¿Nuevas Ideas, Nayib? De Erick Iván Ortiz

NepotismoErick Iván Ortiz/POLITIQUIANDO

La ciudadanía confía cada vez menos en la política. Y, aunque en el pasado, esta relación no fue mucho mejor, lo cierto es que la crisis económica global ha tensado aún más la relación entre gobernantes y gobernados. Esta animadversión hacia la política tradicional ha tenido diversas expresiones, desde el debilitamiento de los partidos tradicionales y el surgimiento de terceras vías, hasta cambios radicales de gobierno. Europa ha sido el principal de estos escenarios, pero también América Latina ha vivido en este período poscrisis la volatilidad política que genera esta coyuntura social. En ambos casos, como en otros, han surgido figuras que han logrado capitalizar este descontento.

El bipartidismo, otrora panacea de la estabilidad política, ha sido probablemente el más afectado; son los países que tenían esta correlación de fuerzas en donde se observan los casos más emblemáticos (con la notoria excepción de Estados Unidos). El hartazgo social por el deterioro de los niveles de vida, así como el manejo de las respectivas crisis, han sido el motor para catapultar a la primera línea política a figuras como Nigel Farage en Reino Unido, Marine Le Pen en Francia, Alexis Tsipras en Grecia y Pablo Iglesias en España. Quiénes, valiéndose de discursos populistas y enarbolando la bandera del cambio radical del sistema político, han logrado conectar con las vastas capas sociales descontentas, y sobre todo, con la juventud.

El Salvador, no ha estado exento de estos movimientos políticos y sociales. El estancamiento económico, la epidemia de violencia, así como la corrupción y el mercantilismo político, han sido el detonante de un tímido despertar de la consciencia social en el país. Así, la presión ciudadana sobre el poder político se ha multiplicado, sobre todo gracias a las redes sociales. Esta coyuntura ha sido bien aprovechada por rostros foráneos a la política tradicional, y dentro de estos resalta visiblemente el recién estrenado alcalde de San Salvador, Nayib Bukele.

Bukele, un lince en cuanto a marketing político se trata, ha tenido un ascenso vertiginoso, apoyado en una plataforma mediática que ondea las banderas de cambio y juventud, que se resumen en su último eslogan de campaña: Nuevas Ideas. Su retórica y manejo de medios, así como las torpes actuaciones de algunos miembros de oposición, le han abierto las puertas de la capital del país, y se ha ganado el beneplácito de la población. Según las encuestas, es el político mejor evaluado del país. Una de sus principales cartas ha sido su crítica a las enraizadas malas prácticas de los políticos, incluidos los de su propio partido.

A pesar de esto, en los últimos días el alcalde de San Salvador ha sido señalado por nepotismo a la hora de contratar personal dentro de la Alcaldía capitalina. Su hermano, Yamil Bukele, es el director del Instituto Municipal de Deportes y Recreación; su primo, Hassan Bukele, es Secretario Municipal; y su cuñada, Arena Ortega, está encargada de la Unidad de Cooperación Externa de la comuna. El alcalde, como respuesta, ha iniciado una campaña a través de redes sociales contra los periódicos que han publicado el caso, acusándoles de evadir impuestos. El viejo, y también típico, escape político: atacar al mensajero para que se olviden del mensaje. Una cortina de humo, pues el alcalde obvió que la Asamblea Legislativa hace algún tiempo eliminó la exención de impuestos para los periódicos.

El alcalde Bukele intentó argumentar que sus familiares laboran ad-honorem: “Para que alguien tenga una contratación debe haber una retribución económica, si no hay salario no es una contratación y menos un empleo”, dijo en una entrevista. Sin embargo, el conflicto de interés que generan la contratación de sus familiares nada tiene que ver con si estos devengan un sueldo o no. El conflicto de interés deviene de la capacidad de influir y decidir gracias al poder que sus puestos dentro de la Alcaldía les otorgan, así como los resultados de estas actuaciones.

La Ley de Ética Gubernamental, a la que está sujeto como funcionario público, explícitamente le prohíbe en su artículo 6 y literal g: “Nombrar a parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad, para que presten servicios en la entidad que preside o se desempeñe”. Y, frente a la incapacidad de defender sus actuaciones por la vía legal, ha optado más recientemente por la semántica, al decir que sus familiares tienen nombramientos de representación, no contrataciones. Representantes, colaboradores, socios o como el alcalde Bukele quiera llamarles, siempre que tengan en sus manos capacidad de decisión y ejecución dentro de la Alcaldía, son parte de esta y sujetos a la ley.

El alcalde Bukele debe entender que la crítica es especialmente dura hacia él porque ha sido precisamente él quién ha generado expectativas de cambios en el electorado. No puede pretender que, después de venderse como artífice de las Nuevas Ideas, venga con las mismas ideas/prácticas de siempre y salir inmune.

@EIvanOrtiz

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