Dilma Rousseff, en caída libre

La reprobación de sus presupuestos de 2014 por el Tribunal de Cuentas es el último golpe de un inicio de segundo mandato nefasto.
La posibilidad de un ”impeachment’, la corrupción en el caso Petrobras y la recesión desgastan a la presidente de Brasil.

Dilma Rousseff gesticula durante un encuentro en el palacio presidencial de Brasilia. Afp

Dilma Rousseff gesticula durante un encuentro en el palacio presidencial de Brasilia. Afp

el mundoGermán Aranda, 12 octubre 2015 / EL MUNDO

La reprobación hace unos días del Tribunal de Cuentas brasileño a los presupuestos del gobierno de Rousseff de 2014 -o sea, el reconocimiento de que los manipuló para maquillar el déficit de cara a las elecciones- es el último episodio oscuro de un segundo mandato que, tan sólo un año después de su reelección, es ya una terrible pesadilla para la presidenta.

Cuando asumió el cargo el primer día de 2015, ya sabía Rousseff que tenía entre las manos un regalo envenenado. Había ganado a Aécio Neves en las elecciones de octubre de 2014 con una escasísima ventaja de un 3%, la minoría de su partido en la Cámara le obligaría siempre a malabarismos con los partidos aliados en el legislativo y en el reparto de ministerios, el escándalo de corrupción en torno a Petrobras estaba en plena investigación y planeaba sobre su propio nombre, la economía ya estaba en recesión y con inflación al alza, panorama que no le iba a permitir cumplir sus principales promesas electorales. La cosa pintaba mal. Pero ha ido cada vez a peor.

En la Asamblea Anual del Fondo Monetario Internacional que se celebra estos días en Lima, la precaria situación de Brasil ha sido una de las principales preocupaciones. “La estamos digiriendo, nos apoyaremos en las infraestructuras”, intentó calmar el ministro de Hacienda brasileño Joaquim Levy, pero la salida de una recesión, que el propio FMI prevé que será de un -3% al final del año (un punto más de lo estimado anteriormente), no parece en ningún caso inminente. La inflación aucmulada en los últimos doce meses es de un 9% y un dólar se paga hoy a 3,7 reales, mientras que en 2011 llegó a costar 1,6.

A los inversores no les inspira confianza un país a la deriva, impregnado de corrupción e ingobernable, y no les preocupa tanto si es o no verdad la acusacón reciente de Rousseff a las constantes peticiones de ‘impeachment’ como “golpismo a la paraguaya” (por cierto, el gobierno paraguayo mostró su desagrado por esta referencia a la moción contra Fernando Lugo). Por ahora, las solicitudes de moción esperan en la mesa del presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, que mientras tanto aguanta como puede en el cargo después de las denuncias de que tiene cuentas en Suiza, donde habría cobrado sobornos del caso Petrobras. Ante tales indicios, cada vez son más los opositores del Parlamento que piden su cese.

En sus manos está decidir si la reprobación del Tribunal de Cuentas (TCU) será evaluada en la Cámara, lo que podría abrir un proceso de ‘impeachment’ para tumbar a la presidenta. Por el momento, parece que no irá hacia adelante. “El mandato de 2014 no contamina al de 2015”, defendió Cunha, que a pesar de estar enemistado con el ejecutivo se aferró a la ley que dice que la moción sólo se lleva a cabo cuando la irregularidad cometida -en este caso el atraso de pagos y otro tipo de maniobras para maquillar el déficit- se refiere al mandato actual. Pero este mismo sábado la revista ‘Isto É’ publicaba que la fiscalía de cuentas ligada al propio TCU veía indicios de las mismas irregularidades en los presupuestos de 2015, lo que de confirmarse podría agravar bastante el panorama de la mandataria.

La otra vía hacia el ‘impeachment’ podría abrirse si el Tribunal Superior Electoral concluye que la campaña electoral de Rousseff del pasado año fue financiada con fondos ilegales de Petrobras, cuyos directivos montaron una enorme trama de sobornos junto a altos cargos políticos y empresarios de la construcción para amañar contratos, con un coste de miles de millones de euros para las arcas del estado. La investigación ha llevado ya a la detención del ex tesorero del PT de Rousseff, Jõao Vaccari Neto, y a la del ex presidente del partido, José Dirceu, entre otros altos cargos políticos de varios partidos y también importantes empresarios.

La cercanía de Rousseff con el escándalo -era presidenta del Consejo de Administración de Petrobras cuando empezaron los desvíos- y su ineficacia para gobernar en medio del temporal económico han derivado ya en tres grandes manifestaciones contra su figura en tan sólo diez meses de gobierno. A diferencia de las marchas de junio de 2013, que exigían al gobierno mejoras sustanciales en los servicios públicos y menos corrupción, las de este año han pedido claramente la caída de la presidenta. Un millón de personas salieron a las calles de Brasil el 15 de marzo, medio millón el 12 de abril y unas 600.000 el pasado 16 de agosto, con la palabra ‘impeachment’ ya mucho más extendida entre los manifestantes.

Además, a Rousseff le crece la oposición a la izquierda, incluso dentro de su propio partido, sobre todo desde que nombró como Ministro de Hacienda al liberal de la escuela de Chicago Joaquim Levy y empezó una política de recortes de más de 20.000 millones de euros, entre los cuales 3.800 se sacaron de la cartera de Educación y 3.000 de la sanidad, los dos servicios más criticados por la población en las marchas de 2013. La vivienda social, una de las grandes banderas del gobierno Dilma, también se verá afectada por esta tercera vía abrazada por la mandataria, a la que tan sólo aprueban un 10% y reprueban un 69% según las encuestas más recientes. Tal y como pinta la situación, es probable que muchos de ellos salgan de nuevo a las calles antes de que finalice 2015 para acabar de convertirlo en el año negro de Rousseff.

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