte socialdemócrata de votantes que las encuestas calculaban que pasarían del PSOE al partido naranja, al final se quedaron en el socialista, por lo menos en su mayoría.

3. ¿Quién ha cometido el mayor error?

El mayor error fue el de Pedro Sánchez, llamándole indecente a Rajoy. Sánchez ha procurado al PSOE el peor resultado de su historia y su situación personal ha quedado debilitada ante una posible gran coalición -es verdad que remota- entre socialistas y populares. Pedro Sánchez se situó en la marginalidad política con su insulto, y los votantes le han confirmado en esta lamentable posición. Si el PSOE cree que ha salvado los muebles, hay que decir que son unos muebles provisionales, atestados de termitas y que no llevan a ninguna parte. Son comprensibles los discursos animosos de las noches electorales, pero el panorama que le queda al Partido Socialista es realmente curioso, y si no entiende que sus pactos extravagantes le han traído a este erial, se continuará equivocando hasta que cualquier intento rectificación acabe llegando demasiado tarde.

4. ¿Qué significan estas elecciones para Cataluña?

La irrupción de la llamada nueva política -en especial de Ciudadanos- se defendía con el principal argumento de que los partidos nacionalistas no tuvieran la llave de la gobernabilidad ni pudieran hacer su «chantaje» particularista para favorecer uno u otro gobierno. Tal argumento se demostró ayer fallido, porque tanto ERC como la antigua Convergència estarían en disposición de exigir un referendo legal y vinculante a cambio de votar la investidura del candidato que acceda a tal demanda. Mal resultado de Democràcia i Llibertat, cuarta fuerza en votos, por detrás de Podemos, Esquerra y el PSC. Cataluña no será decisiva, porque no es imaginable que ningún gran partido acepte un referendo secesionista, pero continuará, como casi siempre, estando ahí, y teniendo el número de diputados suficientes para inclinar la balanza.

5. ¿Por qué ha ganado Podemos en Cataluña?

Porque desde que Mas sembró el caos llamando a saltarse la Ley y a nada menos que a romper con el Estado, la sensación de gamberrismo se ha instalado de un modo dramático en la sociedad catalana. Siempre que la derecha se mueve, el desorden está asegurado, y en Cataluña la derecha se ha vuelto algo realmente impensable, y el país ha quedado destrozado, con Ada Colau como reina del caos. Que un pueblo emprendedor, comedido y responsable haya podido llegar a este extremo de insensatez es una lección que tanto los catalanes como el resto de españoles tendrían que aprender la próxima vez que sean llamados a las urnas -que no parece que vaya a ser muy tarde-. Podemos ha ganado en Cataluña, pero es que la segunda fuerza ha sido Esquerra, y la tercera, los socialistas. El primer partido de supuesta derecha aparece en cuarta posición, lo que resulta dramático para una sociedad como la catalana, que depende de la estructura y del orden para poder crear riqueza y puestos de trabajo.

6. ¿Qué será de Pedro Sánchez?

Pedro Sánchez podría ser presidente cuando todo el mundo le daba por amortizado. Por pésimos que fueran sus resultados –los peores del PSOE desde la recuperación de la democracia-, la aritmética parlamentaria indiscutiblemente le favorece, y con Podemos podría pensar en alguna suma. Habrá que ver si Pablo Iglesias mantiene su promesa de exigir un referendo sobre la independencia de Cataluña al partido que quiera su apoyo, y habrá que ver también si el PSOE accede. Sólo cediendo en este terreno podrían obtener los 17 diputados que a izquierda y extrema izquierda les faltan para los necesarios 176, y que mayormente tendrían que venir de Esquerra (9) y de Convergència (8). Es francamente difícil imaginar que Pedro Sánchez asuma tales proposiciones para ser presidente, pero es imposible creer que el PSOE se lo permitiera llegado el caso. Por ganas que haya en la izquierda de echar a Rajoy de La Moncloa, hay que ser realistas a la hora de calibrar las posibilidades de un pacto contra éste. En cualquier caso, Pedro Sánchez puede celebrar que va a sobrevivir a la noche electoral, mucho más de lo que vaticinaban las encuestas.

7. ¿España es de izquierda, centro o derecha?

Del resultado de anoche no se puede sacar ninguna conclusión ideológica, pero sí la idea que somos de carácter débil, que hemos perdido capacidad de sacrificio, que no hemos comprendido la gravedad del desafío al que en los últimos años nos hemos enfrentado, con un éxito, por cierto, más que notable. Hemos votado con desdén, como si estuviéramos en una fiesta de pijamas, sin tener en cuenta ningún principio de realidad y dejándonos llevar por la más clamorosa inconsistencia. Que los dos bloques más o menos ideológicos hayan quedado empatados, cuando unas políticas y unos partidos determinados nos sumieron en la crisis; y otras políticas y otros partidos muy distintos nos sacaron de ella, da una idea de que es inútil hablar en términos de derecha o izquierda sobre una sociedad que lo único que ha sido capaz de hacer es conducir a su país al precipicio.

 

 

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