Alexandre Capote, un Eliot Ness contra las milicias de Río

Brasil paga hoy un alto costo por haber permitido, en el contexto de su combate a la delincuencia, el surgimiento de milicias parapoliciales y comandos de limpieza social, vinculados a miembros de la policía y grupos políticos. Ahora se han convirtido en estructuras de extorsión, narcotráfico y control político.

Segunda Vuelta

 Alexandre Capote, en el Departamento al Crimen Organizado, en Río de Janeiro. G. ARANDA

Alexandre Capote, en el Departamento al Crimen Organizado, en Río de Janeiro. G. ARANDA

El comisario es el ‘enemigo número uno’ de las mafias parapoliciales. Único testigo superviviente de un juicio contra una milicia en 2010.

Germán Aranda, 15 sept. 2015 /  ELMUNDO.ES

El sueño de la casa propia se convierte para muchas familias humildes en la pesadilla de vivir bajo el yugo y las amenazas de las mafias parapoliciales -conocidas como milicias- en los barrios más degradados de Rio de Janeiro. Estos días, se lleva a cabo la Operación Alfa, que ha detenido a una cuadrilla que cobraba impuestos ilegales y extorsionaba en hasta 39 complejos de viviendas de protección oficial, los conocidos como ‘Minha Casa Minha Vida’ de los que tanto presume el gobierno Rousseff. El hombre al mando de la operación, Alexandre Capote, comisario del DRACO (Departamento de Represión al Crimen Organizado), es el enemigo número uno de los milicianos, el perseguidor eterno de la cara más fea de un estado putrefacto y bicéfalo.

Sobre la mesa de su oficina descansa una edición en francés del libro ‘Cien años de soledad’ de García Márquez, que resume su pasión por los idiomas y la literatura. En otro estante, asoman dos enormes fusiles AR-15 y chalecos antibalas propiedad de su escolta personal, que merodea por el despacho cada pocos minutos. A pesar del traje y la corbata, su barba escasa y su flequillo hacia arriba le hacen aparentar menos que sus casi 40 años. Su rostro, levemente amable pero más bien frío, no se altera al ser preguntado por su miedo a ser buscado por las mafias más peligrosas de Río. Duerme “tranquilo”, dice, y de miedo tiene “lo normal”, aunque hace poco más de un mes recibió su última amenaza de muerte a través de una investigación policial (nunca son amenazas verbales). Los milicianos planeaban pasar con un coche por delante de su domicilio y acribillarlo a tiros. “Son un enemigo muy peligroso porque tienen información privilegiada, a veces compartida con nosotros por tener a tantos policías dentro”, advierte Capote, que celebra que dentro de poco el cuerpo antimilicias, creado en 2007, cumplirá las 1.000 detenciones. Fue el actual secretario de seguridad, José Mariano Beltrame, quien mandó crear este departamento.

“Las milicias surgen generalmente en el propio barrio. Algún ex policía o incluso agentes en activo ofrecen seguridad extra contra el narcotráfico. Pero después se percibe que lo que les va es el lucro, a veces astronómico, cobran impuestos por transporte irregular, por la luz, por televisión pirata, tasas a los comercios, y también trafican con drogas. Todo eso amenazando y extorsionando, asesinando en muchas ocasiones”, cuenta el comisario, formado en Derecho, amante de las películas de Woody Allen y que tiene a Kevin Costner en su papel de Eliot Ness junto a sus intocables como foto de perfil en su Whatsapp.

Así, como a sus intocables, es como ve a sus compañeros, “un grupo estratégicamente pequeño”, pues el número de personas que pueden saber de una investigación es muy reducido, aunque en las operaciones reciban “refuerzos de otros cuerpos policiales”. Las milicias son, junto al narcotráfico y la propia policía militar, uno de los principales responsables de que el estado de Río de Janeiro registrara en 2014 casi 5.000 homicidios, entre una población de casi 17 millones de habitantes.

Una trayectoria de película

Las milicias empezaron a ser conocidas en 2008, cuando el experto en seguridad y hoy diputado estatal socialista de Río Marcelo Freixo lideró una Comisión Parlamentar de Investigación (CPI) que derivó en el procesamiento de 200 personas, entre ellas varios políticos. La película Tropa de Elite II lo explica en forma de ficción inspirándose en ello. En 2012, la pertenencia a milicias se convirtió en un crimen diferenciado, lo cual facilitó el trabajo de Capote y el DRACO. Pero la milicia se regenera como una lagartija cuando le cortan el rabo y “está lejos de ser eliminada”, reconoce Capote, que al menos celebra como un gran éxito el hecho de que “ya no haya milicianos dentro de la Cámara Municipal”, aunque en 2016 habrá que estar de nuevo alerta de cara a las elecciones municipales.

La sanguinaria ley del silencio es otra de las peculiaridades de los milicianos. Aunque los testigos son en principio anónimos, cuando llega la audiencia judicial los abogados de la milicia tienen acceso a sus nombres completos. En 2010, el edil y líder de una milicia conocido como ‘Jonas é Nois’ y su importante cuadrilla fueron detenidos, pero mandaron ejecutar a seis de los siete testigos que declararon contra ellos.El único que se salvó fue el propio agente Capote, que suspira al recordarlo. Su declaración hizo posible que fueran presos.

En otro de los casos con los que ha trabajado el DRACO, un candidato a edil de la periferia de Río paseaba en su coche de campaña cantando un ‘jingle’ electoral que decía algo así como: “Un, dos tres, yo maté más una vez, si no me votas a mí, vas a morir también“. Los barrios de Campo Grande, Santa Cruz y algunas regiones del cinturón metropolitano de la Baixada Fluminense son los más susceptibles al dominio de los cuerpos parapoliciales, “por la precariedad o ausencia del transporte público y de otros órganos del Estado que en barrios ricos sí funcionan”, cuenta Capote.

En 2005, cuando apenas tenía 29 años y tras unos años como abogado penalista, Capote entró en la policía civil y vio de cerca, en el barrio de Marechal Hermes, el control ejercido por la milicia conocida como Águila de Mirra. Tras un asesinato “cometido a las siete de la mañana y con total tranquilidad”, fue de los primeros en atreverse a investigar contra la milicia. Poco después, le llamaron del DRACO, del que desde 2009 es principal responsable. El coste es poner su vida en riesgo a diario.

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